Basta de farsa en inmigración

Si alguien estuvo entusiasmado pensando que los principios republicanos sobre inmigración anunciados en la Cámara Baja ayudarían a una reforma, el presidente del recinto, John Boehner, ya se ocupó de reducir la esperanza culpando al presidente Obama de las dificultades.

La Casa Blanca y los legisladores demócratas han hecho en los últimos días todo lo posible para evitar cualquier crítica con el fin de ayudar al liderazgo de la bancada republicana a mover la reforma entre conservadores y simpatizantes del Tea Party.

Pero no fue suficiente, tanto Bohener, como el ex candidato republicano a la vicepresidencia, Paul Ryan, culparon al presidente Obama de no poder avanzar con la ley. Ambos congresistas no quieren reconocer que dentro de sus filas partidarias hay una oposición rabiosa a una medida que respaldan tanto la mayoría de los estadounidenses como el sector empresarial.

Se prefiere responsabilizar a Obama de la decisión de su bancada de utilizar lo que queda del año para machacar insistentemente con el “Obamacare” para sacar provecho en la elección de noviembre, en vez de invertir atención en los temas urgentes. Es una abierta decisión a favor de la demagogia.

Para eso han decidido convenientemente de antemano que el Presidente no es digno de confiar en su implementación de las leyes, especialmente las migratorias. Entonces para qué aprobarlas, dice este razonamiento.

Esta manera de pensar debe indignar a la comunidad inmigrante que lleva años sufriendo los millones de deportaciones bajo la Administración Obama. Parece una burla de pésimo gusto y representa una insensibilidad monumental por parte de la bancada republicana utilizar semejante excusa para no trabajar en una reforma de inmigración.

El recorrido de la mayoría de la Cámara Baja en cuanto a inmigración ha sido una farsa hasta el día de hoy. Un engaño que parece culminar de la manera que terminan los tramposos, culpando a otros para justificar sus propias decisiones.