Lila Downs celebra su triunfo

Lila Downs celebra haber ganado el premio más importante de la música, el Grammy.
Lila Downs celebra su triunfo
Lila Downs considera que hoy es más 'guerrera' que antes, tanto en estilo como en imagen.
Foto: Suministrada

Lucero Amador-Mirandalucero.amador@laopinion.com

Sus canciones van más allá del entretenimiento.

Admirar a Lila Downs es abrazar a la cultura indígena, a la que representa con mucha dignidad y ese ha sido uno de los placeres por lo que celebra haber ganado el premio más importante de la música, el Grammy.

Con sus Pecados y milagros, el disco que tanto éxito le ha derrochado en muchos países, la oaxaqueña logró una de las preseas más anheladas en la categoría de Mejor Álbum de Música Regional Mexicana.

En entrevista el pasado lunes con ¡Contigo!, en el centro de la ciudad, una conmovida Lila Downs habló de la emoción de ese instante, del momento pleno que vive al lado de su esposo Paul Cohen y de su hijo Benito y por su puesto, de su carrera.

Dicen que una nominación —que tú ya lo habías tenido— a este tipo de premios es ya un triunfo. Ahora que tienes el Grammy. ¿Es el mismo sentimiento?

Sí, es verdad. Es un gran honor ser tomados en cuenta por una Academia que conoce toda la música del mundo, con especialistas en cada área. Por eso es un gran honor ser nominado. Pero la verdad, sí es muy emocionante ganar.

¿Qué representa?

Esto representa algo muy importante para toda la gente que, a veces en mi caso, siente que es muy marginal. He estado muy consciente que nado contracorriente, pero así nací. Yo creo que hay mucha gente que también convive con esa mentalidad, no por ser la contraria, sino porque nos gusta rascar la superficie de las cosas. No nos conformamos con lo chulito, sino que sea el chulito, al que hay que rascarle, a lo que cuesta más.

Cuando hablas de lo marginal, ¿te refieres a lo indígena?

Me refiero a la comunidad indígena, a la comunidad que le gusta leer un poco más sobre un tema en particular, que le gusta conocer una variedad de música.

Ahora que tienes el Grammy, ¿el triunfo se saborea diferente?

Pues es mucha alegría porque hay tanto que agradecer… Tengo vida, llegué hasta este punto, tengo amigos que ya no están con nosotros [se le hace un nudo en la garganta y habla con dificultad mientras sus ojos se llenan de lágrimas]… músicos, compatriotas… Perdón que de pronto me rompa [se refiere a sus ganas de llorar], pero los músicos tenemos una sensibilidad a flor de piel que, a veces, nos hace más frágiles en algunos momentos, y entonces esto [los premios] nos da fuerza para seguir componiendo, fijándonos en los problemas que aquejan a tu país —que son bastantes y complejos—, pero también alegrarte por las cosas positivas. Los premios hacen esto.

En tu agradecimiento mencionaste a tu mamá, ¿Qué significa para ti?

Comparto mucho con mi madre. Es una mujer de 75 años a la que respeto mucho porque ella me enseñó todo lo que yo soy, ese amor por la tradición, por el respeto a la música mexicana. Me acuerdo que yo cantaba boleros y me decía: “pero eso no es la verdad del pueblo”, y eso siempre se lo agradezco porque entonces la canción ranchera sería muy diferente en mi canto. Sería una canción elegante, pero ella me enseñó a sentirlo de verdad.

¿Esperabas este gran premio de un disco que, antes de salir al mercado, ya era un éxito en las ventas por internet?

No para nada. Uno dice que estaría bonito que fuera nominada, pero no pienso en eso. Más bien ahora en lo que viene, planeando el siguiente disco —que por cierto tiene que ver con boleros [suelta una gran sonrisa]—, por fin me voy a dar esa oportunidad y es difícil porque es una canción más sofisticada, más urbana.

De todos tus discos, ¿éste te marcó de alguna manera?

Sí, mucho. Yo creo que, en general, porque fue un disco de mucha fe. Comencé a componer algunos de los temas cuando estaban pasando cosas muy violentas en nuestro país… Siguen pasando, pero decía: “yo tengo que hacer y decir algo que sea una contraparte”. Así surgieron temas como Palomo del comalito.

¿En qué momento de tu carrera llega este Grammy?

Es una sorpresa muy agradable porque creo que ahora puedo decir que ha llegado el momento de sentarme a disfrutar un poco más mi vida, mi pareja, mi hijo, mi mami… Lo mucho que hemos trabajado nos ha dado ese derecho de, quizás, calmarnos un poquito, de ponderar este regalo de vida que tenemos.

¿Es con esa visión como ves el futuro de tu carrera, después de este premio?

Sí, es difícil cuando a veces te dan premios porque dices: “este disco, ¡qué barbaridad! un éxito, y ¿ahora?”. Es normal, ahora sí hay que rascar, como te decía antes, rascar adentro y afuera y leer, platicar y compartir con otros compañeros y sentir las necesidades de mi pueblo. Estar más en el campo. Extraño mucho ese contacto rural con mi gente.

Ha habido mucha evolución en tu estilo, en tu imagen. ¿Qué queda de la Lila de antes?

Creo que se ha hecho más guerrera que antes. A veces hasta me espantan las cosas que pienso. Yo creo que tiene que ver con la maternidad, uno se vuelve como loba. Y eso es un regalo muy grande de la maternidad, pero, al mismo tiempo, el apego a los ideales, a la búsqueda de las cosas que son importantes, representando a esta parte de mi población, una mujer mixteca, mestiza, lo que es necesario decir. Hay muchas cosas que hay que seguir cambiando.