Tierra de lucha y trabajo

Latinos de Ohio han defendido su presencia con dignidad

TOLEDO, Ohio – Como otros estados de la Unión Americana, Ohio registró un incremento en su población hispana. Y aunque ésta solo compone un 3.1% del total, creció en 64.3% desde 2000.

Según las cifras de la Ohio Commission on Hispanic/Latino Affairs, en este estado residen 354,674 hispanos, de los cuales el 50% son de ascendencia mexicana.

“La población latina de Ohio está aumentando cada año, mientras que la población en general va disminuyendo”, dice un informe publicado en marzo de 2011.

El mismo señala que los latinos en Ohio continúan teniendo dificultad en áreas como la educación, propiedad de viviendas y representación en cargos públicos, Sin embargo, las estadísticas indican que sí están alcanzando éxitos en el campo de la adquisición del nuevo idioma, propiedad de negocios y servicio militar.

Este crecimiento también se refleja en el sector de la economía y el comercio.

En 2000, Ohio tenía 7,100 negocios de propiedad de latinos. En la actualidad, según el Censo de 2010, ese número aumentó a 9,700 con facturación de $1,900 millones, un aumento $600 millones desde el Censo de 2000.

En cuanto a capacidad de compra, estudios efectuados por las Cámaras de Comercio de Cincinnati y Noreste de Ohio señalan que en la zona de Cleveland-Akron-Elyria, el segmento hispano tuvo un ingreso combinado de $1,750 millones en 2008. En Columbus, la capital, excedió los $1,000 millones, cifra a la que se acerca la comunidad hispana en Cincinnati. A nivel estatal se estima un ingreso aproximado de $5,200 millones.

Ohio se ubica entre los 10 primeros estados productores de diversas frutas y verduras, y en más del 70% de las plantaciones comerciales los empleadores dependen de la labor de los trabajadores migrantes.

Un estimado de 14,000 trabajadores agrícolas están distribuidos en 52 condados de Ohio, según información del Departamento de Empleo y Servicios a Familias (ODJFS) de Ohio de enero de 2011.

Los latinos han formado y siguen formando parte de la historia cultural y económica de Ohio, particularmente en el sector agrícola. De las primeras oleadas de migrantes mexicanos y de origen mexicano a los campos de cultivo de Estados Unidos, surgieron líderes como Cesar Chávez y Baldemar Velásquez, iconos de la lucha por los derechos de los trabajadores del campo.

Originario de Texas, Baldemar Velásquez, director de Farm Labor Organizing Committee (FLOC), lleva 43 de sus 64 años en el movimiento por los derechos de los trabajadores agrícolas.

“Recuerdo que tenía cuatro años cuando empezamos a viajar y a trabajar en la cosecha del betabel, pepino, fresas, cerezas y papa entre otros productos”, recuerda Velásquez. “En una temporada mi padre se enfermó y no hicimos dinero para el ‘troquero’ que nos transportaba y nos quedamos en Ohio. No sabíamos cuánto frío hacia aquí y vivimos en la cocina de una casa vieja porque solo teníamos la estufa para calentarnos”, añadió Velásquez.

Como un gran segmento de estos trabajadores, los Velásquez tuvieron que establecerse y entre ellos, los más pequeños asistieron a la escuela.

“No sabía nada de inglés y los maestros no querían invertir su tiempo en nosotros los migrantes”, dice Velásquez. “Tuvimos que trabajar para pagar la deuda contraída, fue una triste época en la vida de uno, pero también hubo algunos logros”, agregó.

Durante esta etapa en su vida, entre las idas a Michigan por la fresa y los regresos para la cosecha de manzanas, Velásquez fue testigo de excepción del maltrato hacia el trabajador, el robo de salario y los contratistas abusivos. “Crecí viendo cómo maltrataban a mis padres y cuando un chamaco ve ese abuso, crece enojado e impotente por no poder hacer nada. Por eso cuando tenía 12 o 13 años me decidí que si algún día podía hacer algo en contra de esos abusos, lo iba a hacer”, dice Velásquez.

El director de FLOC estudio sociología en la universidad Texas Panamerican que es parte del sistema de universidades de Texas (UT). Vivió la época de la lucha por los derechos de los afroamericanos y observó y experimentó cómo ambos segmentos compartían un mismo sufrimiento y una misma esperanza. “Es a mediados de los setentas que mi hermano y yo establecimos el primer comité integrado por un grupo de 70 trabajadores agrícolas e hicimos estudios y planes sobre cómo ganar unas medidas de justicia en base al análisis del sistema de producción de la agricultura”, refiere Velásquez.

Velásquez y sus aliados concluyeron que la desigualdad se origina en las políticas de las empresas multinacionales que compran la producción sin que los trabajadores tengan voz en este proceso.

Desde entonces, y con un naciente sindicato, más de 2,000 trabajadores iniciaron una demanda contra la compañía Campbell, la cual precedió a un boicot en 1986, que culminó con un acuerdo en el que la compañía firmaría contratos colectivos directamente con los trabajadores.

La lucha continúa, dijo Velásquez, y hoy como ayer el abuso persiste y se ve reflejado en las condiciones inhumanas en que vive el trabajador migrante.

Desde hace tres años, Velásquez fue nombrado miembro de la Ohio Commission on Hispanic/Latino Affairs.

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