Padre Landaverde abandona la lucha proinmigrante

El sacerdote salvadoreño José Landaverde abandona la lucha proinmigrante por problemas de salud y considera que la lucha en general ha fracasado.
Padre Landaverde abandona la lucha proinmigrante
Foto: EFE

Chicago.- El sacerdote salvadoreño José Landaverde, uno de los principales activistas proinmigrantes de Chicago, confirmó hoy a Efe que abandona la lucha por problemas de salud y por sentirse “fracasado e impotente” ante la falta de coordinación entre aquellos que luchan por la reforma migratoria.

“La lucha es mi pan de cada día, pero mi obispo me obliga a retirarme para cuidar de mi salud”, declaró Landaverde, quien a los 42 años de edad sufre de diabetes, úlceras, hipertensión e insomnio y ha perdido mucho peso.

“Voy a descansar un tiempo y tal vez realizaré algún trabajo que no sea tan estresante, pero es más fácil que me muera que dejar de apoyar a los más necesitados. Jamás abandonaré la lucha”, afirmó el sacerdote anglicano.

En un mensaje publicado en las redes sociales, Landaverde agradeció el apoyo de la comunidad e informó que a partir del próximo domingo será reemplazado el padre Alfredo García, de 45 años y oriundo de Nuevo México.

García viene de Dallas (Texas) donde ha trabajado con los indocumentados “y promete mantener el mismo nivel de lucha en Chicago”, señaló Landaverde.

En el mensaje se establece que la decisión de licenciar a Landaverde fue del obispo Alberto Morales, de la diócesis de Quincy. “Mi alejamiento es temporario, pero dependerá de mi salud”, escribió.

Al realizar hoy una autocrítica sobre su lucha, Landaverde consideró que el movimiento proinmigrante en general ha “fracasado”.

“Creamos diferencias entre nosotros. Nos apoyamos en la lucha por la reforma migratoria para proyectarnos personalmente, cada uno con su agenda”, expresó.

“Cada uno quiere combatir desde su propia trinchera, pero las cosas no funcionan así. Hemos sido incapaces de unificarnos, de trabajar coordinados y en armonía”, agregó, sin mencionar nombres.

En opinión de Landaverde las últimas marchas proinmigrantes “han sido un fracaso” porque solamente movilizaron centenares de personas. “Me siento impotente, cansado y sin la misma energía”.

A pesar de la promesa del presidente, Barack Obama, de impulsar la reforma migratoria tras cerrar la última crisis presupuestaria, Landaverde dijo ser pesimista.

“El Congreso no va a discutir la reforma porque tiene otras prioridades”, afirmó.

Landaverde era organizador comunitario y el alma de la misión Nuestra Señora de Guadalupe en el barrio mexicano La Villita de Chicago, donde cumplió seis años de trabajo.

Según manifestó a Efe, llegó a Estados Unidos hace más de 20 años y se ubicó en el barrio que concentra la mayor cantidad de inmigrantes mexicanos, en el suroeste de la ciudad, donde fue inaugurada en 2007 la misión que hoy atiende diariamente a unas 200 personas con servicios que van desde asesoría migratoria a clínica médica, consejería sobre violencia doméstica o reparto de alimentos.

Su protagonismo al frente de marchas, protestas y actos de desobediencia civil por los indocumentados ha sido muy notorio. A comienzos de este año estuvo a punto de ir a la cárcel por seis meses al haber interrumpido una audiencia en el Congreso en Washington.

También han sido notorias sus huelgas de hambre para que los hospitales de Chicago hagan trasplantes sin costo a indocumentados sin seguro médico, y las campañas de ayuda humanitaria para las víctimas de inundaciones en México y Centroamérica, y del terremoto de Haití.

Landaverde nació en una familia muy pobre y a los 9 años se fue de casa y perdió contacto con sus padres.

La guerra civil salvadoreña lo tuvo a los 17 años entre dos bandos, el del ejército y los guerrilleros del Frente de Liberación Nacional Farabundo Martí.

En 1989 llegó a San Salvador y se vinculó al Movimiento Popular Cristiano para trabajar en la organización de los campesinos pobres. Fue detenido y torturado por el Ejército, hasta que una gestión de grupos católicos le permitió abandonar El Salvador rumbo a Guatemala y México, desde donde llegó a los Estados Unidos como asilado político.

En Chicago, la Iglesia católica lo alojó primero con los hermanos capuchinos y luego con un grupo de monjas que lo ayudaron a completar su educación.

Trabajó en la Coalición de los Desamparados, organizó a los inmigrantes jornaleros y vendedores ambulantes y fundó la Unión Latina de Chicago. Sin embargo, fue en la Iglesia anglicana donde se ordenó sacerdote y tuvo la oportunidad de comenzar su ministerio en La Villita.