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Chávez, relevante y polémico

El vicepresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, posa al lado de  una pintura  del fallecido presidente   Hugo Chávez.

El vicepresidente de Venezuela, Nicolás Maduro, posa al lado de una pintura del fallecido presidente Hugo Chávez. Crédito: EFE

Talentoso y carismático, Hugo Rafael Chávez Frías pudo haber sido un gran beisbolista, deporte que era su pasión en la niñez y adolescencia, pero optó por un camino que lo llevó a convertirse en la figura política más importante y controversial de América Latina en los últimos 20 años.

Sus partidarios lo idolatraron como un líder y casi un Dios, o al menos, una versión moderna del Libertador Simón Bolívar, cuyo cadáver mandó a exhumar en 2010 para investigar si, en vez de morir de tuberculosis en 1830, como cuentan los libros de historia, había sido envenenado. Una tesis del presidente Chávez que no pudo ser confirmada tras los análisis, pero sí se convirtió en un espectáculo que mantuvo en vilo al país ante la curiosidad sobre los restos del mítico Libertador venezolano de cinco países sudamericanos.

Al entrar a la academia militar de las Fuerzas Armadas venezolanas en 1974, formó junto a otros jóvenes oficiales, críticos del sistema político venezolano corrupto y poco atento a la creciente pobreza, un grupo secreto denominado “MBR200” o “Movimiento Bolivariano”.

Cambió el nombre del país a República Bolivariana de Venezuela, en la reforma constitucional de 1999 aprobada en elecciones de alto abstencionismo, blandó la espada del Libertador en más de un evento público y dio su proyecto revolucionario el nombre de “Revolución Bolivariana”.

Chávez deja un vacío que difícilmente podrá llenar otro líder del grupo de presidentes latinoamericanos de izquierda radical, como Evo Morales de Bolivia o Rafael Correa de Ecuador, cuyo alcance regional y carisma personal son mucho menores que el del líder venezolano. También es difícil imaginar que otro líder de su partido o movimiento revolucionario pueda llenar el espacio personal y la capacidad comunicacional de Chávez. Ninguno de ellos tiene en sus manos tampoco, la riqueza petrolera de Venezuela, que le da al presidente venezolano un poder extraordinario

Hugo Chávez, nacido en 1954 en Sabaneta, un pueblo del estado Barinas en los llanos venezolanos, fue hijo de maestros y, según sus biógrafos, desde su juventud era el alma de las fiestas y el centro de la atención de su entorno social.

En febrero de 1992, junto a otros jóvenes oficiales, críticos del sistema político venezolano, Chávez participó en un intento de golpe de estado contra el segundo gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez, del Partido Acción Democrática, un mandato debilitado por crisis económicas, corrupción y el levantamiento del pueblo denominado “El Caracazo” el 27 de Febrero de 1989, en respuesta a la imposición de medidas de austeridad dictadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El golpe del 4 de Febrero de 1992 fue liderado por Chávez y otros jóvenes militares del grupo bolivariano con la intención de derrocar al gobierno de Pérez e imponer un nuevo proyecto “bolivariano” que teóricamente buscaba más justicia social y menos corrupción. Chávez se rindió al día siguiente de lanzado el golpe y apareció en televisión para pedir a sus compañeros en otros puntos del país que dejaran las armas, sorprendiéndolos.

Ese joven militar de boina roja que nadie conocía habló a los micrófonos de la prensa y anunció que asumía la responsabilidad del “levantamiento bolivariano” aparte de reconocer que los objetivos del mismo no se habían cumplido. Pero sólo “por ahora”, dijo. Su discurso de ese día es, según los observadores, el momento en el que Chávez se convirtió en un fenómeno mediático y comenzó su carrera política.

Chávez fue directo a la cárcel, donde pasó los próximos dos años pero generó una discusión sobre el estado del país, liderada por un discurso del ex presidente Rafael Caldera, fundador del partido social cristiano COPEI al día siguiente de la rebelión, preludio de sucesos que siguieron y llevaron al Congreso a remover a Pérez de la presidencia en mayo de 1993, acusado de corrupción.

Caldera fue electo presidente en 1994 y posteriormente le dio amnistía a Chávez por un acuerdo con partidos de izquierda a cambio de su apoyo. Salió de la cárcel como un nuevo líder, dispuesto a buscar el poder por las vías democráticas y de inmediato lanzó su campaña a la presidencia, que ganó arrasadoramente en 1998 y fue instaurado como presidente el 2 de febrero de 1999, casi exactamente 7 años después de haber pronunciado aquel “por ahora”.

De inmediato, Chávez comenzó a labrar su camino hacia el poder completamente centralizado en manos del presidente y su partido. Venezuela siempre tuvo un gobierno presidencialista, donde los presidentes gobernaban más por decreto que por consenso, pero Chávez buscó consolidar todos los poderes por la vía de poderes especiales y nombra a una asamblea constituyente que redacta una nueva Constitución y declara estado de emergencia, disolviendo todos los demás órganos del estado: el parlamento y el sistema judicial. En diciembre se vota la nueva constitución que otorgaba más poderes al presidente, daba derechos a los pueblos indígenas y crea el referendo revocatorio para destituir a cargos electos.

El gobierno de Chávez sobrevivió un golpe de estado el 11 de abril de 2002 impulsado por el sector privado, la élite del país y con probable apoyo estadounidense. Pocos meses después sobrevivió también a una huelga petrolera de proporciones bíblicas que puso en vilo al país y en 2004 también ganó un referendo revocatorio. Todos estos incidentes no hicieron más que radicalizar al ex comandante, quien acentuó sus ataques a la prensa y su control férreo del gobierno. Chávez también invirtió mucho esfuerzo y recursos en crear medios de comunicación afectos al gobierno y atacar y amenazar públicamente a periodistas, incluso a aquellos afectos a la revolución, que osaran salirse del redil haciendo alguna crítica a su administración.

La única derrota electoral de Chávez ocurrió en 2007, tras hacer una intensa campaña por reformas a la constitución que incluían su reelección sin límites.

Perdió por un margen pequeño de votos y aunque aceptó la derrota, repitió su mítico “por ahora”. La imagen de invencibilidad, sin embargo, comenzó a resquebrajarse en tanto que la oposición se iba organizando y solidificando. En 2010, el partido de Chávez ganó de nuevo la mayoría en las elecciones de la Asamblea nacional pero la oposición ganó, por primera vez, un 40% de los puestos.

En junio de 2011, Chávez habla por primera vez de su diagnóstico de cáncer, para el que había ido a operarse a Cuba en el mayor de los secretos, aunque sin dar muchos detalles del tipo de cáncer o de la prognosis. A principios del 2012 se declara libre de la enfermedad y comienza a hacer campaña para las elecciones de octubre de ese año, creando nuevos programas sociales y construyendo y repartiendo viviendas populares, así como realizando una intensa campaña propagandística por medio de su poderosa red de medios de comunicación.

La desaparición de Chávez deja muchas incertidumbres en Venezuela y en América Latina, especialmente el futuro del ALBA y la situación cubana. Pero la sombra del hombre de Sabaneta, Hugo Rafael Chavez Frías, quedará sobre la región durante muchos años.

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