Chilenos salen a protestar
Pobladores de ciudades marginales se alzan contra el centralismo estatal
Los niveles de pobreza y el daño a la naturaleza y la vida son muy elevados en ciertas zonas. Crédito: EFE
SANTIAGO DE CHILE (EFE).- La ciudad de Calama, en el norte de Chile, y la región de Aysén, en el sur, se volvieron a alzar contra el centralismo estatal, mientras el Gobierno anunció una serie de medidas para aplacar el descontento social y adelantó que cederá poder a las autoridades locales.
Calama, enclavada en el inhóspito desierto de Atacama, a 1,560 kilómetros al norte de Santiago, vive fundamentalmente de la minería, mientras que Aysén, en plena Patagonia, a 1,700 kilómetros al sur de la capital, está dedicada a la ganadería, la pesca artesanal.
En el caso de Aysén, sus habitantes están movilizados desde el 13 de febrero para exigir medidas que pongan fin a su aislamiento y, después de que el diálogo con el Gobierno se rompiera la semana pasada, la tensión ha aumentado en las últimas horas.
El cuerpo de Carabineros confirmó el aumento de los efectivos antimotines desplegados en la zona, mientras los vecinos mantuvieron bloqueados algunos caminos, a pesar de que los dirigentes del Movimiento Social intentaron convencerlos de que los despejaran.
El Gobierno, que se niega a reanudar las conversaciones mientras no se restablezca el orden público, anunció ayer 71 medidas dirigidas a atender las principales demandas de los ayseninos, entre las que destaca un subsidio al transporte de combustible.
También figura la creación de un bono para adquirir leña, el principal medio de calefacción de la zona, que beneficiará a 18,000 familias; el aumento de becas para escolares, un incremento de subsidios para viviendas, la ampliación de un hospital y la construcción de otros tres.
El Ejecutivo también defendió la invocación de la Ley de Seguridad del Estado, que contempla penas más severas por alteraciones del orden público, tras presentar querellas contra 22 dirigentes y activistas.
La Fiscalía ordenó ayer a la policía realizar indagaciones sobre esas querellas. Aysén tiene apenas 105,000 habitantes, que están aislados por tierra del resto del país y padecen las inclemencias de un gélido clima.
En tanto, en Calama, unos 5,000 vecinos salieron a las calles para pedir que el Estado reinvierta allí los ingentes recursos que se obtienen del cobre que se extrae en la zona.
La manifestación, encabezada por el alcalde, el independiente Esteban Velásquez, reunió entre otros a estudiantes, médicos, profesores y trabajadores del cobre y transcurrió de forma pacífica, sin incidentes y sin alterar el funcionamiento normal de la ciudad.
“Queremos que un 5 % de los recursos permanentes del cobre quede en ciudades como Calama, tal como se hacía hasta 1974, e impulsar un proceso de descentralización que parta desde el norte”, explicó el alcalde a Efe.
Calama tiene 138,000 habitantes y su principal actividad económica es la minería, en especial, los yacimientos de Chuquicamata, Radomiro Tomic y Ministro Hales, propiedad de la estatal Codelco, la mayor productora mundial de cobre.
“Calama refleja que donde se produce el “sueldo de Chile”, los niveles de pobreza, el daño a la naturaleza y la vida son muy elevados”, escribió en su cuenta de Twitter la líder estudiantil Camila Vallejo, que asistió a la marcha.