Justicia sin salir del vecindario

En el distrito Tenderloin de San Francisco, los acusados de crímenes menores son llevados a un tribunal de la comunidad, uno de 40 que hay en todo el país diseñados para proporcionar una justicia más rápida y económica, y mejorar la vida en sus vecindarios

Justicia sin salir del vecindario
La jueza Lillian Sing durante una audiencia en el Centro de Justicia de la Comunidad en San Francisco.
Foto: AP

SAN FRANCISCO.- En la mayoría de los tribunales, un aplauso espontáneo podría hacer que se eche a la persona.

Pero en este tribunal de San Francisco, se espera y se fomenta que se aplauda a los infractores.

Frente al estrado del juez hay tazones con caramelos, como recompensa para los hombres y mujeres que comparecen semanalmente y asisten a la terapia de grupo. Casi a diario, el juez otorga un premio: una tarjeta de obsequio para el supermercado, mientras la tribuna aplaude y festeja.

Estas escenas han sucedido miles de veces en el Centro de Justicia de la Comunidad, un sistema judicial nuevo, con cuatro años de antigüedad, en el distrito Tenderloin de la ciudad. Este es uno de los casi 40 tribunales de la comunidad en todo Estados Unidos que atienden principalmente delitos menos en los vecindarios conflictivos utilizando jueces -no jurados- para enviar a los infractores a centros de tratamiento para las adicciones, servicios sociales y refugios, en vez de imponer multas y enviarlos a cárceles superpobladas.

“Vamos a la raíz de los problemas en vez de tirarlos en la cárcel”, indicó Lillian Sing, la única jueza del Centro de Justicia de la Comunidad.

Pero no todo es color de rosa. Cuando infractores claramente ebrios o drogados ingresan tambaleándose en la sala del tribunal, la jueza los envía rápidamente a la cárcel por unos pocos días, para que recobren la sobriedad.

“A esto se le llama mano firme “, dijo Sing recientemente a un acusado con lágrimas en los ojos mientras un agente lo esposaba. “No quiero verlo morir en la calle”.

Las autoridades del Departamento de Justicia de EEUU expresaron que los tribunales de la comunidad mejoran la seguridad pública al concentrarse en los delitos de menor perfil pero que afectan la vida cotidiana. Indican que estos tribunales, junto con tribunales de rehabilitación similares, representan un cambio con respecto a los jueces que solo arrean a las personas por el sistema.

“Los jueces comenzaron a darse cuenta de que pueden ayudar a resolver problemas, de modo que hubo un cambio y se comenzó a mirar los resultados en vez del proceso”, afirmó Kim Ball, una asesora principal en políticas.

Y a diferencia de los miles de tribunales especializados en drogas en todo Estados Unidos, los tribunales de la comunidad están diseñados para proporcionar una justicia más rápida y económica, a la vez que mejoran la vida en vecindarios específicos o comisarías de policía. Los acusados realizan servicios comunitarios en los vecindarios donde infringen la ley. Los grafiteros deben volver a pintar los muros que grafitearon. Y a los ladrones de tiendas se les exige que distribuyan ropa para los pobres.

El movimiento hacia los tribunales de la comunidad comenzó hace casi dos décadas en la ciudad de Nueva York, que estableció uno en el centro de Manhattan para tomar medidas contra la prostitución, los grafitis y otros delitos en las calles.

El sistema llegó a sus “difíciles años adolescentes” después de pasar su etapa experimental y ganar aceptación sistemáticamente, dijo Greg Berman, director del Centro de Innovación para los Tribunales, con sede en Nueva York, una organización sin fines de lucro que asesora a los tribunales de la comunidad mediante el uso de los fondos del Departamento de Justicia de EE. UU.

“Hemos visto cómo estas ideas que muchos ridiculizaron, desestimaron y catalogaron de descabelladas e inaceptables en la década de 1990 si bien no se incorporaron absolutamente, cada vez son más aceptadas por los sistemas judiciales y de justicia penal de todo el país”, dijo Berman.

Entre los estados que cuentan con tribunales de la comunidad se encuentran Minnesota, Indiana, Nueva Jersey, Connecticut, Virginia, Georgia, Texas, Tennessee, Utah, Colorado, Oregon y Washington.

Con frecuencia se lleva a los acusados ante el tribunal y a terapia varias veces por semana, incluso a aquellos que cometieron delitos como dormir en las calles, mendigar de forma agresiva y orinar en público.

“Estos son delitos menores para los que tal vez no había ningún tipo de respuesta por parte del sistema judicial en el pasado”, señaló James Nolan, profesor de Williams College, que ha estudiado los tribunales de rehabilitación en todo el mundo.

San Francisco, una ciudad con fama de tolerante, demoró en adoptar los tribunales de la comunidad. Pero la ciudad, junto con algunas otras, llevó el modelo a un nuevo nivel al utilizar también el tribunal como una alternativa para procesar delitos más graves pero sin violencia, incluyendo el robo de vehículos y los delitos graves relacionados con drogas.

El Centro de Justicia de la Comunidad abrió sus puertas en un edificio difícil de describir, en medio de la indignación de algunos progresistas que temían que se apuntara de forma desproporcionada a los pobres e indigentes.

Pero las críticas se aplacaron a medida que el tribunal ayudó a destrabar los casos acumulados en las salas de tribunales tradicionales al atender a 4,500 acusados desde su apertura. Y la ciudad descubrió que dispensa una justicia rápida en donde los acusados llegan al tribunal en promedio una semana después de la citación, comparado con los 45 días que lleva ingresar a un tribunal común.

John Garrity, capitán de la policía, cuyo distrito es atendido por el Centro de Justicia de la Comunidad, dijo que sus agentes pueden concentrarse en los delitos más graves debido a que el tribunal deriva a los infractores de menor nivel a los servicios sociales, de donde salen con menos probabilidades de volver a delinquir que si pasaran estadías cortas en la cárcel.

La mayoría de los acusados ven a un trabajador social en el lugar que elabora un plan de tratamiento y los pone en contacto con organizaciones sin fines de lucro y terapias grupales. Se espera que ellos cumplan con el plan. De lo contrario, se arriesgan a volver al tribunal tradicional, donde la probabilidad de pasar un tiempo en la cárcel es mucho mayor.

“El encarcelamiento no siempre es la respuesta”, dijo George Gascon, fiscal de distrito y ex jefe de policía de San Francisco. “Esto con frecuencia lleva a un círculo vicioso en donde los infractores vuelven a cometer delitos, especialmente en los delitos menores”.

Si bien ha sido difícil para los investigadores determinar el ahorro de los costos, nuevos estudios sugieren que los tribunales de la comunidad están contribuyendo a la disminución de los delitos.

Una evaluación del tribunal de la comunidad de Washington, D.C., realizada por la empresa de investigación Westat determinó este verano que los acusados que finalizaron con éxito los programas alternativos de 2007 a 2009 tuvieron la mitad de probabilidad de reincidir que acusados similares en el tribunal tradicional.

Russell Canan, juez presidente de los tribunales penales del capitolio, atribuye este hecho a que los acusados reciben más atención.

“Los jueces se están involucrando con los acusados para ver qué tipo de trabajo están haciendo, cuál es su situación escolar, qué tipo de servicios sociales necesitan”, señaló Canan. Y luego los preparan y les dan inspiración para tomar buenas decisiones.

Los investigadores que están estudiando un tribunal en Nueva York han arribado a resultados preliminares similares. El tribunal de San Francisco se está sometiendo a un estudio.

Pero los críticos de los tribunales de la comunidad señalan que las estadísticas de reincidencia son engañosas porque muchos de los acusados de los tribunales son delincuentes menores y no delincuentes profesionales.

“Hay un punto en el que es exageración pura”, dijo Steven Zeidman, profesor de derecho de City University of New York. “Traemos cosas diferentes que son tan menores: andar en bicicleta por la acera, tres menores arrestados por fumar juntos un porro, niños que roban un dulce”.