Hay que revalorizar el trabajo

Ya hay 13 estados de la Unión Americana y numerosas ciudades que ya lo hicieron. Ahora falta que sea a nivel el aumento del actual salario mínimo nacional de 7.25 dólares por hora.

El aumento del salario mínimo federal es una necesidad imperiosa en la actualidad, tanto para los trabajadores que ganan un salario que los condena a la pobreza como para la economía y el presupuesto federal.

La Oficina de Presupuesto del Congreso estimó hace uno meses que un incremento federal de 10.10 dólares por hora significaría una posible pérdida de medio millón de empleos, mientras que enriquecería el bolsillo de por lo menos de 10 millones de trabajadores.

O sea que aumenta el poder adquisitivo de un sector que no se guarda el dinero sino que lo gasta rápidamente en productos básicos para beneficio del comerciante y del movimiento de la economía nacional.

Al mismo tiempo, el mayor ingreso puede independizar al trabajador de la asistencia pública — por ejemplo, cupones de comida- al elevarlo por sobre el nivel de la pobreza. Eso significa una reducción en la necesidad de ciertos programas sociales. Sin lugar a duda, esta es una meta conservadora.

Sin embargo, todavía entre los más conservadores del Congreso prevalecen ideas de otra época, como que el salario mínimo es para adolescentes que inician su vida laboral, lo cual no es cierto.

También se escuchan en Washington predicciones apocalípticas sobre el impacto de un aumento salarial, como si el mercado fuera incapaz de adapatarse a las nuevas condiciones.

Finalmente, es momento de estimular la economía a través de la demanda. Nuestro país lleva décadas centrando su atención en la producción, restando la importancia a la demanda, desvalorizando el trabajo.

Esa es la receta que conduce a un estancamiento económico y el fin de la movilidad que ha caracterizado el “sueño americano” es que permite aspirar a la clase media trabajando duro y responsablemente.

El Día del Trabajo debe ser un llamado de atención para reforzar la economía a través de la revalorización del asalariado en vez de seguir premiando la especulación financiera.