Entre ellos y nosotros
Papa Francisco. Crédito: EFE
Política
“Así como el mandamiento de no matar pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y la iniquidad”.
“No puede ser que no sea noticia que muera de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la Bolsa. Eso es exclusión. No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es iniquidad”.
“Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida”.
El presente texto es una pequeña parte de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium presentada el martes pasado por el papa Francisco, y viene muy bien para realizar un análisis de un reciente reporte de The Center for American Progress que nos trae un estudio comparativo de la realidad económica del 1% de los estadounidenses que poseen actualmente el 23% de la riqueza del país, y del 99% que nos repartimos el 77% restante.
Los cuadros comparativos del mencionado reporte señalan que hasta la década del setenta, el 99% de los estadounidenses veían sus ingresos aumentar año tras año de manera proporcional al costo de vida.
Pero en los últimos 40 años, se ha perdido esa proporcionalidad y el ingreso personal del 99% de la población ha ido aumentando a un nivel lento y desproporcional.
Al mismo tiempo, los ingresos del 1% han aumentado en porcentajes que son inimaginables.
Otro estudio realizado hace no mucho tiempo señala, por ejemplo, que el ingreso de un ejecutivo de una multinacional era aproximadamente 50 veces el salario de un empleado de planta, apenas en la década de los 80. En la actualidad esa relación es de 400 a uno.
Y de la mano de la desigualdad social viene su consecuencia más grave, la incapacidad de los ciudadanos que viven en pobreza de acceder a la movilidad social.
La idea de que Los Estados Unidos es el único país del mundo en el que se puede ir de la nada a la prosperidad en apenas una generación tiende a desaparecer.
Por el contrario, la tendencia ahora es que aquellos que nacieron en la pobreza están condenados a vivirla generación tras generación.
La visión del Papa sobre la exclusión y la iniquidad ha sido vista por algunos académicos conservadores de los Estados Unidos como un ataque al sistema capitalista.
Nada más alejado de la realidad.
La intención del Santo Padre es hacernos notar que es absurdo que haya dentro de una sociedad individuos que puedan acceder a todo tipo de bienes y servicios, algunos de ellos que rayan en un excentrisismo ridículo, y que al mismo tiempo existan aquellos que no pueden acceder a lo más elemental, un techo adecuado, cuidado de salud, educación y la seguridad de una vejez modesta pero decente.