El aprendizaje comienza al nacer
Experto explica la importancia de la interacción entre padres e hijos desde una temprana edad
La interacción positiva a temprana edad es fundamental para el desarrollo intelectual y emocional de los niños. Crédito: Shutterstock
¿Qué madre o padre no quiere lo mejor para sus hijos? Independientemente de razas, creencias o estatus social, todos los padres quieren que sus hijos sean felices, inteligentes y que puedan desenvolverse y triunfar en la vida.
Hay quienes invierten en lecciones, clases costosas o escuelas exclusivas para lograrlo. Pero también existen métodos, algunos sorprendentemente simples y al alcance de todos.
¿Por qué no probar hablándoles desde que son bebés?
En su libro Tres años claves (Three Key Years), George Halvorson, Presidente y CEO del Instituto para entendimiento intergrupal y experto en el tema, asegura que el tomarse el tiempo para hablar con los niños desde que son bebés es fundamental para su desarrollo cognitivo e intelectual.
“Hablarle a los niños por lo menos 30 minutos diarios es la herramienta clave que puede cambiar el resto de sus vidas”, aseguró el autor en entrevista con La Opinión.
“Mucha gente desconoce cuán importante es hablar con sus hijos desde que son bebés. Pero es cuando apenas nacen que comienza su educación”, explicó Halvorson, quien se desempeñó como presidente y CEO de Kaiser Permanente entre 2002 y 2013.
El experto insistió en la importancia de hablar con ellos diariamente desde que son bebés, aunque uno crea que no entienden. “Cuando hablas con tus hijos, estás ejercitando su cerebro que construye billones de conexiones neuronales. Hablarles, leerles, interactuar con ellos y cantarles son los mejores ejercicios para fortalecer sus cerebros”.
Los años dorados
Halvorson advirtió que los padres que esperan a kindergarten para comenzar la educación de sus hijos se pierden una oportunidad incomparable.
“Es demasiado tarde”, advirtió, citando múltiples estudios que encontraron que los niños que llegan mejor equipados para aprender a leer son aquellos a quienes les leyeron un promedio de 1,700 horas desde que nacieron hasta que llegaron a kindergarten; mientras que los menos preparados son aquellos a quienes les leyeron 30 horas o menos, durante el mismo periodo.
“Los procesos mentales necesarios para leer ocurren antes de los 5 años. Los años dorados para fortalecer el cerebro de un niño son los primeros 3 años de vida”.
El autor también se refirió al desarrollo emocional. Investigadores han encontrado que los bebés que se sienten seguros, protegidos y cuidados en los primeros tres meses de vida, tienden a desenvolverse mejor que aquellos que son ignorados, aislados y no tienen una interacción positiva con un adulto.
Halvorson recomendó no sólo hablar con ellos, sino también pedirles que cuenten objetos sencillos, o identifiquen formas, ambos procesos fundamentales para el aprendizaje de las matemáticas.
“Llévalos contigo al mandado y pídeles que encuentren tres manzanas, o que cuenten los productos que vas a comprar. ‘¿De qué color es esta fruta, qué forma tiene?”. El experto también recomendó cantar y jugar con ellos. “La interacción positiva los beneficiará para toda la vida”.
La nueva ciencia
En el pasado, los primeros tres meses y los primeros tres años no eran considerados tan importantes como en la actualidad.
“Pero eso es ciencia vieja, que es mala ciencia”, opinó. En la actualidad, los expertos saben que la educación no comienza en kindergarten como antes se creía. Pero es fundamental que los padres también lo sepan”.
Halvorson también se refirió a las diferencias que existen entre distintos grupos sociales, o de diferentes recursos económicos.
“Las grietas de aprendizaje entre niños de diferentes grupos existen y están en aumento. Para cuando el niño cumple 15 años, dichas grietas no se pueden cerrar. Demasiados padres creen que la habilidad de aprender de los niños les viene del nacimiento. Pero esto es peligroso y errado. Los cerebros se desarrollan, no están completamente formados al nacer y su desarrollo durante los primeros días, semanas y meses tiene un gran impacto”.
Existen estudios que incluso han encontrado una relación entre las probabilidades de terminar en la cárcel y la habilidad para leer. Según estadísticas del National Assessment of Adult Literacy, más del 60% de las personas en prisión son funcionalmente analfabetas.
“La diferencia entre los niños no es la raza, etnia, cultura o nivel económico de sus familias. La diferencia se remonta a los primeros años de vida y eso es algo que los padres no pueden ignorar”.