Crítica de ‘Tower Heist’: El atraco se pasa de rosca
'Tower Heist', protagonizada por Ben Stiller y Eddie Murphy, pierde su gracia tan pronto como aumenta el espectáculo
Tower Heist, clasificada PG-13, podría haber sido mucho mejor si en lugar de llamarse así (Robo en la torre, en referencia al rascacielos neoyorquino coprotagonista de la acción) se hubiera llamado Tower Life (Vida en la torre).
Porque los primeros 40 minutos del filme, dirigidos con entusiasmo y ritmo por Brett Ratner -el mediocre realizador de filmes como X-Men: The Last Stand o Red Dragon, son los que más se benefician de unos diálogos acertados, que combinan elementos de comedia políticamente incorrecta con personajes simpáticos y de lo más eclécticos.
Así, es una pena que, debido a que el título incluye la palabra “robo”, el filme pase de ser una comedia a secas a una comedia de acción.
Escrita por media docena de guionistas, entre ellos los responsables de libretos tan variados como los de Ocean’s 11, Catch Me If You Can o Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull -aunque partiendo de una idea original de Eddie Murphy-, Tower Heist nos sitúa en el corazón de Manhattan, donde Josh Kovacs (Ben Stiller) es el supervisor de la vida diaria de uno de sus elegantes rascacielos residenciales.
Su estrecha relación con el magnate Arthur Shaw (Alan Alda) se ve enturbiada por unas acusaciones de estafa que causan el inmediato desespero de los empleados del edificio, entre ellos Odessa (Gabourey Sidibe, la estrella de Precious que demuestra lo terrible actriz que es), Enrique (Michael Peña) y Charlie (Casey Affleck).
Estos tres, acompañados de Kovacs, el Sr. Fitzhugh (Matthew Broderick), un exresidente del lugar arruinado, y Slide (Eddie Murphy), un ladrón de tres al cuarto, deciden que la mejor forma de vengarse de Shaw es robar su sofisticado apartamento.
Lo que en un principio es una mirada irónica al mundo de la división de clases que impregna el rascacielos de Tower Heist, no tarda en transformarse en una histriónica aventura sin pies ni cabeza, que incluye un vehículo colgado de lo alto de un edificio, una persecución criminal en medio de un desfile navideño y una crítica facilona al reciente historial de millonarios acusados de estafas en fondos de inversión.
Hay detalles interesantes: como el intento de suicidio de uno de los personajes secundarios -un toque dramático ciertamente sorprendente que, vista la cinta al completo, chirría en el conjunto-, la sofisticada fotografía de Dante Spinotti (Heat, L.A. Confidential), la animada partitura musical de Christophe Beck (The Hangover), la casi perfecta selección de su reparto (con actuaciones destacadas de Broderick, Peña o Téa Leoni, en el papel de una agente del FBI)…
Pero todo queda relegado en favor del exceso.
Ni siquiera Eddie Murphy, en su esperado regreso al género que lo lanzó a la fama, logra salvar a Tower Heist: el intérprete de 48 Hours o Beverly Hills Cop está criminalmente desaprovechado.