Primera familia latina obtiene la nueva licencia para carritos ambulantes en Chicago

Comerciantes quieren cumplir con la ley, pero dicen que los costos y algunos requisitos que exige la nueva ordenanza impiden que se legalicen y hace que sean pocos los que logran obtener las licencias
Primera familia latina obtiene la nueva licencia para carritos ambulantes en Chicago
Abraham Celio y su esposa María Méndez afuera de su pequeño restaurante Yolis Tamales en Gage Park.

La nueva ordenanza que legaliza a vendedores ambulantes cumplirá un año de su aprobación este próximo 24 de septiembre, pero muy pocos comerciantes han logrado obtener la licencia.

Hasta la fecha, son cuatro los comerciantes que en Chicago tienen la licencia para vender comida preparada en carritos ambulantes, indicó Mika Stambaugh, portavoz del Departamento de Asuntos Comerciales y Protección al Consumidor (BACP).

Pero se estima que hay 1,500 vendedores ambulantes en Chicago -en su mayoría latinos- que venden en sus carritos, elotes, ensalada de frutas, tamales, aguas frescas y champurrado, entre otros antojitos, según la Asociación de Vendedores Ambulantes (AVA) del barrio de La Villita.

La ordenanza que regula la venta de comida preparada en carritos ambulantes entró en vigor el 13 de noviembre de 2015.

Este trabajador de Yolis Tamales dice que aún en el verano se vende bastante champurrado.
Este trabajador de Yolis Tamales dice que aún en el verano se vende bastante champurrado.

Construyen sus carritos

Los esposos Abraham Celio y María Méndez son los primeros comerciantes latinos en conseguir la nueva licencia para vender comida preparada en carritos ambulantes.

Sus dos carritos ya cuentan con sus licencias para la venta de tamales y champurrado. También han abierto un pequeño restaurante mexicano que vende tamales oaxaqueños y los fines de semana preparan mole y menudo. El establecimiento está ubicado en el barrio de Gage Park.

Abraham Celio dijo a La Raza que la segunda y tercera licencias que emitió la Ciudad fueron para los dos carritos de su restaurante Yolis Tamales, el pasado 22 de junio. Mika Stambaugh, portavoz de BACP, lo confirmó y agregó que la primera la obtuvo ‘Palacinke Crepes’, carrito de crepas propiedad de una inmigrante serbia.

Celio cuenta que desde el inicio del proceso hasta conseguir las licencias le tomó cinco meses. Entre los dos carritos y el pequeño restaurante calcula que la inversión ha sido de $20,000. Y en lo que va del año ha contratado a tres personas. “Se tiene que ampliar la visión, tener en mente que se está creando un negocio y operar como un pequeño empresario”, dijo.

Méndez, Celio y familia tienen planeado construir dos carritos más y solicitar las licencias para vender sus productos en las calles. “Nosotros construimos nuestros propios carritos de acero inoxidable, compramos el material y hasta pusimos nuestras propias dimensiones. Se invirtieron alrededor de 1,000 dólares cada uno”, detalló Celio.

“Este es un negocio de familia, trabajan con nosotros los padres de mi esposa que son residentes de La Villita, estamos contentos por este logro y porque somos los primeros en tener las licencias para vender tamales y champurrados en nuestros carritos ambulantes”, destacó Abraham Celio, quien también es director de programación de Universidad Popular.

Abraham Celio sostiene una copia del certificado de licencia emitida por el Ayuntamiento de Chicago, en junio pasado.
Abraham Celio sostiene una copia del certificado de licencia emitida por el Ayuntamiento de Chicago, en junio pasado.

“Feliz de tener de tener mi propio negocio”

María participó en un curso de entrenamiento para negocios propios y fue así como fue ampliando su conocimiento para consolidar el plan con su familia. “Cuando supimos de esta nueva ordenanza estábamos preocupados como cualquier vendedor ambulante. Empezamos a averiguar sobre los requisitos, qué necesitábamos para sacar las licencias, cuánto costaba el preparar los tamales en las cocinas comerciales compartidas y nos pareció caro, no fue fácil, pero con la ayuda de mi esposo y mis padres y el uso de nuestros ahorros pudimos tener el negocio”, comentó Méndez.

“Este es un proceso muy largo que nos llevó meses, al final abrimos nuestro pequeño restaurante, un mes después empezamos el proceso de los carritos, hay que tener el dinero para hacerlo, es algo duro”, expresó la veracruzana.

Méndez dice que todavía no se puede hablar de las ganancias que deja el negocio de Yolis Tamales porque “no hace mucho tiempo que abrimos el restaurante y tenemos los dos carritos”.

“Estoy feliz de tener de tener mi propio negocio, pero a la vez me pongo en el mismo lugar del vendedor, porque pasé por todo esto, alguno que otro va a poder sacar la licencia pero otros no… Hay vendedores ambulantes que van día con día en las ventas y realmente hacer lo que la ley pide para seguir vendiendo es algo difícil”, opinó Méndez.

Ollas de los tamales y del champurrado del carrito ambulante de Yolis Tamales, ubicado en Gage Park.
Ollas de los tamales y del champurrado del carrito ambulante de Yolis Tamales, ubicado en Gage Park.

¿Es muy difícil sacar la licencia?

Hay requisitos y regulaciones que cumplir, por ejemplo con la nueva ordenanza el vendedor ambulante no deberá preparar la comida en el carrito ni cortarla o aderezarla allí. Tendrá que cocinar y empaquetar sus productos en cocinas comerciales –antes de que su carrito salga a la calle- con licencia aprobada por el Departamento de Salud Pública de Chicago.

Para Virginia Lugo, vicepresidenta de la Asociación de Vendedores Ambulantes (AVA) de La Villita, es muy difícil poder sacar esta licencia: “hay muchos requisitos que la Ciudad pide, se necesita invertir alrededor de $1,000 para obtenerla y más que nada el trabajar en una cocina comercial certificada”.

El vendedor ambulante tendrá que pagar $350 cada dos años para obtener la nueva licencia. “La comida debe provenir de una cocina [comercial] con licencia. Si el vendedor quiere proveer la comida hay varias opciones de licencias y costos variables”, indicó Stambaugh mediante una declaración a La Raza.

Lugo destacó que aparte de los $350 del pago de la licencia también hay que sumarle “el contar con una licencia de operador de cocina comercial cuyo costo es de $330 por dos años. Un certificado de sanidad que costaría $200. Se necesita también tener un seguro para poder usar las cocinas comerciales y los precios pueden ser de $100 por mes. Entonces es mucho lo que se tiene que pagar como individuo”.

La portavoz destacó que están permitidos el uso de carritos de madera pero que estos deben ser de un material no absorbente, fácil de limpiar y durable. Y dijo que aunque no es requisito que los carritos sean ‘stainless steel’ (acero inoxidable) estos también pueden utilizarse.

Los carritos tendrán que moverse al menos una vez cada dos horas, entre otros requerimientos.

El carrito de Sandra Carrillo y José Vásquez, vendedores ambulantes del barrio de La Villita.
El carrito de Sandra Carrillo y José Vásquez, vendedores ambulantes del barrio de La Villita.

Quieren que sea accesible

Comerciantes quieren cumplir con la ley, pero dicen que los costos y algunos requisitos que exige la nueva ordenanza impiden que se legalicen y que sean solo pocos los que logren obtener las licencias para vender comida preparada en los carritos ambulantes.

Elizabeth Kregor, directora de la Clínica de Emprendedores del Instituto por la Justicia en la Universidad de Chicago, dijo entre otras cosas que hasta el momento pocos vendedores ambulantes han conseguido la licencia debido al costo en las tarifas para obtenerla y por la dificultad en disponer de una cocina compartida asequible.

Según Lugo la ordenanza en sí no es favorable para todos los vendedores ambulantes porque, por ejemplo, “hay ciertas partes en la ley que nosotros planeamos cambiar, para poder elaborar ciertos productos en los carritos porque no se puede preparar previamente un raspado o un elote donde son varios los ingredientes que se necesitan echar como la mayonesa, el queso y el chile y hay personas que no comen ciertos productos”.

Por su parte, el concejal Roberto Maldonado (D-26), patrocinador de la ordenanza, dijo: “Apoyaré cualquier cambio en la ordenanza que dé a vendedores ambulantes de comida la oportunidad de lograr el éxito de la pequeña empresa”. Y remató diciendo: “Doy la bienvenida a los propietarios de estos pequeños negocios en mi Distrito 26, no se va a restringir sus actividades como se ve en otros distritos”.

Así lo dijo

Los esposos Sandra Carrillo y José Vásquez, vendedores ambulantes de La Villita, opinan que la ordenanza municipal aprobada en septiembre pasado no es asequible para todos los comerciantes. “Lo pusieron un poco difícil para que la gente vaya y saque la licencia. Queremos que la ordenanza sea más inclusiva porque ahora no lo es”, dijeron.