Trump: las razones del odio

El precandidato presidencial republicano ha sabido aprovechar muy bien las percepciones negativas
Trump: las razones del odio
Foto: EFE

Gran parte del éxito que ha tenido Donald Trump en su afán por convertirse en el candidato del Partido Republicano a la presidencia del país se debe a que ha sabido explotar de maravilla el sentimiento antimexicano que subsiste en amplios sectores de Estados Unidos.

Pese a los fuertes lazos de carácter económico, social, cultural y político que unen a ambos países, en la práctica para muchos estadounidenses la relación con México es tensa, difícil. Más que como un país aliado o amigo, lo perciben como un vecino incómodo.

Las razones son profundas y variadas. La desigualdad económica entre los dos países es una de las más importantes porque es la que motiva a millones de mexicanos a inmigrar al norte, con o sin papeles.
Aunque cientos de estudios reconocen las aportaciones de los mexicanos y muchos estadounidenses los contratan porque hacen el trabajo bien y barato, se niegan a concederles derechos simplemente por su color de piel. Otros consideran, erróneamente, que la mayoría cruza la frontera sólo para aprovecharse de los beneficios que ofrece este país o creen, también sin razón, que le quitan el trabajo a los estadounidenses.

El problema de la violencia por el combate al narcotráfico en México ha contribuido, por otra parte, a exacerbar los estereotipos negativos contra los mexicanos, pese a que no hay un solo estudio que demuestre que la delincuencia ha aumentado en este país a causa de los inmigrantes.

Trump ha sabido aprovechar muy bien estas percepciones. La idea de que los indocumentados, especialmente los mexicanos, son indeseables, ha catapultado su campaña a niveles que probablemente ni él imaginó. Por ello lo más seguro es que insistirá en que la solución consiste en deportarlos en masa y construir un muro que pagará el gobierno de México.

La descabellada idea, por cierto, no es nueva. Durante la Gran Depresión, en la década de 1930, el gobierno estadounidense buscó un chivo expiatorio y lo encontró en los mexicanos. Alrededor de un millón de personas, muchas nacidas en Estados Unidos, fueron deportadas ilegalmente sin que nadie las defendiera en lo que constituye uno de los capítulos más sórdidos en la historia de las violaciones a los derechos humanos de este país.

Trump pretende ahora hacer lo mismo. Ataca nuevamente a los mexicanos porque piensa que son, como hace 85 años, un grupo vulnerable que muchos ven como una amenaza. Sin embargo, las cosas han cambiado. Ciertamente subsisten el racismo y la discriminación, pero lo que Trump pasa por alto es que ahora millones de mexicanos y latinos tienen voz y voto. Sólo resta esperar que se hagan escuchar en estas elecciones.