Como en el hipódromo

Cuando podamos discutir nuestras diferencias políticas sin violencias ni mentiras estaremos en el camino civilizado para buscar soluciones a algunos de los problemas del país

Pero aun no…

En una reunión de amigos en la que estuvo representado todo el espectro político hablamos del tema.

Partimos de premisas obvias: Una: Que los independientes son más o menos el 33% de los votantes y que no son extremistas. Dos: Que ninguno de los grandes partidos puede ganar sin esos votantes y tres: Que en lo que va de la pre-campaña poco o nada se ha dicho que pueda atraer a esos independientes. Todo ha sido sacarse los trapitos al sol, al grado de que ninguno ha quedado limpio del todo.

No tocamos en nuestra discusión a los del partido del “Té” y a los que protestan en contra de Wall Street.

Simplemente dejamos a un lado a los primeros por ser de extrema derecha (a los que, por razones históricas y experiencias personales rechazo) y a los segundos por carecer de ideario y líderes, y por temer que acaben por caer en manos de la extrema izquierda, de la que estoy definitivamente curado.

Concluimos que existe una cierta desilusión por la actuación de Obama, pero que es exagerada y provocada en parte por la intensa propaganda republicana en su contra, pero se aceptó que sí existe un sentimiento de frustración por su forma de tratar de mediar en situaciones políticas en las que debió haber usado mano dura.

Pensamos que quizás un presidente, con acceso a información que nosotros no tenemos y presiones nacionales e internacionales que desconocemos, se vea forzado a actuar en forma distinta a lo que esperamos y lo juzgamos sin saber que lo forzó a hacerlo.

También y con preocupación hablamos de los pre-candidatos republicanos que se presentan ante nosotros un día sí y otro también.

Pregunté con incredulidad: ¿Dónde está un verdadero líder? ¿Esos ocho son la flor y nata republicana del país o son solo políticos profesionales que abiertamente están aplicando a trabajar como presidente de los Estados Unidos?

Para los que se rieron de mi pregunta les hice la siguiente aclaración: Somos nosotros los que, con nuestros votos, contratamos a los políticos. Somos sus patrones y les pagamos sus sueldos, prestaciones; sus no siempre moderados gastos y pensiones… Con todo respeto sea dicho: Son empleados nuestros y eso rige para todos esos a los que elevamos al poder, votando.

Tras la reunión me pregunté: ¿Si yo fuera a contratar un gerente general para manejar uno de los grandes negocios que he dirigido, seguiría ese procedimiento de desprestigiar a cada solicitante o algo más positivo?La respuesta fue obvia..

Ya en casa, me planté frente a mi televisor para ver “una más” de esas confrontaciones. Ahí estaban todos, muy formaditos, en un foro listos para arrancar. En ese momento, no sé por que, me vino a la mente el Hipódromo de las Américas en México, en el que alguna vez asistí a una carrera.

Los caballos, que iban a correr, eran llevados con sus jinetes, algunos mas pequeños que otros, y colocados dentro un espacio cerrado, nerviosos por salir.

A cada jinete le habían puesto o quitado peso para que la carrera fuera mas equitativa. Vaya si lo traen los actuales caballistas.

Arrancada la carrera los jinetes les pegan en las ancas a sus caballos para que corran mas rápido y uno de ellos, no siempre el mejor, la gana. Ese triunfo es solo preludio para otra carrera mas importante.

El caballo es premiado y cuando desmonta el jinete todos nos damos cuenta de lo pequeño que es…

¿Pasará en esta carrera lo mismo?

Ahora bien los jinetes de la carrera que vamos a presenciar tienen un exceso de peso que su caballo tiene que cargar.

Uno de ellos, llamémosle Gingrich, tiene mucha experiencia, exitosa a veces, monta un caballo brioso y peleador, pero el peso de ciertas acciones económicas y compritas de joyas, pesan. Otro jinete mas, llamámosle Perry, que una vez quiso salirse el hipódromo para correr en uno de su propiedad, ahora quiere ser dueño del actual. A veces carece de memoria, importante en Texas donde el “remember” es tradición. Es un buen jinete y quiere ganar para acabar con la ayuda a otros caballistas, sabiendo y de seguro lo piensa, aunque no siempre lo recuerda, que ello puede conducir a otro enfrenamiento con un hipódromo lejano. Con eso quizás repita lo que hizo un caballista de su estado anteriormente.

El jinete Romney, es uno de los favoritos, corre muy bien, pese al repetido cambio de paso de su caballo y el caballo del jinete Cain con su numero 999, dicen que tiene exceso de peso y por esos decires es difícil que gane.

Los demás no llevan mucho peso pero la calidad de sus monturas no es como para ganar y deberían conformarse con haber participado en una competencia contra tanto caballo de pura sangre.

En la carrera que sigue le espera al ganador de ésta un jinete con buenos caballos con los que logró llegar al lugar que va a defender. Es un contendiente formidable y ser el campeón ayuda a veces a derrotar al que lo quiere ser.

Perdón por haber metido al hipódromo en esta carrera de políticos.

Pero…. hay cierto parecido. ¿No?

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