Cómo vivir sin agua en el Valle Central de California

Ante la sequía, muchos pueblos se han acostumbrado a vivir sin agua en esta zona rural del centro de California — ¿el resto del estado está listo?
Cómo vivir sin agua en el Valle Central de California
Jimmy Moreno revisando los recipientes donde almacena agua.
Foto: Eduardo Stanley / Especial para La Opinión

El calendario indica que el verano ya se fue, pero la temperatura sigue alta, el aire parece detenido y el sol brilla con una intensidad opaca, sucia.

Si sobre la tierra las cosas no están bien, bajo ella tampoco: el agua escasea y, cuando la hay, casi siempre está contaminada.

Bienvenidos al condado de Tulare, en el centro de California.

“Aquí se secaron cuatro pozos de agua”, dice Jimmy Moreno, quien administra un complejo de 15 casas al sur de la ciudad de Visalia. “Once casas no tienen agua; ¡cuesta unos 30,000 dólares perforar un pozo nuevo!”

Esta es la historia que se escucha a diario en esa zona: pozos de agua que se secan y el costo cada vez más elevado para perforar uno nuevo, buscando napas de agua subterránea más profundas.

Aparte del costo económico, las empresas de pozos están tan ocupadas que un usuario debe esperar meses para tener uno nuevo —si tiene el dinero. Y tantos son los pozos que se han perforado en los últimos años, que el piso de la región se está hundiendo lentamente. Obviamente, los cultivadores y las empresas agrícolas son quienes más perforan nuevos pozos, y cada vez más profundos, lo que está afectando muy seriamente las reservas subterráneas de agua.

Jimmy Moreno en su hoy seco jardín. Antes de quedarse sin agua plantaba vegetales y hierbas.
Jimmy Moreno en su hoy seco jardín. Antes de quedarse sin agua plantaba vegetales y hierbas. / Especial para La Opinión

Se usa hasta la ultima gota

“Hace un año que estamos sin agua”, dice Moreno con un tono de resignación. “Nos bañamos en la tina y luego usamos el agua para las plantas”.

Se refiere a las pocas plantas que quedan en su casa. Su jardín es un campo seco y desnudo. “Siempre tuvimos vegetales y hierbas… Como tomates, chiles,” explica Moreno. “En verano no teníamos necesidad de comprar nada, pero ahora ya no podemos plantar nada, todo está seco”.

Moreno dice que trata de no deprimirse.

Periódicamente, el condado distribuye agua a los vecinos necesitados. Normalmente esta agua es almacenada en un tanque grande y se usa para el baño. Para cocinar, tanto agencias oficiales como organizaciones entregan agua embotellada. Sin embargo, los vecinos necesitan comprar más agua potable de acuerdo a sus necesidades.

Esta situación es producto básicamente de la falta de lluvia y nieve, lo que ha reducido la cantidad de agua disponible en las reservas. Entonces, los usuarios, especialmente agricultores —los que más usan agua—, perforan nuevos pozos. Cuando estos se secan, perforan otros más profundamente.

Tanque principal de almacenamiento de agua en la casa de Moreno y que se usa para el baño.
Tanque principal de almacenamiento de agua en la casa de Moreno y que se usa para el baño. / Especial para La Opinión

En el Valle Central de California, solo las ciudades grandes disponen de agua corriente. Las comunidades más pequeñas dependen de pozos de agua.

Los residentes que padecen falta de agua, a quienes se les pide ahorrar y ahorrar, sufren otros daños adicionales, como la pérdida de valor de sus propiedades. ¿Quién compraría una casa sin agua?

“Cambia tu visión, la perspectiva y valor de las cosas, incluso de la vida”, reflexiona Moreno, de 57 años, padre de 10 hijos —aunque comenta que la mitad de estos en realidad son de su segunda esposa. “El agua significa mucho pero no la valoramos cuando la tenemos”.

La esperanza para Moreno y sus vecinos es conectarse con el sistema de distribución de agua de la ciudad de Visalia. Este caserío está apenas a 100 yardas de una de las pipas de distribución y, aparentemente, el ayuntamiento ya aprobó la idea. Pero se necesita el dinero para las obras y, con la ayuda de algunas organizaciones como Self Help Enterprises, esperan conseguir fondos del estado.

“Si todo va bien, ¡en seis meses tendremos otra vez agua!”, expresa Moreno con entusiasmo. “Entonces volveré a tener mi jardín!”

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