ARRECIAN LAS PROTESTAS

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RÍO DE JANEIRO (EFE).— Cerca de dos mil personas volvieron a salir ayer a las calles de Río de Janeiro para protestar por el aumento del precio de los pasajes en autobús, en una concentración que generó varios enfrentamientos entre la policía y grupos de manifestantes.

La protesta que comenzó de forma pacífica en el centro de la ciudad, se intensificó cuando los manifestantes entraron en masa en la estación central de Río de Janeiro.

Bajo las consignas “FIFA paga mi billete”, “El Mundial no se va a hacer” y “Cuánto cuesta mi derecho de ir y venir”, algunos de los manifestantes arrancaron varios tornos de la estación e invitaron a los presentes a pasar los controles sin pagar boleto.

A pesar de que el tema central de las protestas era el incremento de los pasajes, algunos de los manifestantes se movilizaron en contra de la organización del Mundial de Fútbol Brasil 2014.

En el interior de la estación, la Policía Militar lanzó bombas de gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes, lo que provocó confusión y desconcierto entre las personas que no participaban en la protesta y que querían regresar a sus respectivos hogares.

Fuera de la estación se produjeron varios enfrentamientos entre las autoridades y algunos grupos de manifestantes.

Según medios locales, un periodista que realizaba la cobertura de la protesta fue herido.

También se produjeron varios actos vandálicos y fueron incendiados algunos neumáticos en medio de las calles.

El motivo principal de la concentración es el incremento, a partir del próximo sábado, de la tarifa de autobús en Río de Janeiro, que pasará de 2.75 reales (cerca de 1.13 dólares) a 3 reales (unos 1.24 dólares).

“Estamos aquí para protestar contra el aumento del precio. Se está llevando a cabo una política segregacionista. Se está retirando a las personas de donde viven para colocar infraestructura para el Mundial y los Juegos Olímpicos de 2016 que luego el pueblo no aprovecha”, afirmó la estudiante de filología, Luna Fuaná.

La protesta de ayer produce ocho meses después de que el aumento del precio del autobús desencadenara una ola de manifestaciones.