Revisteros de la calle Broadway preservan acervo hemerográfico

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Revisteros de la calle Broadway preservan acervo hemerográfico
La oferta informativa impresa en español proveniente de México es amplia y diversificada en los puestos a lo largo de la calle Broadway.
Foto: Aurelia Ventura / La Opinión

“¡Siamesas unidas por la cabeza!”, reza el encabezado de una publicación mexicana que se vende en un puesto de revistas sobre la calle Broadway, en el centro de Los Ángeles. Su agrietada portada muestra que pasó por muchas manos antes de ser colocada en el anaquel, a la espera de un nuevo dueño.

El Libro Vaquero, La Novela Policiaca, Condorito, El Libro Sentimental, Memín Pinguín y El Mil Chistes son parte del extenso catálogo que se ofrece en el humilde local de la señora Gloria Mendoza, quien desde hace cuatro años se dedica a comprar, vender e intercambiar revistas nuevas y usadas.

“La gente me las vende. Unas las compro a tostón [cincuenta centavos] para venderlas a dólar”, dice esta originaria del estado de Jalisco, quien se confiesa fanática de las historietas “de la vida real” traídas desde la Ciudad de México.

“A veces ponen problemas más grandes que los de uno”, señala.

En las aceras de la calle Broadway, un corredor comercial y cultural de esta ciudad, se conserva desde hace años el archivo hemerográfico de México en decenas de pequeños puestos de color verde. Ahí se pueden conseguir desde respetados semanarios de investigación, pasando por las revistas del corazón y para adultos, hasta las típicas publicaciones con crucigramas.

En algunos negocios, como el de la señora Mendoza, abundan las historietas antiguas, esas que algunos ya han leído hasta el cansancio, pero cuyas portadas (dramáticas, divertidas o sensuales) invitan a otros a pagar unas monedas por estas publicaciones. Incluso se ofrecen unas que han salido de circulación.

“Aquí hay muchos cuentitos del Sentimental, estos jamás los había visto”, comenta Lola Carbajal, residente del Este de Los Ángeles. “Mire, están viejísimas pero son las historias más bonitas”.

Cada semana, al menos cinco cajas repletas de publicaciones llegan desde el Distrito Federal, con escala en Tijuana, a los puestos de la Broadway. Teresa Galindo es una de las distribudoras y dueña de uno de los puestos más surtidos. “Tengo Proceso, Fama, Órale, Año Cero, TV Notas, Muy Interesante, Playboy…”, expone.

Pero las más codiciadas, como también ocurre en otros locales, son las pornográficas.

“Me compran más las que tienen el libro y el CD”, dice la señora Mendoza. “A mí me han robado muchas”.

Los distribuidores calculan que unos 20 puestos de revistas están instalados en las banquetas de la calle Broadway y que decenas más están alrededor del centro de Los Ángeles. El Ayuntamiento, no obstante, no tiene un cifra exacta y reconoce que más allá del centro muchos operan ilegalmente.

“La ciudad carece de normas mínimas para los operadores de los puestos de revistas y solo requiere permisos para los que venden en el Distrito Central” de la ciudad, expone un reporte del Comité de Obras Públicas. “Debido a la falta de requerimientos para toda la ciudad, no hay una base de datos sobre la ubicación de los locales ilegales fuera del Distrito Central y no existe ningún mecanismo para hacer cumplir las disposiciones de la ordenanza existente”.

El municipio, que ya ha fallado en otros intentos por regular estos negocios, está abordando nuevamente el asunto. Una moción del concejal José Huízar, representante de la zona, afirma: “Ha llegado la hora de desarrollar regulaciones actualizadas, claras y coherentes para los permisos de puestos de revistas en la ciudad”.

Pero ni los locales de la Broadway tienen un claro estándar de operación. El puesto de la señora Mendoza, por ejemplo, fue hecho casi de manera rústica por su hijo. Le costó 500 dólares. La pregunta es si las bajas ganancias de los comerciantes les permitiría pagar por una tienda moderna, acorde con las rehabilitaciones que ya se realizan en la popular calle.

“Nomás ganamos para irla pasando. Antes sí quedaba mucho dinero, pero ahora, por la crisis, nomás sacamos para pagar la renta y otros gastos, ya no hay lujos”, dice Galindo.