Por qué nos ofendemos y cómo es posible hacerlo con menos frecuencia

Una ofensa puede percibirse como una amenaza. Deborah Talmi, de la Universidad de Manchester, dice que esto se puede cambiar

Navidad conflicto pareja

En Navidad suelen darse los peores conflictos de pareja. Crédito: Shutterstock

¿Cómo pudo decirme eso? ¿Qué derecho tiene de actuar así? ¿Quién se cree que es?

Sentirse ofendido es un sentimiento común, pero extremadamente complejo y en gran medida poco comprendido, asegura la psicóloga Deborah Talmi.

“No es una de esas emociones que sido estudiada por décadas, como las reacciones motivadas por el miedo. Es algo sutil y que no vemos en los animales“, le dice a BBC esta investigadora del departamento de neurociencia y psicología experimental de la Universidad de Manchester en Inglaterra.

Pero, entonces, ¿por qué nos ofendemos?

Y si lo haces a menudo y sientes que no te ayuda, ¿es posible hacerlo con menos frecuencia?

Pasos “automáticos”

“Lo más obvio es que cuando nos ofendemos el cerebro tiene que computar y decidir el significado de las palabras que nos llegan y ponerlas en contexto”, explica Talmi.

Ese proceso involucra lo que se conoce como memoria semántica: el conocimiento que hemos acumulado a lo largo de nuestras vidas, que nos permite evaluar el significado de la información que recibimos.

Gato enojado

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La ofensa no es algo que se vea en los animales.

Según la investigadora, antes de que se genere un sentimiento, los pasos de ese proceso cerebral son aproximadamente los siguientes: ¿ésto es relevante para mí? ¿es bueno o malo para mí? ¿me ayuda o impide mi progreso? ¿qué aspectos de mi persona toca esto? ¿y quién lo dijo y cuál fue su intención?

Talmi asegura que “todos estos pasos pueden ocurrir muy rápidamente y en forma automática“.

Mecanismos evolutivos

Cuando la ofensa es percibida como amenaza genera claramente una reacción física.

“Una vez que has procesado todos esos datos, puesto que tu cerebro es muy inteligente te prepara para la acción“, afirma la psicóloga de la Universidad de Manchester.

Ilustración de un cerebro y médula humanos

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Si percibimos la ofensa como amenaza, esa emoción puede desatar complejos mecanismos evolutivos.

Talmi señaló que, aunque no reaccionemos ante una ofensa que se percibe como amenaza, hay mecanismos evolutivos que pueden activarse.

Esos mecanismos incluyen un aumento en el ritmo cardíaco y una dilatación de los vasos sanguíneos para que llegue más sangre a las extremidades.

Y también se producen cambios en la digestión, ya que recursos normalmente usados en el proceso digestivo deben ser encaminados “hacia una posible reacción de ataque”.

“Si cambias tu interpretación…”

¿Pero somos sujetos pasivos de esas reacciones y mecanismos evolutivos?

“Definitivamente es realmente importante que la gente entienda que no somos simplemente reactivos, que construimos nuestras emociones y estas emociones pueden cambiar“, señala Talmi.

“Mucha gente dice que no puede evitar el sentimiento de ofenderse y las sensaciones físicas que lo acompañan, pero hay mucho que puedes hacer”.

“Sentir una ofensa es resultado de percibir el mundo y comprender un contexto en una cierta forma“.

Como ejemplo, Talmi plantea el caso de una mujer que se ofende cuando su madre opina sobre la forma en que cría a sus hijos.

Hombre dialogando con una mujer

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“Es posible reencuadrar una situación, hay elementos conceptuales, y si cambias tu interpretación te sentirás diferente”, afirmó Talmi.

“Podríamos imaginar una situación diferente en que la madre y la hija tengan una conversación franca y la madre diga por ejemplo, ‘me gustaría contarte lo que he aprendido con mi experiencia, pero entiendo y respeto tus opciones'”.

“Tal vez la hija, sin necesidad de decir nada, entienda que su madre actúa por amor, y que viene de una generación distinta en que las madres sentían un deber de guiar a sus hijas”, dice.

Es posible que en este caso la hija deje de ofenderse porque pondrá la información en un contexto diferente.

En algunas ocasiones nos ofendemos porque el comentario “toca” fibras profundas, que tienen que ver con incidentes pasados, incluso de la niñez, señala Talmi.

Pero “es posible reencuadrar una situación, hay elementos conceptuales, y si cambias tu interpretación te sentirás diferente“.

“No estoy juzgando a quienes se ofenden”

¿Es saludable o no saludable ofenderse?

“Como científica no puedo responder esa pregunta”, dice Talmi.

“No estoy juzgando a quienes se ofenden, no hay una razón por la que no debes ofenderte, a veces es lo que corresponde“, explica.

“Y la gente ha usado en la historia esos sentimientos de sentirse ignorados para crear cambios en la sociedad”, destaca.

La psicóloga asegura, sin embargo, que “aún cuando te ofendes, te sentirás diferente respecto a muchas situaciones si te relacionas de una forma diferente con tu identidad”.

“Si alguien te dice algo racista, pero tú te sientes segura sobre tu lugar en la sociedad, sobre tu identidad, si sabes que la mayoría de la sociedad no comparte ese comentario y que tienes el apoyo de tu familia y tus amigos, sentirás tal vez ira, pero no te sentirás amenazada“, dice.

Las señales del cuerpo

Modificar la interpretación de un evento puede entonces aminorar un sentimiento de ofensa. Pero Talmi asegura que es importante escuchar los mensajes de nuestro cuerpo.

“Muchas veces nuestros cuerpos, que son muy listos, nos dicen por la forma en que reaccionan cuál es nuestra interpretación de un evento, aunque nos gustaría que fuera diferente. Nuestro cuerpo nos da una señal de alerta”.

Joven en introspección

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“Gran parte de la inteligencia es comprender las señales que nos da nuestro cuerpo, qué información nos da un sentimiento, y usar esas emociones como información, no como algo definitivo”.

“Es como cuando tratas de concentrarte en algo pero estás con mucha hambre y tu cuerpo da señales, porque tu azúcar sanguínea bajó y deberías comer algo”.

Para la psicóloga, “gran parte de la inteligencia es comprender las señales que nos da nuestro cuerpo, qué información nos da un sentimiento, y usar esas emociones como información, no como algo definitivo”.

Puedo preguntarme, por ejemplo, “¿está esto relacionado con algo que ocurrió hace mucho tiempo?, ¿o hay una información que conscientemente trato de ignorar pero tal vez no debería?”

“Cuando tenía unos 20 años y comencé el camino de la investigación había una pregunta que me guiaba y todavía lo hace: ¿cuando me enfrento a mi misma quién gana?”, señaló Talmi a BBC Mundo.

“Cuando tienes estas dos voces en tu cabeza ambas son tú”.

“Y lo importante es que realmente aprendan a escucharse entre sí con empatía”, concluye.


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