Belfast: la paz entre murallas

Residentes insisten en que paredes deben estar para evitar violencia
Belfast: la paz entre murallas
Un activista de Alimentación para Todos viste una máscara de Obama, entre otros que hacen lo mismo con líderes del G8, en Belfast.
Foto: EFE

BELFAST, Irlanda del Norte.— Cuando el presidente Barack Obama llegue a Belfast hoy lunes, está previsto que halague a un país en paz y pida que se derriben los muros que levantaron católicos irlandeses y protestantes británicos.

Pero a solo 10 minutos a pie de donde el líder estadounidense hablaría, esas paredes han seguido creciendo en tamaño y número a lo largo de dos décadas de lento florecimiento de la paz. Hoy, los residentes en ambos lados de las llamadas “líneas de paz” —barricadas de ladrillo, acero y púas que dividen los barrios, carreteras y hasta un parque infantil en Belfast— insisten en que las divisiones físicas deben permanecer para mantener la violencia a raya.

Las primeras líneas de la primera paz de Belfast tomaron forma con el inicio del conflicto de Irlanda del Norte en 1969, cuando las partes pobres de la ciudad sufrieron una explosión de violencia sectaria y la mayoría de los católicos que vivían en zonas primordialmente protestantes se vieron obligados a huir. El Ejército británico, desplegados como fuerzas de paz, erigió las primeras barricadas improvisadas e ingenuamente predijo que las barreras se quitarían en meses.

Sin embargo, el apoyo de los soldados a la policía de mayoría protestante pronto inspiró el surgimiento de un nuevo grupo ilegal despiadado, el Ejército Republicano Irlandés Provisional, que se comprometió a sacar a Irlanda del Norte del Reino Unido.

Por todos los triunfos improbables de la diplomacia norirlandesa desde el acuerdo de paz mediado por Estados Unidos en 1998 —un Gobierno católico-protestante, el retiro de tropas, la reforma de la policía y el desarme del ERI y los grupos protestantes ilegales responsables de la mayor parte de la cifra de los 3,700 muertos—, quitar casi 100 “líneas de paz” de Belfast sigue pareciendo un paso demasiado arriesgado de dar.

“Me encantaría ver ese muro derribado y poder saludar a mis vecinos, pero no va a suceder. Habría asesinatos a sangre fría y que tendría que mudarme”, dijo Donna Turley, de 48 años, en Short Strand, el único enclave católico irlandés en el protestante este de Belfast.

El mes pasado, los líderes católicos y protestantes del Gobierno de unidad de Irlanda del Norte anunciaron un plan audaz, que no detallaron, de desmantelar todas las líneas de la paz en 2023. El primer ministro británico David Cameron respaldó formalmente la propuesta el viernes. Se espera que Obama haga lo mismo hoy lunes, antes de acudir a la cumbre del G8.