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La IA ya diseña robots prácticamente indestructibles que siguen moviéndose aunque los corten por la mitad

Los autómatas diseñados por la IA parecen sacados de una película de ciencia ficción debido a su aspecto

Los robots desarrollados por la IA se alejan completamente de los diseños humanoides de los que estamos acostumbrados

Los robots desarrollados por la IA se alejan completamente de los diseños humanoides de los que estamos acostumbrados. Crédito: Northwestern University | Cortesía

Imagina por un momento una escena sacada directamente de una película de ciencia ficción apocalíptica. Un autómata sufre un daño masivo y es partido literalmente en dos partes, pero en lugar de apagarse y quedar como simple chatarra en el suelo, sus mitades cobran vida propia para continuar moviéndose de forma independiente. 

Esto ya no es una fantasía de Hollywood gracias a un equipo de ingenieros de la Universidad Northwestern en Estados Unidos, quienes han logrado dar vida a unas asombrosas máquinas que se niegan a morir.

La industria robótica nos ha acostumbrado a diseños muy familiares basados en la imitación de la naturaleza o en formas humanoides, siempre con una estructura física predecible y rígida. Sin embargo, este nuevo desarrollo, publicado recientemente en la prestigiosa revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, rompe todos los moldes conocidos hasta la fecha. Los investigadores tomaron una decisión radical: quitarle el control del diseño a la mente humana y entregárselo por completo a un algoritmo de inteligencia artificial

El resultado es verdaderamente inquietante y revolucionario. Estamos hablando de criaturas robóticas con un aspecto inusual, a veces asimétricas, pero que esconden un secreto increíble en su interior. Han sido bautizadas como “metamáquinas con patas” y representan uno de los saltos más audaces en el campo de la robótica moderna. Su existencia está destinada a cambiar para siempre nuestra forma de entender la supervivencia mecánica en el mundo real.

La inteligencia artificial como creadora: el nacimiento de las metamáquinas

Para lograr este hito sin precedentes, el equipo liderado por el investigador Sam Kriegman no se sentó a dibujar planos tradicionales en una pizarra. En su lugar, los científicos programaron un algoritmo evolutivo que simula la selección natural de Darwin dentro de un entorno físico virtual. Le dieron a este software un conjunto de piezas básicas muy simples y la misión clara de encontrar la configuración perfecta para moverse de la manera más eficiente posible. 

Los componentes que la inteligencia artificial tenía a su disposición eran pequeños módulos autónomos. Cada una de estas piezas está formada por un par de barras unidas a una esfera central que guarda el cerebro computacional, el motor y la batería del sistema. A partir de estos sencillos bloques, el software comenzó a experimentar a una velocidad vertiginosa que ningún humano podría igualar. El sistema creó miles de iteraciones distintas, evaluó su rendimiento, descartó las configuraciones más débiles y mantuvo solo las más efectivas.

A través de continuas mutaciones y combinaciones aleatorias, el algoritmo generó formas completamente alienígenas para la ingeniería tradicional. Fue un auténtico proceso de supervivencia del más apto, acelerado por el inmenso poder de procesamiento de los ordenadores. Tras exhaustivas pruebas virtuales, los diseños más prometedores fueron finalmente construidos en el mundo físico para poner a prueba su desempeño en la vida real

El poder de la regeneración: por qué estos robots son casi indestructibles

Una vez que los ingenieros ensamblaron estas metamáquinas y las sacaron de la comodidad del laboratorio, el verdadero espectáculo comenzó. Durante las pruebas al aire libre, estos autómatas lograron desplazarse con gran soltura por superficies totalmente irregulares como arena, barro, grava y raíces de árboles. Aunque sus movimientos resultan un poco inquietantes y poco elegantes, demostraron ser extremadamente eficaces a la hora de superar obstáculos complejos. Tienen la capacidad de enderezarse solos cuando vuelcan y hasta pueden dar giros inesperados con total naturalidad.

Pero la característica que ha dejado a toda la comunidad científica fascinada es su extrema resistencia al daño físico severo. A diferencia de un robot tradicional, que queda completamente inútil si se le rompe un circuito o un engranaje vital, estas metamáquinas pueden seguir operando con normalidad incluso después de perder gran parte de su estructura o ser cortadas por la mitad. Esto ocurre gracias a que están construidas como bloques independientes que encajan a la perfección entre sí. 

Cada módulo que compone al robot es una unidad independiente que posee su propia energía y sistema de control autónomo. Si un golpe fuerte destroza la estructura principal y las piezas se separan, cada fragmento puede convertirse instantáneamente en un agente individual capaz de rodar, saltar y moverse por su cuenta. Incluso si la máquina pierde una extremidad en medio de su recorrido, el resto del cuerpo se reconfigura de inmediato para continuar su misión.

Más allá de la ciencia ficción: el verdadero objetivo de esta investigación

Más allá del asombro visual que genera ver a un robot reorganizarse a sí mismo en tiempo real, la investigación de la Universidad Northwestern persigue una meta sumamente ambiciosa. El objetivo principal de este desarrollo es romper de una vez por todas la histórica limitación de los cuerpos rígidos en la robótica contemporánea. Durante la última década, casi todos los autómatas creados para operar en el mundo real han mantenido una forma corporal fija e inalterable desde su salida de la fábrica.

Pensemos en los famosos perros robóticos que suelen patrullar instalaciones industriales o zonas de desastre. Si uno de estos sofisticados equipos sufre un accidente y se le rompe una sola pata, todo el sistema colapsa y requiere intervención humana urgente para su reparación. Los científicos buscan crear la próxima generación de sistemas modulares adaptables que puedan sobrevivir y continuar operando de forma totalmente autónoma en entornos extremos y altamente impredecibles

Con la llegada de estas metamáquinas diseñadas por inteligencia artificial, nos acercamos a un futuro apasionante. Los robots de rescate, exploración espacial o mantenimiento industrial ya no dependerán de una fragilidad estructural heredada. La capacidad de reorganizarse sobre la marcha asegura que las misiones críticas no se detendrán por culpa de un fallo mecánico menor o un accidente catastrófico.

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