Así fue la desaparición masiva de Cocula en México

Relato de la hermana de una de las víctimas
Así fue la desaparición masiva de Cocula en México
Berenice N., y su novio desaparecidos por un comando armado el 1 de julio de 2013.
Foto: Suministrada

COCULA, México.- Fue a las 6:25 de la mañana del 1 de julio de 2013. Gabriela N. y la familia se levantaron temprano para preparar la barbacoa para la graduación de preparatoria de Bere, la hermana menor de 17 años, cuando vieron al convoy de 10 camionetas blancas tipo lobo con alrededor de 50 hombres encapuchados.

No era la primera vez que veían a estos hombres.

Los pobladores sabían desde 2012 que cada vez que los hombres entraban a este pueblo del norte de Guerrero desaparecían dos o tres jóvenes, a veces cinco. Por algunos pedían rescate –entre 30 mil y 150 mil pesos- y otros jamás regresaban más que en cuchicheos de que se les vio en sembradíos de amapola y marihuana. Obligados.

“Yo iba en la calle con mi prima, porque nos iba a ayudar con los preparativos de la fiesta, y nos escondimos atrás de una casa”, recuerda Gabriela como primera imagen de aquella “mañana maldita”, como la llama porque esa mañana los encapuchados se llevaron a Bere, su hermana.


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Gabriela y su prima regresaron corriendo a casa y desde ahí escucharon los balazos a lo lejos, explosiones en ráfagas intermitentes hasta las 07:15 de la mañana, cuando todo fue silencio.

– Ya pasó. Voy a ir a peinarme y maquillarme- dijo “la Princess”.

– Espera un poco o llévate el celular- replicó Gabriela.

– No, no me voy a tardar.

“Su regreso lleva un año y cinco meses. Ya fue demasiado”, cuenta la hermana sobre el mismo tiempo que le llevó romper su silencio. “Tenía miedo. Hay mucho miedo entre toda la gente porque si hablan, se pueden llevar a otros hijos, a los hermanos, esposos, pero ¡ya basta!”.

Los delincuentes arrasaron aquel día con 30 personas, más o menos, según el recuento extraoficial de las víctimas que hablaron. Sólo del barrio de Gabriela –en la cabecera de Cocula- fueron cuatro: tres adolescentes (uno de 13 años) y su hermana. Y, el resto, en los poblados Atlixtac, San Bartolo, Río San Juan y Vicente Guerrero, en el mismo municipio.

A “la Princess” la agarraron poco después de salir de casa rumbo a la peluquería en la moto de su novio. Los testigos escucharon los gritos de la muchacha, rogando para que no la subieran a la camioneta que los interceptó. La moto quedó tirada. No alcanzó a peinarse.

No llegó a su clausura. Ni a recoger su boleta. Tuvo que recogerla Gabriela.

“Me partió el corazón ver sus calificaciones: se llevaron a una chica de 9 y 10: estudiaba tarde y se levantaba temprano porque quería ir a la universidad a estudiar administración de empresas”, se lamenta.


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En lugar de la fiesta de graduación, la familia se volcó en pedir ayuda. No fueron con los municipales porque no les tenían confianza, sino con un grupo de militares que tenían un campamento temporal. “Tardaron 12 horas en llegar los refuerzos y nos decían que estábamos mintiendo, que ocultábamos información, que no era cierto”.

A Rosa le tiemblan las manos, pero no la voz que insiste en su dicho: “A mi hija de 14 años se la llevaron junto con 17 estudiantes de la Escuela Secundaria Técnica el 17 de julio de 2014 en la plaza principal de Cocula varios hombres con camionetas de la policía preventiva”, sostiene en entrevista con este diario.

La mujer ha envejecido en días. Tiene 45 años, pero parece de 70, vive en un lugar oculto cerca del municipio y mantiene a sus dos hijos junto con su esposo lavando a mano ropa ajena desde que huyeron de la cabecera municipal porque al padre le cortaron un dedo para que no hablara.

Pero el miedo la empujó más y por ello se animó a dar la primera entrevista al canal de televisión France24.

El alcalde negó los hechos y el jefe de la división de Gendarmería Nacional, Manelich Cravioto, declaró que no había indicios de que hubieran desaparecido estudiantes de la secundaria Justo Sierra, que se encuentra ubicada justo a un costado del Ayuntamiento, como declaró la madre y negó el director.

Rosa se defiende: nunca dijo que eran de esa escuela. “Los chamacos iban a una clausura y se reunieron en la plaza, yo salí al mercado, iba a comprar y vi que se bajaron varios encapuchados y los empezaron a jalar: unos apuntaban a la gente para que no se metieron y yo vi como se llevaron a mi hija y desde entonces no sé nada de ella”.

La madre asegura que éste fue un evento diferente a las desapariciones masivas de 2013 que ha reconocido el presidente municipal y el gobernador. “El año pasado yo ni siquiera vivía en Cocula, nos mudamos de Teloloapan porque allá la situación era muy difícil y mire lo que paso”.

– Eran 31 estudiantes.

– No, 17.

– ¿Qué hizo después de que se llevaron a su hija?

– Llegar a mi casa y echarme a llorar, ¿qué más? No denuncié porque tenía miedo: siempre he tenido miedo.

– ¿Los otros muchachos eran también estudiantes, amigos o compañeros de su hija?

– Sí, todos iban a la clausura. Los padres tienen miedo.