Pobre John Boehner

Pobre John Boehner
John Boehner envía mensajes contradictorios sobre la reforma migratoria.
Foto: EFE

Política

Pobre John Boehner, estoy seguro de que si los reyes magos se le aparecieran y le concedieran un deseo, optaría por desaparecer de su agenda legislativa el tema de la reforma migratoria.

O mucho mejor, elegiría desaparecer a los 11 millones de inmigrantes no autorizados que viven actualmente en el país.

El tema se le ha vuelto tan complicado que en la mañana nos dice que el cuerpo legislativo que encabeza tiene planeado tomar acción en este asunto, y a media tarde declara que no hay la menor posibilidad de que un proyecto de ley de reforma migratoria avance en la Cámara Baja.

Esta tan confundido que un día dice literalmente que la reforma migratoria está muerte, y una semana después la resucita cual a Lázaro regocijado.

Y aunque Boehner está lejos de ser Cristo, lo jalonean de un lado los republicanos moderados que ven con pánico que el reloj avanza y que sin una reforma migratoria sus posibilidades de recuperar la Casa Blanca en 2016, sin el aporte del voto hispano, está muy cerca de cero; y lo jalonean del otro lado los republicanos ultraconservadores del Tea Party, que lo amenazan con crucificarlo de ser necesario si da pie al avance de cualquier medida con un componente de legalización para los inmigrantes no autorizados.

En algo sí ha sido relativamente consistente Boehner, no hay posibilidad de que el proyecto de ley aprobado en el Senado sea sometido a votación en la Cámara Baja.

Pero tampoco parece haber ninguna posibilidad de que el proyecto de ley presentado por los demócratas y que cuenta con el apoyo de tres representantes republicanos sea revisado.

Mientras tanto, en Washington, un grupo de activistas pro reforma migratoria está llevando a efecto una huelga de hambre para presionar a la Cámara de Representantes para que tome alguna acción antes de que concluya el año legislativo.

Al mismo tiempo, otros activistas realizan plantones afuera de la casa de John Boehner y de las oficinas de los representantes republicanos que se oponen a la reforma migratoria.

Y si todo esto fuera poco, el presidente Obama le mete otro gol político a los republicanos en materia migratoria —y ya esto es goleada— al declarar que estaría dispuesto a firmar proyectos de ley individuales siempre y cuando en conjunto contemplen todos los elementos de una reforma integral.

Boehner y los republicanos se están quedando sin excusas y si no toman alguna medida en materia migratoria antes del mes de marzo de 2014, lo más probable es que no pase nada hasta el 2017.

Para los representantes republicanos que tienen sus curules relativamente aseguradas por deberse a constituyentes conservadores la apuesta es segura, pero para el partido en general podría ser el comienzo del fin.

¿Prevalecerán los intereses inmediatos de unos pocos, o se tomará una decisión basada en la supervivencia del partido a largo plazo?

En este punto, creo que nadie lo sabe con certeza.