Ayotzinapa y la sucesión presidencial

Todo parecía caminar con calma dentro de los manejos del PRI hacia la sucesión presidencial en 2018. Los actores políticos movían sus piezas como estaban acostumbrados a hacerlo. Algunos se daban el lujo de ser audaces. Osorio Chong, uno de los punteros, salió a la calle en mangas de camisa a dialogar con estudiantes, daba muestras de tolerancia, algo que no se le da al gobierno mexicano.

El procurador Murillo, otro de los punteros, desmiente los rumores de precaria salud y logra anotarse puntos por la detención de criminales, tiene en marcha la conversión de la procuraduría en fiscalía, con lo que se desharía de la pésima reputación de la institución, solamente se atora frente a los abusos criminales del ejército, pero esos son materia de atención presidencial.

Pero se apareció el crimen autorizado en Iguala. Ahí se demostró que la impunidad imperante en el país, hizo pensar a alguien que podía desaparecer 43 personas sin que pasara nada, finalmente en México no pasa nada ni cuando pasa.

La bola envenenada que lanzó Bejarano logró su cometido, descalificó a los dos hidalguenses, ambos sabían de los nexos del alcalde de Iguala con el narco y dejaron hacer, dejaron pasar. ¿Sabía el presidente?

El tercer puntero, Videgaray, ha articulado una política fiscal que ha pasmado a la economía y golpeado a sectores sensibles. Los estudiantes que fueron a Iguala pedían mejoría en su escuela. Junto con los politécnicos, reclaman a los tres punteros en la mesa de negociación.

Los políticos se quejan de que solamente se les reclaman los errores, olvidan que se les paga para que hagan aciertos, por eso, con frecuencia una falla descarrila ambiciones, y 43 desaparecidos no son una falla menor, es un crimen de lesa humanidad y no prescribe; es el detonante que descompuso los cálculos de los políticos.

Arranca un nuevo juego sucesorio, dañados los punteros, los miembros del gabinete lucharán con todo y pondrán a prueba la habilidad de Peña, quién esta débil y tiene un piso disparejo.

Hay hartazgo social, la economía en pésima condición, una sociedad cansada de malos políticos y del pésimo gobierno.

El próximo episodio será la designación de candidatos a diputados y gobernadores en el 2015, ahí se medirán las nuevas fuerzas; los grupos políticos necesitan posicionarse para la gran batalla en 2018 y Peña tiene que mostrar poder y controlar la política y al partido, de otra manera, se volverá pato cojo. Esto creara tensión en un país que esta al borde de la explosión.

Por lo pronto se anunció un paro nacional universitario, y con la torpeza del secretario de Educación hay que preocuparse