Editorial: por una solución regional en Irak

La intervención militar de Washington no es el camino

La guerra en Irak es un conflicto religioso, en el cual Estados Unidos puede hacer muy poco. La naturaleza de la guerra en su nueva etapa y las lecciones recientes indican que la solución está entre los sunitas, shiitas y los gobiernos de la región con influencia, como Irán.

A Washington le queda de todas maneras una responsabilidad histórica de haber iniciado lo que amenaza ser la disolución de Irak. Primero, al derrocar la dictadura secular de Saddam Hussein y luego, al ser incapaz de proveer seguridad en la zona ocupada, lo que condujo a los primeros conflictos sectarios.

Por eso es irónico que ahora los responsables de iniciar irresponsablemente una guerra mal preparada – que por sus fracasos expandió el poder y el atractivo del extremismo islámico en la región y la muerte de mas de 4 mil soldados estadounidenses – critiquen hoy a la administración Obama por haber retirado las tropas estadounidenses de ese país. El delirio que llevó a los neoconservadores a pensar que la invasión de Irak iba a ser un “paseo” en el que iban a imponer un contagioso régimen democrático, les hace pensar que se debió dejar tropas en Irak en contra del deseo, tanto de los iraquíes como los mismos estadounidenses. Confunden las circunstancias de Alemania en 1945 y Corea del Sur en 1953 con la Irak de hoy.

El que los republicanos se embarquen en una campaña en la que acusan a Obama de “perder Irak” refleja desde una conveniente amnesia a una hipocresía electoralista.

El presidente Obama es quien no puede darse el lujo de sueños como los neoconservadores ni de tomar decisiones de política exterior basadas en las presiones domésticas. Sobre él recae el peso de lidiar con el primer ministro Nouri Al Maliki que, lejos de pacificar políticamente la nación, la radicalizó religiosamente aun más al perseguir al perseguir a los sunitas.

Estados Unidos puede bombardear posiciones de los insurgentes del Estado Islámico de Irak y el Levante y retrasar su avance que busca un estado religioso entre Irak y Siria. Sin embargo, esa no es la solución del conflicto.

La corriente religiosa extremista de los rebeldes dificultará las negociaciones. Pero el camino a una resolución está principalmente entre los países de la región que son los que viven los cimbronazos geopolíticos.