Este mexicano hace fácil el arte de la tortilla casera

Carlos Ruiz, cofundador de Flatev en Suiza, ha creado una máquina para hacer pan plano casero de la misma manera que el café con cápsulas
Este mexicano hace fácil el arte de la tortilla casera
Carlos Ruiz, cofundador y presidente de Flatev, en Brooklyn./Mariela Lombard. El Diario NY.
Foto: Mariela Lombard / El Diario

Dice Carlos Ruiz que cuando se está lejos de casa echa de menos dos cosas: la familia y la comida, en su caso, los tacos. Un problema para el que ha pensado una solución tan rápida como hacerse un café.

Literalmente.

Este mexicano, que creció en Guadalajara (Jalisco), dejó su casa a los 19 años con una ruta distinta a la que toman muchos de sus compatriotas cuando salen del país. Ruiz se fue a estudiar inglés a Toronto (Canadá) y luego, con la mochila en la espalda, viajó dos años por Europa.

Y allí se estableció. Aprendió alemán en un año y se quedó estudiando en Zurich (Suiza) a los 21 años. La Universidad allí era barata, unos ($800 el semestre) pero vivir no. Es un país caro. Durante los dos primeros años, estudiando ciencias políticas y economía, sus padres le ayudaron pero tuvo que trabajar en un banco (Credit Suisse) en una consultoría, como camarero “lo que pude”, mientras vivía en una residencia de estudiantes.

Un día invitó a unos amigos a cenar comida mexicana y preguntó a su madre cómo hacía las tortillas. “Me dio los ingredientes pero nunca me dijo qué tipo de harina de maíz o cómo de caliente tiene que estar el agua y cómo amasarlo. Era difícil y fue un desastre”.

Los tacos se le rompían, no tenían consistencia, estaban aguados y entendió por qué cada vez más gente las compraba ya hechas aunque a él no le gustaran así.
Un día, haciendo café en una Nespresso “me llegó la visión de poner una cápsula, dar al botón y que saliera una tortilla en vez del café”. “De maíz azul, con chile…con sabores”.

Es algo que le puso en marcha. Ya había leído libros de emprendimiento y venía de una familia en la que su padre siempre había trabajado por su cuenta. Con la idea en la cabeza y sabiendo que no podía contarla sin un acuerdo de confidencialidad fue a la oficina de patentes para ver si había algo en el mundo similar. El resultado fue negativo y le aconsejaron que fuera a ver a un abogado de patentes.

“Conseguí un abogado gratuito por medio de un curso en Zurich porque hay muchos programas para emprendedores y me metí en muchos. Nos daban mentores y expertos gratuitos”, explica. El abogado me recomendó solicitar la patente. Con ella buscó socios e ingenieros para su idea, Flatev (Flat bread evolution).

Era 2010, Ruiz tenía 27 años y buscó ingenieros en la misma casa de estudiantes donde vivía. Un alemán, Jonas Mueller, que había fundado un club de robótica fue uno de los cofundadores. “Jonas tuvo un grave acccidente de bicicleta y siguió trabajando desde el hospital”, recuerda con admiración. “Las personas hacen la diferencia, cuando no trabajan cuando tienen tiempo libre sino siempre, cuando dan el extra esfuerzo de ir los fines de semana”.

El otro socio fundador Louis Frachon, era un amigo, y ya tenía otras empresas y una gran red profesional. “Él era un emprendedor, fui a pedirle consejo y se unió”.

Ruiz empezó a  participar en competiciones de emprendedores en Suiza, en una entendió que que su mejor mercado sería EEUU, y terminó ganando 100,000 francos suizos. Incorporaron la empresa con un capital de 23,000 francos. Ruiz recuerda que fue complicado porque tuvieron que decidir quíen ponía dinero, tiempo y cómo se valoraba cada cosa para repartir el capital. De las muchas personas que mostraron interés quedaron los tres, Ruiz, Mueller y Frachon.

Para entonces ya tenían una máquina “concepto de prueba” y con los premios empezó a ser conocido. Amigos y familiares empezaron a poner dinero hasta que tuvieron unos $600,000. Una de las personas que ganó el mismo concurso que él le puso en contacto con una persona de Nespresso en Inglaterra “lo que dió credibilidad a la empresa”.

La máquina conceptual de Flatev./Mariela Lombard.
La máquina conceptual de Flatev./Mariela Lombard.

“Estamos asociados con Eugster Frismag,  la empersa que está detrás de las primeras máquinas de Nesspreso entre otros electrodomésticos, y están ayudando con el prototipo a producto porque el que tenemos es muy caro ($1,500). El diseñador es Bould que es quien dió forma al termostato de Nest, entre otras cosas”.

Flatev acaba de terminar una campaña en Kickstarter en la que ha recaudado $136,000 y prevendido 600 máquinas a un precio muy por debajo del costo que va a tener. “Hicimos esa campaña para validar el producto”. La empresa ya ha conseguido por otras vías (inversores ángeles, sobre todo) unos cinco millones de dólares.
Ahora Flatev emplea a 15 personas entre la sede en Suiza y la subsidiaria en EEUU, donde dirigirán su producto a cocineros, foodies, personas interesadas e productos frescos, orgánicos, naturales. Ya han hecho demostraciones en California y esperan tener la máquina lista para la venta en agosto de 2017 a $399.

“Es un precio piloto, es como el iPhone 1, empezamos con un precio y seguimos evolucionando”.

En cinco años Ruiz quiere verse al frente de una multinacional de flat bread. Hay muchas culturas con este tipo de pan. No solo la tortilla, sino el roti de India… y galletas. Planes no le faltan.

¿Qué he aprendido?

  • Cómo crear valor de la nada. Tener un producto, recursos y personas. Cómo convencer a alguien con mas experiencia y educación para unirse a ti en una aventura casi imposible
  • A tener confianza en mi mismo. He trabajado con gente con mucha experiencia pero he aprendido y ahora ya se que puedo hablar con personas con más recorrido que yo. Puedo convertirme en un líder.
  • La curva de aprendizaje es muy grande pero he aprendido a confiar en mis institos y en mis socios en los que quieres como inversionistas o no. Las personas hacen la diferencia.