Épica protesta contra Monsanto

Crece el repudio a la alteración genética de alimentos en el planeta; San Francisco se une

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Épica protesta contra Monsanto
Espantapájaros en Union Square de San Francisco, como para intimidar de las praderas planetarias a Monsanto.
Foto: Francisco Barradas / El Mensajero

SAN FRANCISCO.— La estimación es que en el mundo dos millones protestaron, de esos, al menos 800 se reunieron en Union Square. Multilingüe, variopinto, por razones múltiples, el repudio fue unánime contra Monsanto el 25 de mayo.

Monsanto es una empresa que está en la mesa de muchos más que dos millones solamente, sus productos se consumen junto con las frutas, los cereales, la masa de maíz, los refrescos, las verduras.

Para principios de los años ochenta, Monsanto —la compañía tiene un siglo de existencia— presentó al mundo la primera planta genéticamente alterada, hasta entonces la base de sus negocios eran los herbicidas.

La promesa de la alteración genética era incrementar la producción de alimentos, ofrecerlos a precios más bajos y con mayor disponibilidad. Para los años noventa, Monsanto comenzó a comprar otras compañías, especializadas en la producción y distribución de semillas y, consecuentemente, alterar esas semillas genéticamente.

Se calcula que hoy, el 80 por ciento de lo que se come en los Estados Unidos —desde un caramelo hasta un bistec— tiene algún ingrediente genéticamente alterado.

“Nuestras innovaciones permiten a los agricultores producir más comida empleando la menor cantidad de recursos naturales”, pregona Monsanto en su sitio oficial.

Quienes protestaron el 25 de mayo lo hicieron contra el ocultamiento de los daños que Monsanto ha provocado a la industria alimentaria mundial —la empresa tiene presencia en 66 países— y lo pernicioso que son los alimentos genéticamente alterados.

Deborah Koons García, quien produjo un documental incisivo sobre el creciente dominio de Monsanto —El futuro de la comida, es el título en español; la introducción puede verse en Youtube, aunque sin subtítulos, sólo en inglés—, se hizo presente en la protesta en San Francisco.

“Entre más y más sabemos lo que Monsanto hace, menos nos gusta”, dijo Koons. Externó su preocupación por el control que Monsanto tiene sobre la soya, un alimento que suele considerarse sano por sí mismo.

“Han intentando quitarnos todo, incluso el maíz”, clamó luego doña Gloria Esteva, activa latina de clara y poderosa palabra, simpatizante del movimiento Yo Soy 132 Bay Area. “Lo que no han logrado es domar nuestro amor”, agregó.

Allá entre la multitud estaban Manuel Delgadillo y María Rojas con sus tres hijos pequeños. Originario de Jalisco, México, el padre comentó: “Estamos protestando por nuestro derecho a comer comida que sea buena pa’ nosotros, que no sea genéticamente alterada. Y pos tenemos familia; necesitamos que ellos coman lo que deben comer y no veneno, en otras palabras”.

Se cuestionó a la madre sobre lo caro y escasa que son los llamados productos orgánicos —producidos con semillas no alteradas y sin uso de pesticidas o fertilizantes. Sí, reconoció María Rojas, “por eso estamos aquí, para que no se haga peor la situación”.

Luego, Rojas compartió su receta de una dieta sana: “Nos enfocamos más en frutas y verduras. Quizá vamos a dejar de comer carne”.

Se insistió sobre el precio de los productos orgánicos. De tajo cortó Delgadillo el argumento: “Nos cuesta; pero es mejor pagarle al campesino que pagarle al hospital en el futuro”.

En California hay una batalla seria contra Monsanto. Aun cuando fue derrotada en las urnas, en noviembre pasado, la propuesta 37, hay grupos ciudadanos que insisten en la necesidad de etiquetar con claridad qué productos de supermercado contienen ingredientes genéticamente alterados.

Para más información sobre este movimiento y enterarse de eventos que promueven alimentación sana y venta de productos orgánicos en el Área de la Bahía, visite: Labelgmos.org