Una justicia privilegiada

La justicia usualmente es más dura con el pobre que con el rico —ya por el solo hecho de que el segundo pueda pagar una mejor defensa que el primero— pero en Texas se ha visto que el tener dinero también sirve de excusa para cometer delitos serios y no pagar las consecuencias.

Es el caso de Ethan Couch, un joven de 16 años que el 15 de junio pasado, junto a unos amigos, primero robó alcohol de una tienda y luego conduciendo borracho mató a cuatro personas que estaban junto a autos estacionados. La condena de Couch, quien ya había tenido problemas de alcohol con las autoridades fue de 10 años de libertad condicional y la internación del joven en un programa de rehabilitación en Newport Beach, California, al costo de 450 mil dólares anuales que pagaran sus padres.

La jueza Jean Boyd aceptó el argumento de la defensa de que el ambiente de riqueza en que fue criado Couch y la mala educación recibida por sus padres causó la “afluenza”, el mal por el cual los jóvenes de familias adineradas no miden las consecuencias de sus actos y creen que por tener dinero pueden hacer lo que quieren.

El fallo de la jueza sin duda confirmó esa impresión. Lo condenó esta semana a estar con otros jóvenes como él, ricos y caprichosos, al costo de la fortuna de sus padres, en vez de los 20 años de prisión por matar cuatro personas.

¿Qué hubiera pasado si el joven era latino o afroamericano, tan confundido como Couch sobre el impacto de sus acciones y con educación mala por culpa de los padres? ¿El argumento de la “pobreza” les habría evitado la prisión?

No se sabe. Lo cierto es que no habría tenido la simpatía de un juez texano —que obtuvo Couch— en un estado cuyo sistema judicial se caracteriza por su dureza hacia los pobres y las minorías, en un sitio donde se ejecutan hasta a los retardados mentales.

El caso de Couch es aberrante y hasta extremo en su injusticia, pero es un ejemplo de la distorsión de valores y el doble parámetro que surge de una sociedad cada vez más dividida por la extrema brecha de riqueza. Una diferencia que permite que se llegue a una justicia distinta para el rico y para el pobre.