El maestro no tiene la culpa

El caso Vergara no representa los intereses de las comunidades de bajos recursos como la mía

Educación

Comencemos por dejar de identificar al caso Vergara v the State of California, como la demanda que protege “los derechos constitucionales de los estudiantes.” Lo que realmente pide esta demanda es totalmente ajeno a los derechos de los estudiantes.

Creo en el poder que da la educación, en la justicia social y los preceptos proclamados en la Constitución de los Estados Unidos. Como fiel seguidora del legado de Cesar Chávez también creo que “no puedes quitarle la educación a una persona que ha aprendido a leer.” Por esos motivos tengo la obligación de cuestionar los argumentos del caso Vergara.

Aunque el caso Vergara argumenta proteger el derecho de los estudiantes a tener “acceso equitativo a educación de calidad” la verdadera intención se encuentra oculta al pie de la demanda. Dicha demanda no representa los intereses de las comunidades de bajos recursos como la mía, sino los intereses de los ricos que usan nuestras historias para demonizar los derechos constitucionales de los maestros.

Como activista he visto a cientos de maestros participar y pelear hombro con hombro en nuestras comunidades en campañas en contra de los recortes a la educación. Ellos [los maestros], no son ajenos a nuestras vidas, viven entre nosotros, son nuestros vecinos, nuestros padres, hijos, sobrinos, tíos, hermanos. ¿Acaso tener una licencia para educar debería excluirte de disfrutar los derechos que tienen los ciudadanos de este país?

Se quiere culpar a los maestros del fracaso académico de nuestros hijos sin reconocer las prácticas discriminatorias usadas por el gobierno para distribuir recursos económicos y programas efectivos en nuestras escuelas.

Esta demanda ignora la responsabilidad que tienen los distritos escolares y el gobierno de mantener bien equipadas y financiadas nuestras escuelas, las bibliotecas públicas, los programas de salud y bienestar social y los programas de educación temprana que también están bajo ataque.¿ Por qué culpar a los maestros de la falta de materiales de instrucción, edificios en mal estado y docenas de deficiencias provocadas por la mala distribución de fondos?

¿Acaso el maestro es responsable del exceso de trabajo que impide a los padres ayudar a sus hijos con sus tareas?

¿Por qué culpar al maetro por las biblioteca cerradas, la ausencia de actividades recreativas en nuestras comunidades, la falta de consejeros, bibliotecarios, enfermeras y asistentes de maestros que no pueden pagar las escuelas de nuestras comunidades pobres?

Me siento cansada, frustrada y decepcionada de ver como las corporaciones y entidades lucrativas manipulan el auténtico deseo de un grupo “no representativo” de padres por mejorar nuestras escuelas.

Si no aprendemos de los errores del pasado, estamos condenados a repetir la misma historia de fracaso con nuestros hijos y eso lo que más preocupa. Como padres, tenemos la obligación de estudiar las propuestas con cara de “reforma educativa” que nos presentan y analizar con la ayuda de expertos en educación de donde nace el amor que claman tener por nuestros hijos.

Analicen quien está financiando dicha demanda y créanme, se sorprenderán en saber que son los ricos los que están buscando duplicar sus ganancias con nuestras historias.

Ya es tiempo de que apoyemos al que verdaderamente está educando a nuestros hijos, y ese no es precisamente el que disfruta de una alberca en su mansión en Silicón Valley.

Martha Sánchez es una madre inmigrante de tres estudiantes, del Sur de Los Ángeles,