El Chapo y Kate Del Castillo, según EEUU

Abc2020 dijo que El Chapo Guzmán introdujo toneladas de droga a EEUU, pero omitió que contribuyó la corrupción en AMBOS lados de la frontera México-EE.UU. Del Castillo quedó en medio de un fuego cruzado
El Chapo y Kate Del Castillo, según EEUU
El encuentro de Kate del Castillo con Joaquín "El Chapo" Guzmán sigue dando mucho de qué hablar.
Foto: Agencia Reforma

El 18 de marzo pasado, en la entrevista en Abc2020, pensé que escucharía a Kate Del Castillo: (1) explicar por qué se reunió con el narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán, y (2) cómo el actor Sean Penn acudió a la reunión con la agenda oculta de entrevistar a Guzmán para la revista Rolling Stone.

Pero descubrí algo más: las preguntas y el tono de Diane Sawyer revelaron la perspectiva unidireccional de algunos (¿muchos?) estadounidenses respecto a México y el narcotráfico; que anglosajones y latinoamericanos seguimos “Lost in translation” (Perdidos en la traducción, como en la película de Sofía Coppola), y que los medios estadounidenses tampoco resisten el morbo por los intrígulis de los narcotraficantes.

Sawyer destacó que El Chapo presumió de introducir toneladas de droga a EE.UU., y sólo los miopes creen que su encierro reducirá el narcotráfico. Pocos hablan de las autoridades corruptas en AMBOS lados de la frontera. La periodista no mencionó que en 2014 las autoridades estadounidenses anunciaron que investigaban, por vínculos con el narcotráfico y crimen organizado, a DOS MIL agentes u oficiales de EE.UU. (de distintas agencias) asignados a la frontera. Pero muchos medios de prensa inflan el status de El Chapo, en parte, porque EE.UU. sostiene que es el enemigo público número uno de EE.UU. después de Osama Bin Laden. El Chapo es sólo la cabeza más visible del Cartel de Sinaloa. No es la única cabeza. El narcotráfico no se reducirá con su extradición a EE.UU. igual que el terrorismo no se acabó cuando EE.UU. ejecutó a Bin Laden.

Pero Sawyer parecía querer entender por qué Del Castillo se expuso tanto para reunirse con El Chapo. Muchas entrevistas ocurren por querer saber qué lleva a un ser humano a conductas espeluznantes, para mostrar que la naturaleza en la mayoría de individuos no es blanca o negra, sino es una gama de grises. Sawyer entrevistó a la madre de uno de los asesinos de la masacre en Columbine, en Colorado (que dejó 13 muertos y al menos 20 heridos en 1999), para entender por qué su hijo protagonizó semejante crimen. Salió al aire una semana antes de la entrevista con Del Castillo. Claro, la madre del joven no era prófuga como lo era El Chapo cuando habló con la actriz, pero el objetivo era el mismo: mostrar los grises. No obstante, en algunas preguntas de Sawyer a Del Castillo se asomó algo más que curiosidad.

La actriz reveló que El Chapo, pese a ser quien es, expresaba amor por su madre y sus hijos. “Hay amor en alguna parte en su interior”, dijo. Le sorprendió ese viso de humanidad. Pero Sawyer brincó a conclusiones. “¿Sientes lástima por él?”, le preguntó, como esperando una confesión de simpatía. Una estupefacta Del Castillo respondió un “no” seco.

Sawyer  también le preguntó a si iba a “glamorizar” en la película los asesinatos atribuidos a El Chapo—una pregunta idiota. Del Castillo, todavía estupefacta, repitió que no. También relató que trepidantemente le dijo a El Chapo que quería reconocer a las víctimas de la violencia del narcotráfico en el filme. El Chapo le respondió, “Hazlo”.

Del Castillo no previó en qué circunstancias se encontraría con El Chapo, ni cómo reaccionaría. No sé si Sawyer alguna vez se halló vulnerable ante un narcotraficante, sólo con la esperanza que él respetara su integridad física. No puedo imaginar qué fue para Del Castillo asustarse cuando El Chapo (un sujeto con antecedentes de violador) dispuso acompañarla hasta su habitación, y tratar de decidir—en segundos—qué hacer… sólo para sorprenderse cuando él le agradeció por darle “uno de los días más felices de su vida” y se marchó.

No solo los periodistas tienen curiosidad por las historias oscuras. Por eso estos temas son tan populares, pero pocas personas (periodistas, actores, productores, investigadores) se arriesgan a averiguarlas. Lo hizo Julio Scherer, fundador de la revista Proceso, cuando lo citó Ismael “El Mayo” Zambada (segundo jefe del Cartel de Sinaloa) porque “tenía muchas ganas de conocerlo”. Para entonces, este periodista (fallecido en 2015) decía: “Si el diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos”. Pocos se acuerdan que Scherer batalló por su libertad de expresión y el derecho a publicar la entrevista en 2010.

Del Castillo se sorprendió cuando se enteró—en la reunión con Penn y El Chapo—que Penn escribiría una entrevista para Rolling Stone. Se sorprendió más cuando leyó en la revista que el actor narró que, mientras se desplazaban en vehículo hacia la reunión con El Chapo, una patrulla del Ejército los detuvo y los dejó seguir al ver que conducía el vehículo un hijo del narcotraficante. Según la actriz, eso nunca ocurrió, pero publicarlo humilló a las autoridades mexicanas, que no se desquitaron con Penn sino con ella. Filtraron los supuestos mensajes de texto vía “chat” que intercambió con El Chapo, y revelaron que “encontraron” los DVD de la Reina del Sur en un escondite del capo. Vale asumir que poco antes la primera dama mexicana y ex actriz, Angélica Rivera, no quedó feliz cuando Del Castillo dijo que jamás habría podido comprar propiedades como las que Rivera dijo que compró con su sueldo de actriz.

El intelectual mexicano Jorge Castañeda dijo a ABC-TV que las autoridades mexicanas “podían filtrar lo que quisieran para usar” a Del Castillo para sus fines. Quieren entrevistarla. Desde EE.UU., ella se rehusa a volver a México. Quizá las enfadó también cuando en 2012 tuiteó que El Chapo era más franco en sus acciones delictivas que el gobierno, que fingía hacer el bien, pero era corrupto.

La traducción, y descontextualización de los tuits de @abc2020 tuvo opacidades. Por ejemplo, tuiteó que Del Castillo dijo, “Esta es la primera vez que estoy ante las cámaras …diciendo la verdad”. Debió clarificar que Del Castillo se refería a la televisión de EE.UU., no a la TV en general, y que no quiso decir que esa era la primera vez que decía la verdad. También tuiteó que Del Castillo pidió disculpas por reunirse con El Chapo. Omitió que ella no se disculpó por la reunión en sí, sino porque su divulgación generó acoso a su familia, y llevó a los operativos de las autoridades mexicanas para encontrar a El Chapo, en los que murió gente inocente. “Eso es mi responsabilidad”, dijo, “y tendré que vivir con eso”.

Cuanto diga o haga ya no cambiará las opiniones de quienes la condenan por comunicarse con El Chapo, lo que dijo a Sawyer, o los tuits fuera de contexto. Lo explicó Umberto Eco: una vez suelto el mensaje, emisor y mensaje están a merced de la interpretación de los receptores—sea correcta o no. Precisa recordar que las percepciones son engañosas, y que, como los titulares o tuits escandalosos, no siempre atajan la verdad.