Sé cómo funciona Sacramento. Por eso votaré Sí a la Prop. 42

Los trabajadores de California trabajaron, pagaron impuestos y ahorraron lo que pudieron. Nos toca a nosotros asegurar que ese dinero siga siendo suyo.

Antonio Villaraigosa waits to speak as he is endorsed by Mayor Karen Bass for California Governor on Tuesday, Sept. 9, 2025, in Los Angeles. (AP Photo/Damian Dovarganes)

Antonio Villaraigosa  Crédito: Damian Dovarganes | AP

Pasé años en Sacramento, entre ellos como presidente de la Asamblea legislativa, y participé en más negociaciones presupuestarias de las que puedo contar. Puedo decirles cómo funcionan esas salas. Cuando el estado se queda corto de dinero, se ponen sobre la mesa todas las ideas, incluso algunas que nunca deberían estar ahí.

Por eso apoyo la Prop. 42 en noviembre.

Desde el 2019, los legisladores han presentado cinco propuestas para cobrar impuestos de los ahorros personales y de la jubilación de los californianos. Ninguna de estas propuestas han sido aprobadas.

A lo largo de mi carrera he visto lo que pasa cuando una mala idea regresa año tras año durante épocas donde hay un déficit presupuestal: tarde o temprano consigue los votos.

Los ahorros para la jubilación son un fondo grande y muy tentador para los políticos de la Legislatura que intentan cerrar un déficit. La Constitución de California todavía le da a la Legislatura la facultad de cobrar impuestos a las cuentas de jubilación, ahorros y otros bienes personales, y mientras esa facultad exista, alguien va intentar usarla.

Quienes pagarían el precio son las personas con quienes crecí en el este de Los Angeles. Personas como mi madre que trabajó duro toda su vida para poder darnos un hogar. Las familias de nuestro vecindario tienen pequeños negocios, limpian oficinas y trabajan en la construcción. Estos trabajadores de servicio que pagaron individualmente por su pensión, a quienes nadie les regaló una pensión en su lugar de trabajo. Estos trabajadores ahorraron su dinero para el futuro, lo hicieron por su cuenta, poco a poco. Algunos todavía trabajan hoy porque no pueden permitirse dejar de trabajar.

Esta sigue siendo la realidad para los dueños de pequeños negocios en todo Los Ángeles. Primero pagan a sus empleados, la renta y a sus proveedores. Lo que queda, si queda algo, va a los ahorros para el día en que decidan jubilarse. California ya es el tercer estado más caro para los jubilados, y quien logra ahorrar aquí se ha ganado el derecho a conservar ese dinero. Ya pagaron impuestos sobre la renta por él. Cobrarles un impuesto de nuevo porque está en una cuenta de jubilación o de ahorros es injusto, y cobrarles un impuesto cada año lo empeora.

La Prop. 42 corrige esto. Cierra el vacío legal en la Constitución que permite nuevos impuestos estatales sobre cuentas de jubilación, pensiones, planes 401(k), cuentas IRA, ahorros y otros bienes personales, y prohíbe los impuestos retroactivos sobre esos ahorros. No recorta ni un dólar de las escuelas, la seguridad pública ni la atención médica, y no afecta los impuestos sobre la renta ni sobre la propiedad.

Siempre he creído que el gobierno debe estar del lado de la gente trabajadora. Los bomberos, los agentes del orden, los trabajadores de la construcción, los veteranos, las personas mayores y los pequeños negocios apoyan la Prop. 42, y tienen razón. Proteger lo que las familias trabajadoras han ahorrado no es una idea partidista. Es justicia básica.

Los trabajadores de California han cumplido su parte. Trabajaron, pagaron sus impuestos y ahorraron lo que pudieron. Ahora nos toca a nosotros asegurar que ese dinero siga siendo suyo.

Voten Sí a la Prop. 42.

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