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Aprendizaje de verano que fortalece a los estudiantes, a las familias y a las comunidades. 

El programa ayuda a los alumnos a avanzar en programas educativos

La escuela chárter ofrece curso de verano a sus estudiantes.

La escuela chárter ofrece curso de verano a sus estudiantes. Crédito: Foto Cortesiěa de New Academy of Science and Arts (NASA) | Cortesía

Cada verano, muchos estudiantes pierden terreno académico, especialmente aquellos de familias de bajos ingresos que no pueden costear programas de enriquecimiento. Este fenómeno persistente, conocido como la “pérdida de aprendizaje durante el verano”, amplía las brechas de rendimiento y profundiza las desigualdades. Pero en California, las escuelas públicas chárter están cambiando esa narrativa al ofrecer programas de verano de alta calidad y sin costo, que mantienen a los estudiantes aprendiendo, creciendo y prosperando cuando las clases están en receso. 

En la escuela New Academy of Science and Arts (NASA) en Los Ángeles, los líderes han diseñado un programa de verano de cinco semanas que ejemplifica el poder del aprendizaje ampliado. Financiada por el Programa de Oportunidades de Aprendizaje Ampliado del estado (ELOP por sus siglas en inglés), esta iniciativa brinda a los estudiantes nueve horas diarias de programación integrada que combina lo académico, actividades de enriquecimiento y apoyo socioemocional, todo sin costo para las familias. 

Nina LeMasurier, directora de New Academy Canoga Park (escuela hermana de NASA), dice que el impacto es innegable: “Estamos increíblemente orgullosos del crecimiento que han tenido nuestros estudiantes. El programa ofrece instrucción e intervención específicas, lo que permite a los maestros atender las diversas necesidades de aprendizaje de nuestros alumnos.” 

Ese compromiso con la equidad es la esencia del programa. Mientras que otras opciones locales de verano pueden costar entre $90 y $249 por semana, el programa de verano de NASA es completamente gratuito. Para las familias trabajadoras a las que sirve—en su mayoría de bajos ingresos—eso significa acceso a educación, alimentos y apoyo que de otro modo no podrían costear. 

Como explica Yoana Sánchez Valenzuela, Coordinadora del Programa de Verano en NASA: “Nuestras familias trabajan duro y, a veces, luchan para poder costear comida o cuidado infantil durante el verano. Este programa les da tranquilidad, sabiendo que sus hijos están aprendiendo, recibiendo alimentación y permaneciendo seguros durante todo el día.” 

Cada mañana se enfoca en materias académicas fundamentales como lectura, matemáticas y ciencias. Las tardes están dedicadas a actividades de enriquecimiento como robótica, programación, arte, manualidades y educación física. No es una escuela de verano tradicional, sino un modelo innovador de aprendizaje integral. Los estudiantes no solo evitan la “pérdida de verano”, sino que avanzan. Según datos de la escuela, la mayoría de los participantes progresaron al menos un nivel de lectura en cinco semanas. Algunos mejoraron dos o tres niveles. Los niños de kínder mostraron grandes avances en el reconocimiento de letras y sonidos, y muchos estudiantes aumentaron sus puntajes de matemáticas entre un 5 % y un 10 %. 

Pero lo académico es solo parte de la ecuación. El programa de verano también prioriza el aprendizaje socioemocional (SEL), ayudando a los estudiantes a procesar emociones y ganar confianza. Yoana describe un “círculo de conversación” diario, donde los alumnos comparten sus sentimientos y escuchan a los demás. “Los niños ven y sienten mucho, y necesitan un espacio para hablar de ello. Si no les enseñamos cómo procesar sus emociones, encontrarán otras maneras, a menudo dañinas, de afrontarlas.” 

Los padres notan la diferencia. Ana Chávez, madre y coordinadora de familias en NASA, dice que el programa ha sido un salvavidas: “Mantiene a mis hijos aprendiendo para que no olviden todo por lo que han trabajado tan duro, y ayuda a nuestra familia a mantener la estabilidad económica.” 

Carla Martínez, estudiante de quinto grado, coincide: “Lo que más me gusta es trabajar con mis compañeros y maestros. La escritura y las matemáticas que hacemos realmente me preparan para el próximo año.” 

La madre de Carla, Gloria, asegura que el progreso académico de su hija va de la mano con una sensación de seguridad y apoyo: “Puedo concentrarme en cuidar de nuestra familia porque sé que Carla está en un lugar donde aprende y la cuidan bien.” 

Alejandro Jiménez, otro líder de NASA, dice que ese es el objetivo: “Combatimos la pérdida de aprendizaje en la mañana y llenamos sus tardes con actividades STEAM y educación física. Queremos nutrir tanto sus mentes como sus cuerpos.” 

Este tipo de innovación no es una excepción: se está convirtiendo en la norma en las escuelas públicas chárter de California. Los educadores están reimaginando el verano como una temporada de aceleración, no de retroceso. 

A medida que seguimos enfrentando desafíos de financiamiento educativo en todo el país, historias como la de NASA nos recuerdan lo que está en juego. Estos programas de verano no solo llenan el tiempo, llenan vacíos críticos de oportunidad y apoyo. Ayudan a los estudiantes a ponerse al día, mantenerse al día y sentirse reconocidos. Y ayudan a las familias a trabajar, descansar y respirar un poco más tranquilas. 

Las escuelas públicas chárter están liderando el camino al transformar los meses de verano en una temporada de progreso. Instamos a los legisladores y a las comunidades a proteger y ampliar los fondos para programas como estos. Porque cada niño merece un verano lleno de aprendizaje, risas y un sólido comienzo para el próximo año escolar. 

(*) Myrna Castrejón es la presidenta y directora ejecutiva de la Asociación de escuelas chárter de California (CCSA). 

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