Mujeres inmigrantes se unieron a Occupy
Protestaron en San Francisco en medio del frenesí navideño
SAN FRANCISCO.- El mediodía del 30 de noviembre, en el Edificio de las Mujeres, Guillermina Castellanos, integrante de La Colectiva de Mujeres de La Raza Centro Legal, preguntó a una asamblea conjunta de su organización y Mujeres Unidas y Activas (MUA), unas 30 o 40 mujeres en total, si habían escuchado eso del “99%”.
Silencio por respuesta. Eso no desanimó a Castellanos, una trabajadora doméstica que ha ganado preminencia en la lucha por los derechos de los inmigrantes -ella es residente legal- y atiende, en general, toda movilización en pro de las minorías o la clase trabajadora en el Área de la Bahía. Rápido salió al paso: “Bueno, no se preocupen, compañeras, yo tampoco sabía qué era eso. De hecho, la primera vez que lo escuché, pensé que me hablaban de esas tiendas de descuento, y dije: ‘¡Pues vamos!’; pero no, no es eso”.
Así fue como Castellanos comenzó a ilustrar a otras trabajadoras domésticas, latinas el 100%, sobre el movimiento Occupy.
Diez días después, una decena de ellas, con Castellanos al frente, estaban ya en una marcha en solidaridad con Occupy San Francisco.
La marcha inició en el Embarcadero, en la plaza Justin Herman, el sitio donde se asentaba el campamento de Occupy, hasta que fue desalojado el miércoles 7 de diciembre.
Además de organizaciones de latinos, inmigrantes chinos y filipinos fueron invitados a sumarse.
Se celebraba ese 10 de diciembre el Día internacional de los derechos humanos, el aniversario número 63 de la Declaración universal de los derechos humanos, de la promulgación de los 30 artículos que la componen. “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos ”, dice el primero de esos artículos… Más: ElMensajero.com, respaldados por la Asamblea general de la Organización de Naciones Unidas.
Así que los integrantes de Occupy creyeron que esa era la fecha idónea para invitar a inmigrantes a sus filas. Fue una estrategia nacional. El movimiento, iniciado en septiembre en Nueva York, ha atraído mayoritariamente a gente de raza blanca.
En San Francisco, llegaron las trabajadoras domésticas latinas, un puñado, también una veintena de chinos, organizados por Chinese Progressive Action, y unos cuantos filipinos, convocados por el Filipino Community Center. El resto eran blancos, y la columna de la marcha, una vez extendida a lo largo de la calle Market, sumaría unas 300 personas.
En la calle Powell, la columna dobló a la izquierda, internándose hacia Union Square. Al hacerlo, se mezclaron con los cientos, miles, de personas que, media tarde de sábado, continuaban en su libre frenesí de consumo que oficialmente inicia el Viernes Negro -apenas acaba la cena de Acción Gracias- y se extiende hasta fin de año, las compras navideñas.
Los de Occupy caminaban por la calle, impidiendo el tráfico por el congestionado tramo de Powell. Gritaban consignas contra el capitalismo, la distribución inequitativa de la riqueza y la codicia de las grandes compañías. Los compradores lo hacían por las aceras; algunos tomaban fotos o video de la marcha, con sus cámaras fabricadas en China.
En la plaza de Union Square, donde se apostaron para escuchar discursos -hubo quien demandó el fin de las intervenciones militares norteamericanas; otro, solidaridad con Cuba; todos, más impuestos a los ricos, los recibió un Santa Clós del Ejército de Salvación, quien pedía limosnas para los menos favorecidos. Todo sucedía al pie de un inmenso árbol de Navidad, mientras que en los almacenes de los alrededores la gente no cesaba de comprar.