Corre por ayudar Mujeres Destacadas: Elena Rojas

Elena Rojas apoya programas deportivos

Elena Rojas aprendió los quehaceres administrativos de la industria gastronómica ayudando desde muy niña en el restaurante de su familia de descendencia mexicana.

A los 16 años comenzó a trabajar como cajera en el restaurante El Tepeyac Café y a los 21 tenía en sus manos la contabilidad y la planilla de empleados del negocio que estableció hace más de medio siglo su abuelo, Salvador Rojas, en Boyle Heights.

“Hace 20 años que estoy a cargo de [El Tepeyac Café], que es mi vida, mi familia, mi cultura”, dice esta madre de seis hijos y abuela de seis nietos.

Como empresaria, al lado de su padre Manuel Rojas (dueño de El Tepeyac Café), Rojas siempre ha patrocinado los programas deportivos de su comunidad, por ser “una madre que nació y creció en Boyle Heights, que desea que los niños de esta comunidad cuenten con actividades positivas que los conduzcan a hacer algo bueno con sus vidas”.

“Los niños y jóvenes de las vecindades de pocos recursos, donde hay problemas de pandillas, no pueden salir adelante si nadie los ayuda. Por eso pienso que todos los empresarios y negociantes de Los Ángeles deberían de apoyar los programas deportivos que se ofrecen después de clase”, sostiene.

Para mantener a los niños ocupados y alejados de la violencia callejera, esta negociante de 54 años no tuvo problema durante la crianza de sus seis hijos de hacerse cargo de sus amigos -y compañeros de clase- cuyos padres no podían acompañarlos a los entrenamientos y competencias por estar trabajando.

“Los niños necesitan sentirse apoyados en sus actividades deportivas”, dice. “Para ellos es triste que sus padres no puedan verlos jugar. Por eso, voluntariamente, me hacía cargo de movilizarlos con mis hijos y acompañarlos en los partidos”.

Muchos de los niños que Rojas acompañó a los partidos de béisbol o baloncesto mientras sus papás trabajaban son hoy adultos y clientes fijos de El Tepeyac Café, que -según explica- se ha mantenido abierto por tantos años por la calidad de la comida mexicana que sirve y el carisma de su padre, “quien es el corazón de Boyle Heights”.

“Me siento orgullosa de recibir este premio y lamento que mi abuelo [Salvador Rojas], quien trabajó como fotógrafo para La Opinión, por los años 40 o 50, no esté vivo para disfrutar conmigo de este momento tan especial”, dice Rojas.