Cuadro de familia

Hay en España muchos y buenos jardines botánicos. Yo solo conozco el de Valencia, que cuenta con muchos y variados ejemplares. Más en ninguno de ellos hay una especie de árbol: el árbol genealógico que, según la RAE, es “Cuadro descriptivo, la mayoría de las veces en forma de árbol, de los parentescos en una familia”.

Desde la noche de los tiempos este árbol comienza su vida con la unión de un hombre y una mujer, que va creciendo con las sucesivas generaciones, de forma que cualquiera de sus miembros sabe que es hijo, nieto, biznieto, tataranieto, de personas determinadas, y así sucesivamente…

Últimamente, por obra y “desgracia” de la ciencia política, se ha desarrollado una nueva especie de genealogía que podría resumirse así: dos mujeres se casan, tienen un hijo cuyo padre es el semen ¡de un banco! de semen, claro y, por tanto, de origen desconocido, depositado en el vientre de una de ellas. A su vez, este hijo se casa con otro hombre; de esta “unión” nace una niña gracias al semen de uno de ellos —o de los dos— depositado en un vientre de alquiler, asimismo de origen desconocido, y así sucesivamente…

Es comprensible que el futuro de la humanidad a medio plazo presente un cuadro espeluznante, si no supiera quienes son mis padres biológicos, lo mismo que le sucedería a un amplio sector de la sociedad en la que transcurra mi vida, creada no por un acto de amo de un hombre y una mujer, sino en los alambiques de cualquier laboratorio.