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La identidad definida en cuartos

La cultura de los más de 120,000 hispanos en Hawaii se vive más en privado que en público

HONOLULU, Hawaii – Cuando un hawaiiano saluda hay que tener tiempo. Una pequeña conversación se puede transformar en una larga historia si tan sólo se les pregunta: ¿de dónde son originalmente?

Y es que en las islas nunca se sabe. La mezcla étnica es tan alta que, en general, cuando un local habla de su herencia se define en cuartos. “Soy un cuarto italiano, un cuarto puertorriqueño, un cuarto vietnamita y un cuarto filipino”.

Es tan sólo una de las posibles combinaciones que delinea rasgos únicos en sus habitantes. El Censo 2010 consideró 63 tipos de etnias en Hawaii.

Con base a seis grupos raciales: blanco, afroamericano, indio americano, nativo de Alaska, asiático y nativo hawaiiano. Las personas tuvieron la opción de identificarse con más de una raza y de esto Hawaii arrojó 57 posibles combinaciones.

Entre los seis principales grupos raciales, los blancos fueron quienes declararon una mayor mezcla étnica con los latinos, llegando a 67,161. Los segundos fueron los asiáticos de mezcla hispana, con 55,055.

“La vida acá, por un lado, es fácil, porque nos parecemos a los locales. El color de piel y los rasgos. Cuando los turistas me veían en Waikiki se querían tomar fotos conmigo. Yo les decía que no, que era de México, pero igual”, dice Martha Sánchez, dueña de Mercado de la Raza. “Es fácil mezclarse hasta que te oyen el acento”, explica.

“Creo que existe un orgullo de venir de diferentes culturas. Pero a la vez, mantener la identidad es muy importante. Celebramos los feriados japoneses, chinos, latinos. Festejamos la independencia de México, de Colombia, Día de los Muertos”, asegura José Villa, presidente de la organización Negocios Latinos de Hawaii (LBH).

Sin embargo, el valor de la herencia cultural y el apego a las tradiciones hispanas y latinoamericanas parece diluirse mientras avanzan las generaciones locales. “Ellos no están continuando con nuestro legado. La comida todavía sigue. Les digo a mis nietos que vengan a aprender la música, que yo no voy a estar acá siempre, pero me dicen que después. Yo sé que no va a pasar”, cuenta Anthony Dias, ex comisionado de las celebraciones que conmemoraron los 100 años de la llegada de los boricuas a Hawaii.

“En mi caso mi papá me dijo acá está la guitarra, quiero que aprendas la música de Puerto Rico. Nadie más en mi familia toca”, dice.

Por otro lado, el valor que se le asigna al español es más bien débil. La segunda y tercera generación prefieren el inglés y en algunos casos no entienden el castellano. Al contrario, la práctica parece venir por el interés personal y no por la familia.

Paul Chandler, director del programa de español de la Universidad de Hawaii, no tiene una gota de herencia latina, pero platica en un perfecto español luego de 20 años de residir en Honululu.

“Tenemos cursos para alumnos de bachillerato y maestría, junto a certificados. Contamos con ocho profesores e instructores y 11 ayudantes de académicos. Como programa nos sentimos un poco discriminados, las lenguas asiáticas y polinésicas son mucho más importantes”, asegura.

“El español no tiene espacio para crecer, no nos han apoyado. Nos hacen falta profesores y dos programas más en el extranjero”, cuenta Chandler.

En general los estudiantes que toman español en la Universidad de Hawaii son hispanos que hablan bien pero no escriben. “El idioma es importante pero a nivel familiar”, agrega.

Para los latinos inmigrantes la religión parece ser otra forma de vincularse con su cultura. En Kona, por ejemplo, se realiza una misa en español los domingos, a cargo del sacerdote Juan Pablo Galeano, en la parroquia Saint Michael.

“Los hispanos católicos son muy activos a pesar de que existe una gran oferta religiosa. Mi comunidad es de 600 personas, de ellas como 300 van a misa dominical. La participación de los hispanos ha determinado la presencia de la Iglesia católica en el sector”, dice.

“Así como en cualquier parte del mundo, estas expresiones culturales enriquecen. Es una manera muy diferente de interpretar la vida y de interpretar la fe”, comenta.

Sin embargo, por ahora, la cultura hispana se debe limitar justamente a eso, a expresiones personales o muy locales, propias de grupos pequeños, separadas por una distancia física pero también social.

Actualmente el centro cultural más grande de Hawaii es el polinésico, donde los turistas pagan cerca de $150 por compartir las raíces sociales de la zona. El sueño de muchos líderes latinos es que algún día la presencia de la comunidad hispana sea tan marcada y fuerte que también exista un centro donde puedan compartir su herencia.

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