Jordi Mollà rivaliza con Vin Diesel en ‘Riddick’

El actor catalán habla de su labor en la tercera entrega de la saga, en la que encarna al villano de la función enfrentándose a su estrella.

Jordi Mollà lidera un grupo de mercenarios a la caza de Riddick en el filme que se estrena viernes.

Jordi Mollà lidera un grupo de mercenarios a la caza de Riddick en el filme que se estrena viernes. Crédito: Universal Studios

Sin prisas. Así se podría definir el interés de Jordi Mollà (y no Mollá) por adentrarse en la cinematografía “made in Hollywood”.

No es que esté muy convencido de que ése sea el camino que este actor, director, guionista… y pintor desea tomar.

Pero desde sus inicios —a las órdenes de cineastas como Bigas Luna (Jamón, Jamón, en la que debutó) o Pedro Almodóvar (La flor de mi secreto)— y hasta estos días —donde se pasea por producciones comerciales en inglés como Knight & Day, Colombiana o Riddick, que se estrena el viernes— Mollà sí parece tener claro que la diversidad, tanto en su faceta como actor, como en su labor más creativa como pintor, es el secreto de su personalidad.

En Riddick, el actor barcelonés de 45 años da vida a Santana, un cazador de recompensas que lidera la captura del personaje al que da título al filme, y a quien interpreta Vin Diesel, su productor.

La acción sucede en un planeta sin nombre, del que Riddick trata de escapar, a pesar de que Santana y otros como él tratan de evitarlo.

Mollà —de cuya filmografía destacan filmes como Blow, su primera cinta estadounidense, donde trabajó al lado de Johnny Depp y Penélope Cruz, Bad Boys II, Elizabeth: The Golden Age y Che, de Steven Soderbergh, además de una veintena de películas españolas— reconoció en una reciente conversación telefónica en catalán con La Vibra que a la hora de crear a Santana —un individuo tan peligroso como sarcástico al que el actor le da un toque esquizofrénico— “la verdad es que no tenía muy claro” qué es lo que quería hacer. “Lo fui descubriendo día a día. Por ejemplo, me pregunté: ‘¿por qué este tipo se deja pegar tantas [palizas] por una mujer?’ [en referencia al personaje de Katee Sackhoff, una rival en su misión]. No lo entendía que alguien así [aceptara eso]. Le comenté a Vin y al director [David Twohy, que realizó Pitch Black y The Chronicles of Riddick] que teníamos que encontrar un motivo que justificara que eso sucediera. Quizás le gusta [risas]… Son estas reacciones que aparentan que uno disfruta esas palizas. Así es cómo descubrí [a Santana]”.

Pero hay un sentido del humor que aportas que es distinto a lo que se ve normalmente…

Sí, entiendo lo que dices. Hay que buscar una angulación que sea distinta… Pero no los sé: el sentido del humor es algo muy local. Los ingleses se ríen de cosas que a nosotros no nos hacen gracia. Es complicado porque hay que encontrar una forma que el público de todo el mundo se ría.

Cara a cara con Vin Diesel, tú con un personaje histriónico y él muy frío y distante… ¿Cómo trabajan dos actores así ese contraste?

Cuando se hace un “casting” ya se saben lo que desean. Imagínate que el antagonista fuera muy cercano a Vin Diesel. No habría color. Sería más de lo mismo. Un actor como yo, que ni siquiera tiene musculatura, como Vin Diesel, pues aporta más colores, más relieves. Es algo que el director de reparto, el director o Vin Diesel ven [de antemano]. Sabían que yo sería su antítesis.

¿Te resulta más fácil actuar frente a alguien que es tan opuesto a ti?

Yo sé lo que él hace y me adapto. Es como jugar al tenis. Tienes un actor que se mueve de cierta forma y tú juegas con lo que él te da.

Riddick’ es el filme que has hecho que cuenta con más efectos visuales.

Sí… Nos dieron un “story board” con todo el diseño de producción, pero no lo miré para guiarme cómo actuar. El cine siempre tiene trucos. No hace falta que sea una película de bichos. A veces hay que poner cara de que estás mirando al mar y en realidad estás mirando una pared. Añaden el mar después. Es una herramienta de evocar algo que no existe.

Tu personaje termina en una situación increíble…

Sí, realmente es [una secuencia] muy bestial…

‘Riddick’ tiene planos cautivadores. ¿Es algo que te resulta evidente cuando ruedas?

Sí, pero una vez vi la película acabada, ganó mucho. Sólo tras ver el “trailer” escribí al director un email y le pregunté cómo lo había hecho. Hay un control técnico increíble. Es magia.

¿Cuál es el secreto a la hora de crear un villano?

No hacer saber a quien tiene en frente qué es lo que estás pensando. Si él sabe lo que está pensando, ya no haces miedo. Hay que manipular. Es como una jugada de póker: no hay que hacer ver lo que uno está pensando. El paradigma de esto es Hannibal Lecter.

En ‘Riddick’ tu nombre aparece justo después del de Vin Diesel. A lo largo de tu carrera no parece que hayas tenido mucha prisa hasta llegar a este momento.

Es mucho más difícil que eso. Yo no soy Javier Bardem o Penélope Cruz, que ya están establecidos en el mercado norteamericano. Yo aún no tengo un nombre aquí. La gente sí que me ha visto aquí y allá, pero no tengo un nombre. La gente no me dice: “tú eres Jordi Mollà”. Me dicen: “tú eres el de Bad Boys 2, el de Blow, el de Knight & Day o el de Colombiana”. Pero se trata de colocar información, poco a poco, en el disco duro de la mente de la gente. Es como cuando en España me llamaban “Jordi Molla” y ahora por fin me llaman “Jordi Mollà”.

Muchos actores dicen que no importa dónde se rueden las películas. El proceso siempre es el mismo. Pero debe haber algo en las producciones de estudio de Hollywood que las hacen distintas…

David Twohy es un director muy elegante. Podría hacer tranquilamente The Great Gatsby. Es muy elegante y poner su conocimiento a disposición de la historia. Michael Bay [director de Bad Boys II] también es un gran cinematográfico, que también podría hacer The Great Gatsby o The Aviator. Tienen una gran técnica que se especializan en otro tipo de cine. Son grandes técnicos.

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