Y en otras noticias, en Guatemala el presidente inventa un color primario

Otto Pérez Molina lleva cumplido el 75% de su gestión sin impresionar. Hay mucho ruido y pocas nueces.
Y en otras noticias, en Guatemala el presidente inventa un color primario
Otto Pérez Molina.
Foto: EFE

¿Qué hizo el presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, para conmemorar el final de su tercer año de gobierno el pasado 14 de enero? En su discurso, “olvidó” mencionar una de las peores crisis hospitalarias en el país, y que ocurre durante su administración. De paso, inventó un color primario en un acto público en la misma semana, cuando entregaba mochilas color azul y naranja a niños de una escuela pública. Cuando los periodistas le preguntaron por qué el uso del color naranja (el color del oficial Partido Patriota), él dijo que la mochila era de “colores primarios”. ¿Se le dan puntos por creatividad?

Lleva cumplido el 75% de su gestión, y no impresiona a nadie.

Hace unos diez días, los hospitales públicos más grandes se quedaron sin comida para los enfermos. Hace un par de meses debieron cerrar los servicios de consulta externa porque se quedaron sin medicinas, y sólo podían atender emergencias. Hasta los enfermos de cáncer debían llevar sus propias gasas y medicamentos para sus cirugías.

El mandatario tampoco mencionó que Guatemala sigue entre el tercio de países percibidos como más corruptos, según el Índice de Percepción de Corrupción que Transparencia

Internacional (TI) publica todos los años. ¿Por qué? Porque la lucha contra la corrupción no es una política de Estado, que permea todas las capas de la administración pública.

Guatemala es el séptimo país más corrupto del continente, sólo superado por Venezuela, Haití, Honduras y Nicaragua, entre otros. Tenía 33 puntos en 2012, el primer año de gobierno. En el segundo, subió a 30 (en un puntaje en el que a menos puntos, menor corrupción), y en 2014, bajó a 32 puntos. Bravo.

No es por nada que el país tampoco destaca en seguridad ciudadana. Es cierto. Bajó la tasa de homicidios de 39 por cada 100 mil habitantes a 31. Pero en la calle se respira otra cosa. Por algo TI dice que a mayor percepción de corrupción, mayor inseguridad. La corrupción corroe la capacidad de un gobierno de funcionar bien.

Otra perla: según TI, a mayor percepción de corrupción, menor libertad de prensa. Los vejámenes sufridos por periodistas en las zonas rurales, y los abusos en las zonas urbanas, no despeinan a nadie. Lo último: el candidato presidencial del oficialismo para las elecciones presidenciales este año, el ex ministro de Comunicaciones Alejandro Sinibaldi, fue señalado de hacer cerrar la cuenta de Twitter de la periodista Jessica Gramajo porque ella reportó que la policía multó a Sinibaldi, por conducir su motocicleta sin el casco y chaleco numerado como manda la ley. Él negó que hizo cerrar la cuenta. Poco después, la cuenta apareció activa.

Está bien. Bajó en 1.7%, la desnutrición crónica infantil en niños menores de cinco años. Y hay más policías en las calles. Pero bajó la cobertura educativa en algunas áreas, y hay más homicidios por asaltos y extorsiones al transporte de pasajeros. Hubo 418 víctimas en 2014, más de uno por día. La más reciente fue asesinada el 14 de enero, cuando el presidente conmemoraba el fin de su tercer año de gobierno.

El 10 de enero, en una balacera en una abarrotería, murió un niño de siete años y una de diez años resultó con balazos en ambas piernas. El 12 de enero, un niño de 13 años murió baleado por oponerse a un asalto. Otro de 16 falleció en circunstancias aún no esclarecidas. Como ellos, las edades más prevalentes entre las víctimas mortales en el país no superan los 30 años. Tampoco es casualidad que es el rango de edad al que pertenece la mayoría de guatemaltecos que emigra o huye del país. Si la población que no emigra no tiene cubiertas sus necesidades de salud, educación y seguridad, ¿qué pueden esperar los migrantes deportados?

¿Por qué esperó el gobierno que estallara “la crisis de los niños migrantes” para intentar hacer algo? Van tres años de gobierno, y desde 2011 las cifras de menores de edad migrantes suben sostenidamente. Sólo entre octubre y diciembre, los guatemaltecos fueron mayoría entre los menores de edad centroamericanos que EEUU interceptó en su frontera sur.

Ahora, Pérez Molina habla de un “futuro” programa por medio del Banco Interamericano de Desarrollo para promover el desarrollo rural y desestimar la migración en los departamentos de donde salen más migrantes. Algo similar se escuchó del gobierno anterior, y nada. Si de algo pueden ufanarse los gobernantes es de ser cortoplacistas, miopes. Cada uno quiere empezar con mesa limpia. Cada uno quiere inventar la rueda.

Pero el Presidente saca pecho por “los logros de su administración”. Y está solo en la celebración (salvo, claro, por su familia, su gabinete, la vicepresidenta Roxana Baldetti).

Mientras tanto, Guatemala sigue doliendo (como México, Venezuela, Honduras). Y por eso no solo ya nos cansamos. ¡Estamos hartos! Y eso no hay ningún color primario nuevo que lo arregle.