Chamberlain se adentra en las penumbras con ‘The Exorcist’

La obra es una adaptación del libro original de William Peter Blatty que dio pie a la película del mismo título que en 1971 dirigió William Friedkin.
Chamberlain se adentra en las penumbras con ‘The Exorcist’
Richard Chamberlain lleva seis décadas al pie del cañón, en cine, teatro y televisión.
Foto: AP

Richard Chamberlain no quiso hablar demasiado -o más bien casi nada- de The Exorcist.

Y no por falta de ganas.

“Desafortunadamente, todos mis instintos me dicen no responder” a ninguna pregunta sobre la obra, empezó diciendo en una entrevista telefónica con ¡holaLA! justo después de los ensayos previos a su estreno, hace unos días.

“Quiero que la gente llegue al teatro esperando ver la película y se encuentren con algo completamente diferente. Pero no quiero dar a conocer demasiado. De hecho, to te voy a contar nada [risas]. Lo siento. Quiero tanto que la audiencia sea sorprendida… e interesada en presentación ciertamente inusual”.

La obra es una adaptación del libro original de William Peter Blatty que dio pie a la película del mismo título que en 1971 dirigió William Friedkin y que hoy es considerada una de las más terroríficas de la historia del séptimo arte.

Por supuesto, la literatura, el cine y el teatro son medios distintos, algo que el director de la obra, John Doyle (ganador del premio Tony teatral por su reinterpretación del musical Sweeney Todd en Broadway en 2005) potencia en el escenario del Geffen Playhouse, en Westwood, donde la pieza, que apuesta por el minimalismo de sus decorados, vive en estos momentos su debut mundial.

The Exorcist, adaptada al teatro por John Pielmeier (Agnes of God), detalla una posesión diabólica en una joven (Emily Yetter) y cómo lidian con el fenómeno su madre (Brooke Shields), el Padre Damien (David Wilson Barnes), que lucha ante su pérdida de la fe, y el Padre Merrin, especialista en practicar exorcismos.

Chamberlain, que cumplió 78 años el pasado mes de marzo -algo que no ha causado una ralentización en su trabajo: recientemente intervino en la obra The Heiress, en Pasadena-, explicó que la razón por la que la novela de Blatty -y el filme- siguen siendo referentes en el género de terror está en su descripción de “la lucha entre el bien y el mal, que está siempre con nosotros y es siempre fascinante. La mayoría de los dramas versan sobre [esa lucha] de una forma u otra. Y además nos encanta ser aterrorizados [risas] y también la idea de que algo nos inspire y nos de coraje moral. Es un tema fascinante, sea la versión que sea”.

El actor -que ha dejado su huella en la pequeña pantalla con producciones como Dr. Kildare, The Count of Monte-Cristo, The Man in the Iron Mask, Centennial, Shogun, The Bourne Identity y The Thorn Birds—, recordó la primera vez que vio en el cine el filme.

“La película me pareció terrorífica. Recuerdo que fue tan popular… habían filas por todos los cines, alrededor de la cuadra. La vi en Westwood, de hecho”.

En la obra encarna al padre Merrin, que en el largometraje dio vida el legendario Max von Sydow. “Él es uno de mis actores favoritos, desde los tiempos de Ingmar Bergman…”, relató Chamberlain con su habitual voz elegante y profunda. “No hay forma de que yo haga de Max von Sydow. Él es único. Por lo que me aproximo al personaje desde un ángulo distinto”.

Un ángulo que ha sido detallado por el director, John Doyle, quien, reconoció, “es absolutamente maravilloso a la hora de aportar los ingredientes morales y espirituales de la historia”.

El Padre Merrin está inspirado en el arqueólogo británico Gerald Lankester Harding, de quien Chamberlain reconoció no haber investigado más. “No, no lo he hecho, pero quiero. Quiero saber más de él… Pero he estado tan ocupado con los ensayos, con aprenderme los diálogos, que no he tenido tiempo. Lo haré antes del estreno, lo prometo [risas]”.

La vida de Chamberlain, recientemente, se ha centrado en regresar a los escenarios… sin descanso. Ya representa The Exorcist, solo un mes después de terminar su labor en The Heiress, lo que no le ha dado tiempo de tomarse unas vacaciones. “No pude, aunque quise”, afirmó. “Pero solo hemos tenido tres semanas y media de ensayos, y es muy útil saberse los diálogos antes de empezar los ensayos, así que durante las dos semanas [entre The Heiress y The Exorcist], que deberían haber sido vacaciones, tuve que trabajar y continuar con mi vida semi-monástica…”.

La incansable pasión de Chamberlain por el arte dramático viene de un solo lugar. “Me encanta trabajar”, sentenció. “Viví en Hawaii durante mucho tiempo. Es divertido: cuando no estás en Hollywood piensan que estás retirado o muertos [risas]. Desde que me mudé de regreso a LA, hace dos años, he trabajado mucho. Y [actuar en] estas dos obras [The Hairess y The Exorcist] ha sido fascinante. Me encanta la actuación. Lo haré hasta que… [risas]… ya sabes… No me pienso retirar nunca”.

Y el teatro es algo que lleva en sus venas. “Me encanta trabajar en el escenario. Me siento más cómodo en un escenario que frente a la cámara”, afirmó quien actuara en filmes como Petulia, Julius Caesar, The Three Musketeers, The Towering Inferno y The Last Wave.

“Me gusta mucho el cine, pero, Dios mío, en el teatro puedes trabajar en un solo día de principio a final, tienes cuatro semanas de ensayos, lo que es un lujo increíble, y estás allí frente a la audiencia, en lugar de trabajar para una máquina, la cámara”, continuó. “El público se convierte en parte de la producción: sus reacciones, sus risas… todo eso es importante en lo que pasa en el teatro. Es un lugar maravilloso donde estar”.

Y entre esas cuatro paredes… el público. “Las audiencias son tan diferentes… Es como conocer a gente nueva [cada noche], con personalidades diferentes”, relató. “Cada público tiene su propia personalidad. Uno nunca sabe cómo será: a veces reacciona, a veces está callado… y a veces el que está callado es el que más disfruta…”.

Chamberlain -que nació en Beverly Hills y declaró ser gay a los 69 años cuando publicó su autobiografía, Shattered Love—, repasó su carrera -donde también destacan actuaciones aclamadas en musicales teatrales como My Fair Lady, The Sound of Music o West Side Story— asegurando que su regla básica ha sido apostar por “la variedad: en los personajes, en los medios, en los directores… Me encanta el desafío de las nuevas fronteras. He elegido diferentes proyectos a propósito”.

Rememora con considerable orgullo su etapa de galán televisivo en producciones de los años 70 y 80. “Fui increíblemente afortunado de poder trabajar en la era de las miniseries”, dijo. “Los canales tenían el dinero para financiarlas, primero, y después eligieron el material adecuado, como en el caso de The Thorn Birds. Teníamos mucho tiempo y todo el mundo se comportó de forma muy responsable para hacer el mejor trabajo posible. Fue una era gloriosa. Pero ahora hay cosas maravillosa en televisión, como Spartacus, Game of Thrones… Aún se hacen excelentes series”.