La hermandad de mujeres

La hermandad de mujeres
Elliot Rodger salió a asesinar a quien se le pusiera enfrente por su odio a las mujeres.
Foto: Archivo

Sociedad

Citando a lexicógrafos del diccionario Merriam-Webster, quienes notaron que las búsquedas de la palabra “misoginia”, en su diccionario en línea, se elevaron notablemente después de los asesinatos en masa de Isla Vista, California, el columnista del lenguaje del Wall Street Journal, Ben Zimmer, recientemente se preguntaba si no ha llegado el momento de redefinir la palabra “misógino”.

Después del ataque, señaló Zimmer, los comentaristas se apresuraron a analizar el uso y la naturaleza de la misoginia. Mientras algunos diccionarios consideran que la palabra significa “desagrado por” o “prejuicio contra” las mujeres, Merriam-Webster define “misoginia” como “odio contra las mujeres” y sus editores expresan que “odio” es un concepto “suficientemente amplio para abarcar todo, desde sentimientos de desagrado hasta prejuicios arraigados y hostilidad.”

No esperen que se llegue a un consenso sobre una definición que incluya todo. Los que han sido víctimas de alguna fechoría son totalmente leales a su versión preferida de victimización. Esto es menos una crítica que un reconocimiento de un mecanismo de defensa humano.

Como en el debate de las armas de fuego, nadie puede realmente encontrar la manera de encarar el problema de los que sufren de enfermedades mentales, ni de cómo reconocer el maltrato o el temor de toda una cultura por un género en particular. Por lo que nos vemos obligados a discutir nuestras preferencias de nomenclatura, a fin de procesar el caos que sentimos cuando se desintegra otro pedacito de la urdimbre social.

Han surgido otras ideas, sin embargo. Mi preferida —presentada por varios hombres de la clase de los comentaristas— es que todos los hombres deben comprometerse a ser feministas.

Ja.

Todo el que haya prestado atención sabe que, por lo menos últimamente, no sólo las mujeres no han podido concordar en cuanto a una definición de feminismo sino que ha habido una cierta cantidad de duras críticas —llevadas a cabo por las mismas mujeres— cuando algunas se han declarado abiertamente no-feministas.

Katy Perry, Taylor Swift, Lady Gaga, Kirsten Dunst y otras, se han distanciado de la actitud estereotípica de odio a los hombres y superioridad de género, que algunos interpretan como “feminismo”.

Más recientemente hubo una pelea cuando Shailene Woodley, heroína del film a estrenarse pronto The Fault in Our Stars, expresó a la revista Time que se niega a utilizar la “palabra f” porque “Amo a los hombres y pienso que la idea de ‘elevar a las mujeres al poder, sacar a los hombres del poder’ nunca funcionará porque es necesario un equilibrio.”

Hubiera sido útil que el resto de sus comentarios se hubieran discutido tan ampliamente. Woodley continuó: “No sé cómo nosotras como mujeres esperamos que los hombres nos respeten porque no parecemos ni siquiera respetarnos mutuamente. Hay tantos celos, tantas comparaciones y envidias. Y ‘Esta chica me hizo esto y ésa lo otro.’ Y es tan tonto y en cierta manera tan triste.”

Es triste, e intolerable, y toda otra serie de adjetivos que, aún en su conjunto, no podrían expresar la realidad cotidiana de mujeres que se tratan a sí mismas y a otras mujeres con una insoportable cantidad de falta de respeto y desprecio.

¿Cómo se odian las mujeres entre sí? Las diversas maneras son demasiado numerosas para catalogarlas, pero podemos incluir las omnipresentes revistas de mujeres y sitios Web que inculcan ideas falsas de perfección física, híper sexualidad y riqueza material mientras venden alcohol, cigarrillos y elixires de juventud.

Después están las sempiternas guerras culturales que enfrentan a mujeres que creen en el “derecho a la vida” contra las que creen en “el derecho de la mujer a decidir” o las que desean perseguir una carrera contra las que desean quedarse en casa con sus hijos, o amamantar contra alimentar con biberón, etc. etc. Cada una pinta a la otra como una persona incapaz de tomar sus propias decisiones.

Si las mujeres estuvieran seguras y fueran respetadas cuando todos los hombres se convirtieran en feministas, entonces la aceptación de las mujeres de su propia misoginia —ya fuera definida como prejuicio, odio, malicia o extremo sarcasmo— podría precipitar un estado similar.

Las mujeres quizás nunca podamos caminar por un callejón oscuro sintiéndonos totalmente tranquilas, pero no deberíamos tardar tanto en sentir que nuestra auto-estima está segura dentro de un grupo diverso de mujeres. Por el momento muchas mujeres libran una guerra mutua.

En 2013, una encuesta de Gallup halló que hay más probabilidades de que las mujeres expresen su preferencia de no ser supervisadas en su trabajo por otra mujer. Sin duda, aun cuando luchamos para ganarnos el respeto de los hombres, hay mucho trabajo que hacer para mejorar las relaciones en la hermandad de mujeres.