Editorial: El extremismo antidemocrático

La prohibición a los musulmanes es una aberración que viola la libertad religiosa
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Editorial: El extremismo antidemocrático
Foto: EFE

El último exabrupto del precandidato presidencial republicano Donald Trump de prohibir temporalmente el ingreso de musulmanes a Estados Unidos es un insulto a la historia de nuestro país, que desde los primeros peregrinos hasta el día de hoy está basada en la libertad religiosa.

Esta es una propuesta descalificadora para cualquier aspirante a la Casa Blanca. Habrá que ver si es la que finalmente hace meollo en la popularidad del millonario. Sin embargo, es muy posible que le gane puntos entre los más extremistas que lo siguen porque “dice lo que siente”. Una frase que lo ha blindado contra toda crítica entre sus seguidores.

Trump tiene la capacidad de llevar hasta las últimas consecuencias -y al absurdo- las ideas que ya rondaban en la base republicana. Un ejemplo de ello es su postura en inmigración. Lo mismo ocurre ahora sobre el tema del terrorismo islámico.

Antes del ataque en San Bernardino y de la propuesta de Trump, el Congreso de mayoría republicana propuso obstaculizar el ingreso de refugiados sirios, después alguien dijo dejar entrar solo a los sirios cristianos y en el Senado hay una propuesta para prohibir el ingreso de refugiados provenientes de zonas de guerra por tres años. Estas ideas de legisladores y aspirantes presidenciales fueron acompañadas de una retórica odiosa a la cual Trump lleva hasta un extremo intolerable.

Intolerable, excepto para el senador Ted Cruz que no comparte la idea de Trump sobre los musulmanes, pero no le incomoda mucho. Ayer aseguró a un medio conservador que el millonario será parte de su equipo, si llega a la Casa Blanca, para ocuparse del comercio y la inmigración. Por su parte, el senador Marco Rubio dijo el domingo que no hay evidencia de discriminación contra los musulmanes y calificó tibiamente la insensata propuesta de Trump como “ofensiva y exagerada”. El senador Lindsey Graham estuvo a la altura del comentario al mandarlo “al infierno” a Trump y su propuesta. Una idea de este tipo merece una respuesta indignante, pero tanto Cruz como Rubio no quieren ofender a los extremistas que siguen a Trump.

La candidatura de Trump toma cada vez más un tono fascista, creando una intolerancia autoritaria que no tiene cabida en un democracia abierta. Los responsables son el candidato y quienes sembraron el terreno, construyendo la pendiente resbaladiza que permite a Trump ir al extremismo antidemocrático.