Consecuencias de la violencia

La masacre de Aurora tiene sus raíces en una cultura de violencia

Estoy triste y disgustado. No es para menos… Estoy afectado por la tragedia de Aurora en Colorado.

Mis respetos y condolencias para los familiares de los 12 asesinados y mis mejores deseos para una rápida recuperación de los heridos que sobrevivieron y para los que sufrieron el ataque sin ser lastimados que, de seguro, están moral y sicológicamente deshechos.

Repito una pregunta que he hecho varias veces en asesinatos colectivos previos: ¿Qué hacen armas de asalto poderosas y de cargadores múltiples, en manos de civiles?

¿Cómo es posible que persista esa absurda facilidad para adquirirlas?

Esas armas se pueden comprar sin restricción alguna, pero si usted va a la farmacia y quiere comprar unos “Taylenoles” le exigen una identificación y llevan un control de compradores y usuarios.

¡Bravo! Son peligrosos…

Y todo este libertinaje para la adquisición y uso de armas de fuego empieza con una interpretación tergiversada de la “Segunda enmienda” de la Constitución. Predominan los intereses de la gigantesca industria de armamentos y el “cabildeo” de la Asociación Nacional de Rifleros (NRA), a quienes hay que felicitar por el éxito de sus esfuerzos para que todo el mundo pueda armarse a su gusto.

Voy a echarle una gotita de historia a este mal interpretado derecho constitucional de tener y portar armas.

En la época de la independencia de este país no existía un Ejército regular y los ingleses que no querían perder sus colonias (los 13 Estados originales) buscaban la forma de reconquistarlas. Había que encontrar la forma de evitarlo.

Para ello se aprobó, el 15 de diciembre de 1791, el artículo cuarto de la Segunda Enmienda a la Constitución (que integra el conocido The bill of Rights o Ley de Derechos) que dice (traducción libre): “Siendo necesaria para la seguridad de un estado libre, tener una bien regulada milicia, el derecho a poseer y portar armas, no deberá ser “infringido”.

Al ya no necesitarse esa milicia, desaparece también la necesidad de que las gentes estén armadas.

Sin embargo, se ha venido interpretando que hay un derecho ilimitado de portar “toda clase” de armas.

Lo malo no es solo que estas abunden, sino que ese privilegio ha conducido a un pingüe negocio. Ya no se trata de poseer una pistola o una escopeta de cacería, sino de armas de alto poder.

Vale la pena mencionar que, excepto los Estados Unidos, no hay un solo país civilizado en el mundo que permita la posesión de armas de asalto a sus pobladores.

Y cada vez que sucede un hecho de sangre como el de Colorado volvemos a la misma discusión con probablemente los mismos resultados… o sea nulos.

Vivimos una época en que la violencia es promocionada. Todo, desde los juegos de niños en que, electrónicamente, hay que matar a alguien para ganar, a los deportes de contacto personal, hasta las grandes películas en que, tras de que “los malos” asesinan a todos los que pueden, son muertos a su vez por “los buenos”… y esas muertes nos satisfacen.

En la televisión es peor. Abundan los programas de violencia en que mueren como moscas o hay balaceras interminables con armas terribles.

Todo eso es enseñanza para los niños en cuyas mentes sembramos la idea de que la vida vale poco y la violencia no es mala, especialmente si es por una causa buena.

En este panorama solo falta un desequilibrado… que se identifique con la violencia y la use para dejar de ser “nadie” o para sentirse poderoso.

No puedo afirmarlo, pero es posible que algo de eso haya pasado por la mente del asesino James Holmes que, al parecer, planeó sus asesinatos con mucho cuidado.

Afortunadamente se le atascó uno de los cargadores, si no hubiera matado a mas personas.Veamos este caso: James Holmes, un alumno como otro cualquiera, hace acopio de armas: Una escopeta, varias pistolas y un rifle de alto poder, adquiere 5,000 cartuchos y va a un cine lleno de gente, entra disfrazado y armado, sin que alguien le impida el acceso. Ya en el salón lanza una granada de gases y empieza a disparar con su rifle de alta poder, sigue con la escopeta y las pistolas.12 personas son asesinadas y muchas mas heridas… y el asesino es detenido.Posiblemente pensando que iba a escapar dejó su casa armada con trampas que harían estallar unas 30 granadas y además 10 galones de gasolina para causar y propagar un incendio.

Todo parece indicar que planeó que si tras la matanza lo perseguían a su casa, habría mas muertos; el se inmolaría en el incendio.

Este plan solo puede ser producto de una mente descarriada.

¿Buscó vengarse de la sociedad por ofensas imaginadas? ¿Fue producto de la violencia que vivimos? ¿Fue su necesidad síquica de ser alguien en un mundo que suprime la individualidad? ¿Es un enfermo mental, aunque a los que lo conocían solo les parecía un poco “raro”?

Lo que haya sido, no hubiera podido asesinar sin esa absurda e inventada libertad de poderse armar hasta los dientes, basada en una enmienda de la Constitución que, al parecer, nadie lee.

Y como de seguro Holmes no es el único desequilibrado que anda por ahí, es posible que otros intenten seguir su ejemplo.

Y usted siga fomentando la violencia entre sus hijos… Si lo hace lo felicito, algún dia podrá tener un James Holmes en la familia.