Son vampiros de verdad

Timur Bekmambetov, el realizador de Wanted, dirige Abraham Lincoln, Vampire Hunter, adaptación de la novela de Seth Grahame-Smith que resulta una buena distracción estival
Son vampiros de verdad
Abraham Lincoln, Vampire Hunter.
Foto: FOX

Con la fama de Twilight, una nueva generación de vampiros cursis,que se enamoran y que muerden más bien poco, por no hablar que además brillan como si fueran purpurina y huyen de la sangre humana como si fuera veneno, ha tomado el relevo de los vampiros tradicionales, que no se arrepentían de matar al primero que se cruzaba por su camino y que se alimentaban de la sangre humana disfrutando de ella, saboreándola y adorándola.

Menos mal por los villanos de Abraham Lincoln, Vampire Hunter, la adaptación de la novela del mismo título escrita por Seth Grahame-Smith, quien también firmó Pride and Prejudice and Zombies, una reescritura de la novela de Jane Austin con el previsible romance y, tal y como su título indica, muertos vivientes.

En Abraham Lincoln, Vampire Hunter, que se estrena hoy y ha sido clasificada R, Grahame-Smith agarra un periodo de la historia y lo adapta a sus necesidades: Lincoln (Benjamin Walker) es el presidente desafiante y legendario que fue, pero en esta ocasión sus enemigos a la hora de poner fin a la esclavitud no son solo los representantes políticos y sociales del Sur, sino también una legión de vampiros liderados por Adam (Rufus Sewell).

Pero Lincoln no se dará por vencido, y con la ayuda de su buen amigo Will Johnson (Anthony Mackie) y su asesor en “temas vampíricos” Henry Sturgess (Dominic Cooper), se enfrentará a ellos, pero no con una estaca, sino con un hacha.

Abraham Lincoln, Vampire Hunter viene firmada por el cineasta ruso Timur Bekmambetov, cuya inventiva (y osadía) visual quedó manifiesta en filmes como Daywatch, Nightwatch y su debut en el cine de Hollywood, Wanted.

Aquí, el realizador -secundado en tareas de producción por Tim Burton, el director de Alice in Wonderland y Dark Shadows- ofrece una aproximación visceral al mundo de los vampiros, con incontables escenas a cámara lenta que muestran con sangrienta claridad el desmembramiento de apéndices y cabezas humanas.

Esos instantes de indudable entretenimiento, coreografiados hasta la extenuación por la cámara de Bekmambetov, quizás terminen por resultar algo excesivos y abrumadores.

Pero son los actores los que dan vida a Abraham Lincoln, Vampire Hunter y le hincan el diente con gusto: Benjamin Walker adopta el porte y el tono de voz del presidente durante cuatro décadas de su vida, con extraordinaria efectividad; y Rufus Sewell convierte a su villano en una presencia tan siniestra y amenazante como carismática.

Por cierto, Abraham Lincoln, Vampire Hunter se proyecta en salas selectas en tres dimensiones. No tire el dinero. La película no fue filmada en tal formato y fue convertida a 3D durante la postproducción: el resultado de la conversión es patético, carece de definición y no beneficia en nada al filme.