Gracias, Trump
Debido al nivel de mentiras generadas en la Casa Blanca, millones de estadounidenses finalmente conocen la verdadera cara de su fascista gestión
Donald Trump, presidente de EE.UU. Crédito: Evan Vucci | AP
Le subrayó a Trump que utilizo este espacio para agradecerle el papel que ha desempeñado al contribuir a que millones de estadounidenses —blancos y de color, inmigrantes o no—, finalmente se enfrentaran a una realidad que durante décadas muchos se negaron a ver. Una realidad que define lo que ha sido Estados Unidos, al menos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Gracias a que, en esta ocasión, en escenarios como Venezuela, Gaza, Ucrania o Irán, ya no se recurrió con el mismo énfasis a las viejas justificaciones de “defensa de la democracia”, “libertad” o “bienestar de los pueblos”, hoy resulta más evidente el verdadero costo de esas intervenciones. Genocidios, guerras proxy, golpes de Estado, secuestro de un Presidente y campañas de desestabilización —muchas de ellas ejecutadas en conjunto con el gobierno sionista de Israel— han dejado al descubierto el dolor, la muerte y la tragedia que millones de personas en el mundo han padecido como consecuencia de las políticas trumpistas.
No obstante, dentro de ese mundo de mentiras que cotidianamente caracterizan al corrupto magnate para justificar cualquier intervención; su obsesiva egolatría, cinismo y hambre de dominio a cualquier costo lo han llevado a deslizar ciertas verdades que desnudan lo que ha sido y es el sistema estadounidense: una fuerza que lo único que busca es el control de los recursos de otras naciones y establecer gobiernos a modo que se sometan a los intereses de las corporaciones estadounidenses.
Un ejemplo claro de la construcción de una narrativa falsa para someter a un gobierno fue el caso de Venezuela, donde primero se acusa al presidente Maduro de violación a los derechos humanos cuando se detuvo a miembros de las guarimbas por generar violencia y muerte en su intento por desestabilizar al gobierno —apoyados por la derecha venezolana y EEUU; luego EEUU desconoce las elecciones presidenciales, calificándolas como fraudulentas, al punto que llegaron a reconocer en el 2019 a Juan Guaidó, como presidente de Venezuela; enseguida acusan a Nicolás Maduro de ser el jefe del cártel de Los Soles con los que se inundaba las calles estadounidenses de droga —hecho falso que hasta el mismo Departamento de Justicia federal lo deshecho—, y finalmente, invaden y secuestran al presiente Maduro y a su esposa.
Dentro de todo este mar de desinformación y mentiras apoyados por los medios de comunicación corporativos y respaldados por gobiernos lacayos como los europeos y algunos latinoamericanos, el presidente Maduro y su esposa Cilia Flores fueron secuestrados, a pesar de que en repetidas veces Trump fue franco y subrayó: “ Nosotros vamos por el petróleo de Venezuela como objetivo principal”.
Debido a todo ese escenario construido por el sistema estadounidense a través de los años y desenmascarado por el mismo Trump, millones de ciudadanos a nivel global, finalmente entendieron que las justificaciones de llevar la democracia y libertad a los pueblos, o evitar la propagación del comunismo y socialismo, que generalmente se usaba para invadir o someter a otros pueblos, por lo menos, en los últimos 80 años, eran mentiras. Sí, todo era una farsa.
El mismo primer ministro de Canadá, Mark Carney, denunció en Davos que el orden internacional establecido, principalmente por EEUU, era parcialmente falso y una ficción útil que se aplicaba con distinto rigor a los países más débiles, pero por ningún motivo era justo para ellos y en forma general, beneficiaba a los más poderosos.
Obviamente el discurso de Carney no fue gratis, surgió de las constantes amenazas de Trump de apoderarse de Canadá y Groenlandía. Fue hasta ese punto que reaccionaron algunos líderes europeos, mismos que no dijeron nada, mientras se masacraba al pueblo palestino o se realizaba el secuestro del presidente Maduro, entre muchas otras violaciones a los derechos humanos y soberanía de los pueblos.
Es por eso que en el plano internacional, le damos las gracias a Trump, por destruir con sus propias palabras ese orden mundial basado en reglas que resultó ser una farsa y simplemente permitía a EEUU someter a los pueblos para beneficio de las corporaciones. Y repito, para beneficio de las corporaciones porque dentro del mismo pueblo estadounidense hay más de medio millón de personas viviendo en la calle, millones sin seguro de salud y otros dos millones en la cárcel.
Es importante enfatizar que aquello que no pudieron hacer decenas de autores de libros, discursos y artículos de opinión en medios independientes —de izquierda o progresistas— o grandes líderes políticos e intelectuales como Nelson Mandela, Martin Luther King Jr., Fidel Castro, Salvador Allende, Noam Chomsky o Eduardo Galeano, por mencionar solo algunos, usted presidente Trump lo ha logrado en un abrir y cerrar de ojos.
Solo queda aclarar que, este artículo lo escribo con ironía y un profundo dolor porque todas estas mentiras que han salido de la Casa Banca significan dolor y muerte para innumerables pueblos y ciudadanos de este país, ante la apatía de muchos sectores del pueblo estadounidense debido a la gran manipulación de los medios corporativos; pero enfatizo, que por ningún motivo aplaudiría un gobierno fascista estadounidense, que tanto dolor ha creado al pueblo migrante y al resto de la población dentro y fuera de Estados Unidos.
Lo único que se celebra en este artículo es, que gracias al cinismo del presidente Trump, ahora millones de estadounidenses y migrantes han aprendido lo que ha sido Estados Unidos a lo largo de los últimos, por lo menos, 80 años.
No endoso en estas líneas el título de presidente a Trump, porque no está a la altura de lo que debe ser el Jefe de la Nación más importante del orbe. El país requiere como Jefe Supremo a un estadista, a un humanista, a un visionario, a un cabal respetuoso del contrato social nacional y del orden mundial. Ya el Papa León XIV alertó que se están dando condiciones similares a las que desencadenaron la Segunda Guerra Mundial. El Sumo Pontífice lo dijo con estas palabras: “La guerra vuelve a estar de moda y el entusiasmo bélico se extiende. Se ha roto el principio establecido tras la Segunda Guerra Mundial, que prohibía a los países utilizar la fuerza para violar las fronteras ajenas. La paz ya no se busca como un regalo y como un bien deseable en sí mismo. En cambio, se busca mediante las armas como condición para afirmar el propio dominio. Esto compromete gravemente el estado de derecho, que es la base de toda convivencia civil pacífica”. Nada mejor dicho.
Le doy las gracias a Trump porque sus vejaciones al pueblo se convierten en energía que concatena las más amplias voluntades para echarlo del poder. Jamás, latinos, anglosanjes, afroamericanos, asiáticos habían estado tan unidos. No hay margen para dudar de la derrota de Trump en las elecciones de medio término, lo que abrirá la posibilidad de que se le haga un juicio político para mandarlo al basurero de la historia.
Doy las gracias a Trump, quien ya se siente con mayor poder que Hitler. Su megalomanía y carencia de buena sangre nos han dado lecciones de lo que no se debe hacer. Esto será el faro que encamine por el sendero del bien a la Unión Americana. Las truculencias trumpistas siempre serán un recordatorio nefasto de lo que jamás se debe hacer. Trascenderemos la oscuridad que ahora sepulta a la democracia y el Estado de Bienestar, al nuevo día luminoso en el que el cielo y la tierra estadounidense sean el terreno fértil para una patria poderosa, con profundo sentimiento humano, basado en la coexistencia pacífica organizada.
*Juan José Gutiérrez, es director ejecutivo de la Coalición por los Derechos Plenos para los Inmigrantes y activista estadounidense por más de tres décadas.