En recuerdo de la directora Nora Ephron

La guionista de 'Sleepless in Seattle' siempre apostó por la inteligencia y humanidad en sus personajes

Nora Ephron (izq.) con Meryl Streep y Amy Adams en el estreno de 'Julie & Julia'.

Nora Ephron (izq.) con Meryl Streep y Amy Adams en el estreno de 'Julie & Julia'. Crédito: AP

La noticia de la muerte de Nora Ephron —directora y/o guionista de filmes como Silkwood, When Harry Met Sally, Sleepless in Seattle, You’ve Got Mail y Julie & Julia— llegó el martes por la tarde y sorprendió a todos aquellos que desconocían de su estado de salud (tenía leucemia).

La también periodista y escritora —y exesposa de Carl Bernstein, uno de los dos reporteros del Washington Post que dieron a conocer el Watergate— mantuvo su enfermedad en el más absoluto de los secretos.

Pero tan pronto como se confirmó la triste noticia, las reacciones de pésame se sucedieron sin respiro: desde Tom Hanks y Meryl Streep, que actuaron, cada uno de ellos, en dos de los filmes antes citados, hasta Nicole Kidman, protagonista de Bewitched, en la que las dos colaboraron, y la escritora Anne Rice, autora de Interview with the Vampire—.

Tal expresión de aflicción fue debida no solo a sus relaciones personales con ella, sino, también, a la evidencia de que con Ephron se va un estilo de hacer cine que a lo largo del siglo XXI se ha perdido: un cine que apostaba por el ser humano, por las relaciones adultas, por un saludable sentido del humor, por una entrañable adoración a los clásicos de la gran pantalla y de la música.

Estamos en tiempos donde reina el cinismo, el tono agrio de las opiniones y las discusiones… y la mediocridad.

Nora Ephron fue capaz —como se desveló en sus guiones para las encantadoras When Harry Met Sally o Sleepless in Seattle— de dejar a un lado el sarcasmo para inyectar las suficientes dosis de ironía en el mundo que nos ha tocado vivir.

Sí, su añoranza por unos Estados Unidos que vivían aún en los tiempos de Frank Capra o James Stewart, era evidente en su escaso interés por retratar al país hoy multiétnico.

Pero el mundo de Nora Ephron no era el mundo de hoy: era una visión mágica, pero asentada en la realidad, casi virginal, pero sin atisbo de inocencia, de lo que sucedía a su alrededor (de ahí esos acompañamientos musicales con temas de Louis Armstrong, Jimmy Durante o Bobby Darin).

Al fin y al cabo, la directora de “Julie & Julia” —su último filme que rodó en 2009 parece ser que después de que se le diagnosticará su enfermedad—, había nacido en Manhattan en el seno de una familia de guionistas idealistas (de hecho, sus hermanas Delia y Amy son también escritoras). Vivió su infancia y adolescencia en Beverly Hills. Pasó a trabajar de interna en la Casa Blanca de John F. Kennedy (“fui la única interna que no fue seducida” por el presidente, bromeó en alguna ocasión).

Escribió para reputados medios como el New York Post, The New York Times y las revistast New York y Esquire. Supo quién era “Garganta Profunda”, la fuente que reveló el Watergate a su exesposo, desde el principio (y nunca tuvo inconveniente, durante décadas, de identificar su nombre, Mark Felt, a quien quisiera escucharla, como “venganza” por su divorcio de Bernstein). Y estuvo casada, en su tercer matrimonio, con el novelista y guionista Nicholas Pileggi (Godfellas, Casino).

En fin, una vida inimitable, apasionante, desafiante, quizás elitista (no hay nada de malo en ello) y a todas luces ensoñadora, .

Los personajes que creó para el cine —en la mayoría de sus comedias románticas—, estaban más asentados en situaciones convencionales, amistades sencillas y anhelos comunes.

No hubo nada de convencional o común en Nora Ephron.

josep.parera@laopinion.com

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