No cesa la indignación en Anaheim

Residentes y activistas volvieron a marchar en las calles ayer, en protesta por la muerte de Manuel Díaz, baleado por la policía
No cesa la indignación en Anaheim
Agentes montados a caballo frente al cuartel de la policía de Anaheim donde ayer ser se realizó una protesta pacífica.
Foto: La Opinión

Rodeados por un masivo despliegue policial, residentes y activistas volvieron a protestar ayer en Anaheim, frente al Departamento de Policía, por la muerte a tiros de Manuel Díaz, ocurrida el pasado 21 de julio.

Según testigos, Díaz, de 25 años, murió tras ser alcanzado dos veces por las balas mientras huía de la policía en un incidente que las autoridades federales investigan. No se encontraron armas en el hombre, que las autoridades identificaron como miembro de una pandilla.

La muerte de Díaz provocó una serie de protestas que culminaron en un enfrentamiento violento el pasado martes, en el que dos docenas de personas fueron arrestadas.

Ayer las fuerzas policiales de Anaheim contaban con el apoyo de oficiales de Santa Ana y del Departamento del Sheriff del Condado de Orange. Policías montados a caballo, en sus motocicletas y a pie, controlaban cada movimiento de los protestantes. Había oficiales monitoreando, incluso, desde los techos.

Cientos de protestantes reclamaban justicia y se quejaban por lo que llamaron abuso de la policía.

Joey Johnson, uno de los activistas, leyó una lista de nombres de ocho jóvenes que se alega muerieron el último año a manos de la policía de Anaheim. “La última semana le dispararon a Manuel Díaz y a Joel Acevedo, pero también mataron a Bernie Villegas, Marcel Cejo, Martín Hernández, David Raya, Roscoe Cambridge y Gerardo Pineda, entre otros”, señaló.

Alex Valenzuela, que llevaba su brazo enyesado, dijo que el 19 de julio pasado estaba trabajando cuando la policía lo detuvo, aparentemente sin motivo y supuestamente le rompió la clavícula, al hacer uso de fuerza.

Rosie Horton opinó que el jefe de policía John Welter debería renunciar y aseguró que el uso de fuerza no es algo nuevo, sino un problema que ha ido aumentando con los años y que se había acentuado con la crisis económica.

“Los policías no reciben el entrenamiento suficiente y adecuado, de otro modo, no estarían disparando antes de preguntar”, señaló Horton.

“El 50% de nuestros impuestos va a las fuerzas policiales y militares. Los fondos que se utilizan en represión deberían utilizarse en educación, libros y programas para jóvenes. Cada 36 horas, un joven de color muere a manos de la policía” , opinó Michael Kakes, de la organización AnswerLA.org, una de varias que participaron en la marcha.

Teresa Smith, quien dijo que su hijo Caesar Cruz murió baleado por la policía de Anaheim hace tres años, también participó para pedir justicia.

Pero no todos estaban a favor de la marcha. Alrededor de 10 personas contemplaban la protesta desde la cuadra de enfrente y decían apoyar a la policía. “Todos tienen derecho a protestar, pero yo estoy con la policía 100%”, dijo Sue Scott, residente de Anaheim. “La gente no debe correr cuando ve a un patrullero”.

Según el sargento Bob Dunn, vocero del Departamento de Policía de Anaheim (APD), hasta las 6:00 p.m. de ayer se habían producido cuatro arrestos por la protesta; tres por desobedecer las órdenes policiales de salir de la calle y uno por robo en una estación de gasolina. Posteriormente, otros reportes elevaron la cifra a nueve arrestos.

“Muchos de los protestantes no son de Anaheim y vienen aquí a causar problemas”, aseguró Dunn.

A unas pocas cuadras de la protesta de ayer, en el complejo de departamentos de Anna Drive donde ocurrió el fatal incidente, vecinos y amigos se preparaban para una vigilia comunitaria. Niños y jóvenes del barrio mayormente latino barrían y limpiaban la vereda y armaban un altar con una Virgen, velas, mensajes de condolencia y una cajita de recaudación para ayudar a pagar los costos del funeral. Los amigos de la víctima, ayudaban con la preparación.

Los jóvenes dijeron que después del incidente la policía siguió patrullando el barrio. “Se vienen de a tres autos a la vez”, señaló Valerio Quintero, que estaba con Díaz el día que murió. “Pero ahora tratamos de sacar fotos y filmarlos, para protegernos”, señaló, mostrando fotos y videos de las patrullas.

Los jóvenes dijeron que es común para ellos correr cada vez que ven a la policía, porque sienten temor. “Siempre nos revisan y buscan cualquier excusa para arrestarnos. Manuel no tenía ni armas, ni drogas. Era pacífico y tenía un gran corazón y le dispararon en la cabeza cuando estaba acostado boca abajo en el piso, estilo ejecución. ¿Cómo no vamos a correr?”, dijo Galván.