La receta comercial de Trump abriría a EEUU a posibles demandas

Expertos conservadores califican como un "disparate" las ideas comerciales de Trump
La receta comercial de Trump abriría a EEUU a posibles demandas
Foto: Justin Sullivan / Getty Images

WASHINGTON.- Arropado en un mensaje de populismo económico, Donald Trump promete que, si gana, países como México o China ya no podrán “timar” a EEUU, pero sus propuestas invitarían demandas por violar acuerdos internacionales, según expertos.

Trump, en pugna por la nominación presidencial republicana frente a otros cinco precandidatos, ha sacado punta al descontento popular con el “establecimiento político”, salpicando sus discursos con un toque nacionalista y en cada foro público, como el lunes pasado, arremete contra una política comercial que, a su juicio, ha hecho que Estados Unidos esté “perdiendo en todo el mundo” frente a empresas extranjeras.

Los males de la política comercial, según Trump

Cuando no está insultando a sus rivales o a los periodistas, Trump destaca el déficit comercial de EEUU y se ensaña con países como México, China y Japón, a los que acusa de “robar empleos” a los estadounidenses.

Durante un acto electoral en Charleston (Carolina del Sur), Trump dijo el lunes pasado que las empresas extranjeras están “timando” a EEUU.

“China nos está timando como nunca se ha visto. Vietnam es otro, y México es un desastre; México es la nueva China, están llevándose tantos negocios”, argumentó Trump, quien omitió decir que en 2014, el estado obtuvo beneficios económicos directos por $22,000 millones por comerciar con China, Canadá y México.

¿Un nuevo proteccionismo?

Aunque vacías de detalles, sus propuestas en materia comercial, de corte proteccionista, se reducen a una drástica alteración de los acuerdos comerciales en vigor y la aplicación de tarifas por un 45% a las importaciones de China.

También promete que será “el presidente creador de empleos”, que restringirá la entrada de inmigrantes con altas destrezas laborales, y que promoverá el avance social de los auténticos “DREAMers” estadounidenses, no los que vinieron de forma ilegal con sus padres a EEUU.

Son todas propuestas que calan entre los votantes blancos de la clase trabajadora, y entre aquellos que han quedado rezagados en la recuperación económica.

Es que, según la óptica de Trump, de nada sirve que el libre comercio y la globalización permitan que los estadounidenses puedan conseguir productos baratos hechos en China o en México si, al final, esos mismos consumidores terminan perdiendo empleo y riqueza.

Analistas conservadores responden

Pero, en declaraciones a este diario, Daniel Ikenson, analista del conservador Instituto Cato, calificó a Trump como un “demagogo que ha tocado una vena proteccionista, aislacionista y xenófoba” que sale a la superficie con las elecciones presidenciales cada cuatro años.

“No tiene idea sobre política comercial y las ideas que suelta más que articula contra China o México serían desastrosas, especialmente para los mismos estadounidenses que pretende representar”, advirtió Ikenson, director del Centro Herbert A. Stiefel para Estudios de Política Comercial del Cato.

Ikenson criticó la idea simplista de Trump de que “las exportaciones son buenas y las importaciones son malas, y la balanza comercial es el marcador de referencia”.

“Como EEUU tiene un alto déficit comercial, él cree que EEUU está perdiendo en ese terreno porque otros han negociado mejor, y eso es una tontería” y poner restricciones comerciales termina perjudicando a este país, señaló.

Por otra parte, recordó que EEUU no puede incumplir sus obligaciones dentro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), del que es parte junto a México y Canadá, “sin que eso tenga graves consecuencias” en la región, advirtió Ikenson.

Otro analista conservador, Mark J.  Perry, del Instituto para la Empresa Estadounidense (“American Enterprise Institute”), cree que Trump “lo tiene todo al revés” y reprobaría un curso de economía internacional, porque los productos que EEUU compra de China, Japón o México, como televisores, automóviles o alimentos, responden a una demanda interna.

EEUU es el que se favorece con el comercio con China y México, y Trump tendría que entender una fórmula comercial básica: el estándar de vida aumenta conforme suben las importaciones y se reducen las exportaciones, dijo Perry en un blog.

En el terreno comercial, los bandos están claramente marcados: el empresariado apoya la apertura de nuevos mercados, y grupos como la mayor federación sindical, AFL-CIO, apoyan medidas para un “comercio justo” que beneficie a los trabajadores.

En todo caso, es el Congreso el que puede autorizar un aumento o reducción de las tarifas comerciales, y las probabilidades de que, como sugiere Trump, se vaya a renegociar el TLCAN, en marcha desde 1994, son prácticamente nulas.

Además, China es miembro de la Organización Mundial de Comercio (WTO, en inglés) y, como tal, puede presentar quejas contra EEUU por violaciones a los reglamentos internacionales.

En busca de nuevos mercados, el gobierno de EEUU ha promovido el acuerdo para la “Alianza Transpacífico” (TPP, en inglés), un nuevo pacto comercial con los países de la cuenca del Pacífico, y otro con la Unión Europea.

Según los expertos, los votantes merecen propuestas que, como el corcho, saquen a flote a las clase media y trabajadora.