La contienda republicana, elenco de ángeles y demonios

La contienda republicana, elenco de ángeles y demonios
Foto: AP

WASHINGTON/AP — En los 11 días que han pasado desde que Mitt Romney intentó sin éxito superar definitivamente a sus contrincantes en Nueva Hampshire, la contienda por la candidatura presidencial republicana se ha convertido en un elenco de ángeles y demonios en que los aspirantes intentan granjearse a electores distintos.

El capitalismo era aceptado, luego no, después sí. Las compañías aseguradoras recibieron críticas. Y la prensa persiste como el niño latoso y criticón.

Europa y los derechos, los delincuentes de delitos graves, los timbres de alimentos y el idioma francés: todos estos temas fueron tocados por uno u otro aspirante.

Newt Gingrich incluso difundió un mensaje en que expone como algo malo las habilidades lingüísticas de Romney y advierte con tono lúgubre: “Igual que John Kerry, Romney habla francés”.

Los contrincantes se lanzaron contra el pasado de Romney en el negocio de los capitales de riesgo, pero las críticas en este aspecto amainaron algo debido a las inconformidades suscitadas entre los partidarios de la libre empresa.

En este episodio, la aseveración más destacada fue la del gobernador de Texas, Rick Perry, quien había llamado a Romney “buitre capitalista”.

Las compañías aseguradoras —típicamente el blanco favorito de políticos de cualquier bandera— también estuvieron en el debate, al afirmar Romney que le gusta la idea de tener la capacidad de despedirlas por bajo desempeño. Los demás rivales orquestaron un coro de indignación en torno a la idea de que Romney disfrutara despedir a alguien.

El estratega republicano Terry Holt dijo que todo se suma a una “tempestad de palabras de moda” en los intentos de los aspirantes por lograr una declaración que acapare titulares a fin de llamar la atención de la gente.

Pero, ¿funciona?

“En última instancia, todo se combina en la percepción general hacia el candidato”, dijo Holt. “La mayoría de las personas tiende a olvidar las recriminaciones mutuas”.

Y ha habido muchas recriminaciones.

Los aspirantes a la candidatura republicana han sacado a relucir bastantes enemigos confiables —la reforma de salud de Obama, las regulaciones federales, un gobierno enorme, los controles financieros Dodd-Frank_, aunque han agregado otros a su coctel.

Los aspirantes emiten mensajes que hacen recorridos en zig-zag en busca de una frase de oro que pegue entre los electores.

Ganar dinero está bien, salvo si el que lo hace se llama Mitt Romney.

Uno de los llamados supercomités de acción política que apoya a Gingrich elaboró una película de media hora en la que ataca a Romney por lograr “grandes retribuciones para él mismo y sus inversionistas”, incluso con música tétrica de fondo y un narrador con voz de barítono.

Romney defendió sus credenciales capitalistas, se alineó con el filósofo conocido como el padre del capitalismo y proclamó con orgullo: “Adam Smith tenía razón”.

Después vino el asunto de la infidelidad: Gingrich optó por no comentar los detalles de su matrimonio con su segunda esposa después de que ésta afirmara que él le había solicitado un “matrimonio abierto” en que pudiera tener una esposa y una amante.

Gingrich logró orientar ese punto hacia el enemigo al que todos los candidatos les encanta atacar: la prensa.

“Creo que la naturaleza destructiva, mala y negativa de gran parte de la prensa hace difícil gobernar este país”, apuntó.

Sin embargo, otro contrincante, Rick Santorum, advirtió la táctica y exhortó a los electores a que no se dejen convencer por las críticas de Gingrich hacia los medios.

Los republicanos deberían “ir más allá de la elocuencia de los titulares, las críticas de la prensa”, expresó Santorum.

La estratega demócrata Karen Finney dijo que la lista aleatoria de amigos y enemigos de los republicanos ha surgido en momentos en que los candidatos “intentan recoger los fragmentos del electorado republicano” mediante exhortaciones muy bien dirigidas cuya fuerza se acumule para darles una victoria general en cada elección primaria o asamblea partidista estatal.

“El discurso cambia según la audiencia a la que se dirigen”, agregó. “Siempre existe ‘quién es el bueno y quién es el malo”’.

En esta campaña, esa alineación cambia todos los días.