HRW denuncia abusos de enfermos mentales en prisiones de EEUU

En su informe destaca que las cárceles son un lugar de muerte para muchos reos con problemas mentales
HRW denuncia abusos de enfermos mentales en prisiones de EEUU
Prisiones
Foto: Shutterstock / Archivo

Washington.- En vez de recibir el tratamiento que necesitan, muchos enfermos mentales en más de 5,100 cárceles en EEUU son víctimas de todo tipo de abusos, incluyendo descargas eléctricas, gas pimienta o restricción de movimiento, según denunció este martes un informe de “Human Rights Watch” (HRW).

No existe una base de datos nacional que precise el número de casos de abuso o que explique la dimensión del problema pero, según el informe de 127 páginas, la situación es alarmante.

Los prisioneros son golpeados, rociados con gas pimienta, o reciben descargas con pistolas eléctricas. Terminan con huesos rotos, laceraciones, puntos y, algunas veces, terminan muertos”, advirtió la autora del informe, Jamie Fellner, en un gráfico video de cinco minutos que acompaña el documento.

Estos prisioneros son sometidos a severos castigos “de forma innecesaria, excesiva y hasta con malicia”, según el documento que incluyó en la lista quemaduras, fuertes moretones y daños a órganos internos.

Para Fellner, principal asesora de HRW, resulta condenable que estos prisioneros, con condiciones como esquizofrenia o trastorno bipolar, sean víctimas de abusos físicos aún cuando, al no adaptarse a la vida en prisión, no entienden ni pueden obedecer plenamente las órdenes del personal.

Centenares de casos

El documento es fruto de una extensa revisión de centenares de caso y entrevistas con más de un centenar de funcionarios carcelarios y expertos.

En una prisión en California, el personal roció con gas pimienta a un prisionero por casi 40 veces y, por si eso no bastó, lanzaron cuatro granadas con el mismo gas en su celda.

El hombre, que deliraba y se hacía llamar “el Creador”, se había resistido a salir de la celda como se lo ordenaban.

En Colorado, el personal de la cárcel encontró casi inconsciente en el piso de su celda a Christopher López, un prisionero que padecía trastorno bipolar y esquizoafectivo pero, en vez de llevarlo a la clínica o buscarle ayuda médica, los guardias lo esposaron de pies y manos y lo encadenaron a una silla.

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López permaneció así durante un par de horas y luego fue trasladado a otro celda donde siguió esposado y sin apenas moverse. Solo y tirado en el piso, López falleció de hiponatremia, un trastorno de la sangre que pudo ser tratado con la debida atención médica.

En Michigan, Anthony McManus, un esquizofrénico que purgaba ocho años en prisión por “exhibición impúdica“, murió en 2005 poco después de cumplir los 38 años, víctima de abusos y privaciones.

Según documentos de un litigio contra el Departamento de Correcciones, McManus pesaba apenas 75 libras, en comparación con su peso normal de 140 libras cinco meses antes de su muerte. Nunca recibió la atención médica que necesitaba pese a que exhibía enormes problemas psiquiátricos.

Y en Florida, un prisionero diagnosticado con esquizofrenia fue castigado por los guardias de seguridad por defecar en el piso de su celda y negarse a limpiarla.

Los guardias presuntamente lo metieron en una ducha con agua hirviente, a sabiendas de que el prisionero no podía controla la temperatura y flujo del agua. El hombre murió después de permanecer una hora en la ducha.

Dimensión y origen del problema

Se calcula que uno de cada cinco prisoneros en EEUU padece alguna condición mental seria, incluyendo esquizofrenia, trastorno bipolar y depresión, mientras que hasta un cinco por ciento tiene episodios psicóticos activos en cualquier momento de su vida, según la Asociación de Psiquiatría de EEUU.

En algunos sistemas correccionales, la dimensión del problema puede oscilar entre el 20% y casi el 40%.

En la cárcel de Riker´s Island, en Nueva York, es del 40% de los prisioneros, mientras que en el condado de Dallas es del 20% y en California es del 23%, indicó el informe.

El problema tiene múltiples causas, que incluyen el cierre de hospitales psiquiátricos; recortes de fondos para programas estatales de salud mental; la falta de suficientes camas para tratamiento interno; falta de suficientes programas comunitarios y programas de distracción, y persecución de delitos menores, entre otros.

Debido precisamente a su desconexión con el mundo, es común que estos prisioneros desobedezcan las reglas y horarios de la prisión, o presenten problemas de comportamiento y agresión física.

La respuesta generalizada del personal, que carece de capacitación para lidiar con estos prisioneros, es recurrir al uso de la fuerza para controlarlos.

Por lo tanto, el informe de HRW recomienda reducir el número de prisioneros con discapacidades mentales en las prisiones, aumentar los recursos comunitarios para su tratamiento psiquiátrico e incrementar su acceso a programas de adaptación.

Ante todo, en vez de usar la violencia, el personal de las prisiones debe recibir capacitación que tome en cuenta las necesidades de estos prisioneros y contribuya a disminuir incidentes, pero también deben rendir cuentas cuando abusan de ellos.

El Instituto Nacional de Correcciones, la agencia federal que desembolsa fondos para programas carcelarios ha dicho en su página web que está elaborando un plan, en concierto con expertos de salud mental en las prisiones, para mejorar el cuidado de estos prisioneros.