Entrega de los Emmy no tuvo garra

Crítica: Ni la presencia de Neil Patrick Harris, acertado en otras ocasiones, logró levantar el espíritu de una ceremonia para olvidar.
Entrega de los Emmy no tuvo garra
Neil Patrick Harris, centro, fue el maestro de ceremonias.
Foto: AP

Se dice que la televisión está viviendo una era de oro (aunque muchos no parecen recordar que la segunda mitad de los años 70 y los años 80 ofreció un abanico extraordinario de producciones para la pequeña pantalla, como Holocaust, Roots, Rich Man Poor Man, The Thorn Birds, Winds of War y tantas otras…).

También muchos insisten que las nuevas series han sustituido en calidad a las películas, ya que los estudios de cine parecen obsesionados en adaptaciones de cómics o cintas animadas para toda la familia.

Los Emmy entregados el domingo por la tarde/noche (porque las más de tres horas, incluyendo comerciales, que duró nos llevó del atardecer a la oscuridad ya otoñal) no tuvieron nada de esa teórica originalidad y riesgo de producciones como House of Cards, Games of Thrones, Boardwalk Empire, American Horror Story o Homeland.

Más bien al contrario: la gala fue un ejemplo de lo que no hacer en televisión, a no ser que se desee esponsorizar un somnífero.

Neil Patrick Harris limitado por un guión soso y sin garra, fue el presentador principal. Éste compartió el escenario al principio con otros maestros de ceremonias previos (como Conan O’Brien o Janet Lynch, que parecían más incómodos que encantados), después de un tópico montaje producido por el mismo responsable de los prólogos de Billy Crystal en los Oscar.

El siempre sorprendente número musical a cargo de la estrella de How I Met Your Mother fue trasladado a la mitad de la ceremonia con una coreografía que haría palidecer de vergüenza a un musical de la escuela secundaria.

Homenajes con toques de trascendencia aburrida, números musicales que provocaron el sueño (¿qué hacía allí Elton John? ¿quién le permitió a Carrie Underwood destrozar el Yesterday de The Beatles?) y discursos que siguen siendo convencionales e irrelevantes (salvo el de Julia Louis Dreyfuss, ganadora por Veep, o el breve de Merritt Wever que, al agarrar su Emmy como Mejor Actriz de Reparto en Comedia por Nurse Jackie se limitó a decir simplemente: “Muchas gracias. Me tengo que ir”), completaron una velada que nunca tuvo interés alguno en resultar memorable. Ni siquiera lo intentó.