Instrucciones, que son muy pocas

Un año de leer críticas negativas de una película que le gusta a todos menos a los cinéfilos nos dejó un nuevo género todavía por determinar. Hablo de la película de Eugenio Dervez Instructions not included.

No es cine nostalgia, ni de exilio, que no hay. Quizás de la identidad perdida. A medias entre recordar y olvidar. Un poco de Alz y otro de Heimer.

Cuando se habla de la integración del latino en Estados Unidos no se menciona que hay otra integración pendiente; ésta, en nuestro vecino México. A buen entendedor pocas palabras bastan. Mientras tanto, la temática de la película invita a divagar. Su simplicidad sentimental contrasta conla complejidad de algunos de los personajes inventados por el humorista en el pasado.

Las chamacas morenitas ya no deben tenerle envidia a las rubitas. Las que se van de México, a fin de cuentas, son más de las primeras que de las segundas.Dervez es un sacatón, se lo dicen en la película. Los críticos se pierden en eufemismos extranjerizantes para definirlo: gigolo, playboy, latinlover… ¿Por qué no “vividor”, “picaflor”, seductor, “de a la que se deje”, de misionero sexual, de “bueno para nada… más que eso”, o cosas así? Pero nunca, y que no me lo mienten (de mentar): de Mauricio Garcés.

Todos sin papeles, todos en la caja (del camión de Bernal o de Lola) con la instrucción: pásese la frontera, o sáltese la barda. O las dos cosas. Todos solidarios, todos a bordo, todos al salto. Todos emigrantes.

Las relaciones internacionales de Valentín acaban en padre por un taxi. Le dejan el paquete repleto de niña de pecho, excusa que facilita un “me voy pal norte”.

De inglés imposible y de español obligado. Con hija traductora e intérprete. Doce años estudiando cómo son los mexicanos deja un éxito comercial holgado que toca el corazoncito del público, que no gana para pañuelos al final, y que permite a Pantalion Films hacer Cantinflas 2014. Dervez es “#Yo soy 132” en fotos, y el Lonje Moco, el Profe Tizo… que te gustaré; Julio Esteban, las 5 herencias, o más. La Real Epidemia de Armando Hoyos y sus definiciones. Cuanto te echamos de menos Nikito Nipongo (rey, pero ayudo a mi señor). Aquellas perlas japonesas del español peleón de México ya no se ven.

No hay que criticar a nadie para tener éxito. Entre Borat e Indiana Jones por qué no de bombero atómico. El 777. Pensamiento “dervezero”: “no me quiero quedar de mojado”. ¿Es crítica o recuerdo de Hugo Stiglitz, su bravo padre? Queda lejos de Artemio Salas von Fraunken. Su mudez y Bere Nice tentaban más a las neuronas que el largometraje. A todos gustaba Eloy Gamenó aunque ya ni se le oiga.

La lengua es lo que nos falta en Estados Unidos, y mucho. Nos falta Hans Pujenhaimer. A él invoco: “que alguien me explique”. ¿Por qué es tan difícil entender que nuestra lengua es tan necesaria en el patio de atrás de México, aquí? No hace falta perder nada de español, basta con ganar un poco (o un mucho) de inglés. No tenemos que ser malos aprendices de Sammy o Miguel Luis. Sammy está entre las instrucciones. Nos vulgariza el final de la película:no la muerte sino su ruin intrascendencia klinéxica.

Todos debemos consultar con el doctor Froid, pronunciado “Freud”, para entender qué pasa. Aarón Abasolo se ofrece de intermediario con su “pregúntame caon, pregúuuuntame”. Hablemos blanco o a colores